Durante años, la música popular estuvo rodeada de prejuicios que limitaban su alcance a ciertos espacios y públicos específicos. Sin embargo, el género ha vivido una transformación evidente en la última década. Para el periodista musical, locutor y presentador Roberto Blanco, este cambio demuestra cómo el género logró conectar con nuevas generaciones y romper estigmas que durante años acompañaron a este sonido en Colombia.
Pasó de sonar únicamente en cantinas y reuniones familiares a convertirse en uno de los movimientos musicales con mayor impacto entre jóvenes y adultos en Colombia. Ese cambio cultural hoy encuentra un nuevo escenario con Popular al Parque.
El festival nace en un momento en el que el género atraviesa una expansión sin precedentes. Artistas como Pipe Bueno, Jessi Uribe, Paola Jara, Luis Alfonso y Yeison Jiménez ayudaron a construir una nueva narrativa alrededor de este sonido, conectándolo con generaciones más jóvenes y llevando sus canciones a plataformas digitales, grandes escenarios y festivales multitudinarios.
Uno de los nombres fundamentales dentro de esa evolución fue Yeison Jiménez, quien impulsó la idea de reconocer este sonido como música regional colombiana. Su impacto no solo estuvo en las cifras o en la popularidad de sus canciones, sino en la manera en que ayudó a dignificar un género que por años fue subestimado.
Un escenario para nuevas generaciones
Popular al Parque también aparece como una plataforma importante para artistas emergentes que buscan llegar a nuevas audiencias. Tener la posibilidad de presentarse frente a miles de personas en un evento gratuito representa una oportunidad clave para músicos que durante años encontraron pocas vitrinas dedicadas exclusivamente a este género.
Además de impulsar talentos nacionales, el festival podría consolidarse como un punto de encuentro para artistas internacionales del regional mexicano, un movimiento que comparte afinidades musicales y culturales con el sonido colombiano.
La capacidad de convocatoria del género en Bogotá y el crecimiento de este tipo de eventos convierten a la capital en un escenario atractivo para futuras ediciones con invitados de otros países.
Popular al Parque se disfruta EN VIVO por Canal Capital, este 6 y 7 de junio a través de YouTube, en www.canalcapital.tv y en Claro 116, ETB 256, DIRECTV 143, Movistar 160 y 113, TDT y Tigo 105.
Bogotá se prepara para vivir una nueva edición de Popular al Parque, el festival gratuito que reúne algunas de las voces más representativas de la música popular, regional y de despecho en el país. Durante el 6 y 7 de junio, el Parque Metropolitano Simón Bolívar será escenario de dos jornadas cargadas de conciertos, encuentros culturales y artistas que conectan distintas generaciones alrededor de este género musical.
Además de convocar a miles de asistentes en la capital, el evento también podrá disfrutarse EN VIVO por Canal Capital, que transmitirá el festival para quienes quieran seguir cada presentación desde cualquier lugar.
Artistas de Popular al Parque 2026
La programación del festival estará dividida en artistas internacionales, nacionales y distritales, con propuestas que van desde los sonidos tradicionales hasta nuevas apuestas de la música popular contemporánea.
Popular al Parque se ha consolidado como uno de los espacios culturales más importantes para los seguidores de la música popular en Bogotá. El festival no solo reúne artistas reconocidos del género, sino que también abre un espacio para agrupaciones distritales y nuevos talentos que encuentran en este escenario una oportunidad para conectar con el público capitalino.
Recuerde que podrán disfrutar de Popular al Parque EN VIVO por Canal Capital a través de YouTube, www.canalcapital.tvy en las señales Claro 116, ETB 256, DIRECTV 143, Movistar 164 y 113 TDT, y Tigo 105.
La Copa Mundial de la FIFA 2026 se proyecta como uno de los eventos de mayor influencia económica para Bogotá en los próximos años. Más allá de su dimensión deportiva, las estimaciones oficiales anticipan un aumento significativo en el consumo de los hogares y la actividad comercial en distintos sectores de la ciudad.
Según la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico (SDDE), el torneo podría dejar un impacto cercano a $1,6 billones en el PIB bogotano durante el segundo y tercer trimestre de 2026. Este impulso estaría asociado principalmente al movimiento económico que generan los partidos y al incremento del gasto de los hogares.
El comercio se perfila como el principal beneficiado. Las proyecciones indican que las ventas en Bogotá aumentarían alrededor de $377 mil millones durante el Mundial, con mayor dinamismo en productos como televisores, equipos de sonido, alimentos y bebidas, que suelen concentrar el consumo en jornadas futboleras.
Señales previas y transformación del consumo
Los indicadores recientes ya muestran una tendencia al alza. De acuerdo con el DANE, durante las eliminatorias de septiembre de 2025, las ventas de televisores y equipos de sonido crecieron 22 % anual, superando ampliamente el promedio del comercio minorista en estas categorías, que fue de 8,4 %. Para marzo de 2026, este segmento ya registraba un crecimiento del 36,6 % anual.
Las proyecciones también apuntan a un aumento del consumo en días de partido de la Selección Colombia, con incrementos estimados entre 30 % y 50 % en la venta de televisores, alimentos y bebidas, según Fenalco. A esto se suma el impacto en plataformas digitales y movilidad, donde en eventos como la Copa América se evidenciaron aumentos del 500 % en búsquedas de camisetas y del 45 % en la demanda de transporte por aplicaciones.
En el caso del partido de despedida de la Selección en el estadio El Campín, se estima que cada persona podría gastar en promedio $116.357 durante la jornada, ya sea en bares, restaurantes, centros comerciales o reuniones familiares. En conjunto, estas cifras confirman que el Mundial no solo movilizará el entretenimiento, sino también una amplia cadena de sectores económicos en Bogotá, con efectos transversales en consumo, servicios y comercio.
La elección presidencial de 2026 perfila un nuevo capítulo en la historia política reciente de Colombia. Tras una jornada electoral desarrollada con normalidad en la mayor parte del territorio nacional, los primeros resultados del preconteo comenzaron a consolidar un escenario que ya había sido anticipado por varias encuestas: una segunda vuelta entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
A medida que avanzó el reporte de mesas informadas, ambos candidatos se mantuvieron en los primeros lugares de la votación, marcando una diferencia significativa frente al resto de aspirantes.
Aunque los porcentajes variaron durante el conteo preliminar, la tendencia general mostró una competencia cerrada entre las dos campañas, mientras los demás contendores quedaron rezagados en la disputa. Puedes leer: EN VIVO: elecciones presidenciales 31 de mayo
La posibilidad de una segunda vuelta responde al sistema electoral colombiano, que establece que un candidato debe obtener más de la mitad de los votos válidos para ser elegido presidente en primera vuelta.
En caso de que ningún aspirante alcance ese umbral, los dos más votados deberán enfrentarse nuevamente en las urnas para definir quién ocupará la Presidencia durante el periodo 2026-2030.
El escenario que comenzó a dibujarse durante el preconteo enfrenta dos proyectos políticos distintos. Por un lado, Iván Cepeda llegó a la contienda respaldado por sectores progresistas y por la coalición que ha defendido la continuidad de varias de las reformas impulsadas en los últimos años.
Por el otro, Abelardo de la Espriella construyó una candidatura centrada en temas de seguridad, autoridad y cambios en el manejo de la política económica y social del país.
Paloma Valencia anuncia su respaldo a Abelardo de la Espriella
Con el paso de la elección a una segunda vuelta, comenzaron a conocerse las primeras definiciones de respaldo por parte de los candidatos que no lograron avanzar en la contienda. En ese contexto, Paloma Valencia anunció su apoyo a Abelardo de la Espriella para la jornada electoral que definirá quién ocupará la Presidencia de la República durante los próximos cuatro años.
El anuncio se produjo pocos minutos después de que se confirmara el paso de los candidatos a la segunda vuelta. La adhesión representa uno de los primeros pronunciamientos políticos tras la jornada electoral y marca el comienzo de una etapa en la que las campañas buscarán sumar nuevos apoyos de cara a la definición de la Presidencia.
Con la segunda vuelta programada para el próximo 21 de junio, las campañas de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda entran ahora en una nueva fase enfocada en la búsqueda de respaldos y alianzas políticas. En ese contexto, el apoyo anunciado por Paloma Valencia se convierte en uno de los primeros pronunciamientos relevantes conocidos tras los resultados de la primera vuelta y anticipa el inicio de una etapa marcada por la consolidación de apoyos de cara a la elección definitiva.
La jornada electoral convocó a más de 41 millones de ciudadanos habilitados para votar dentro y fuera del país. Desde el cierre de las urnas, la atención se concentró en los boletines emitidos por las autoridades electorales, encargadas de consolidar los resultados oficiales.
Una jornada marcada por la alta participación
De acuerdo con cifras de la Registraduría Nacional del Estado Civil, un total de 23.696.664 ciudadanos participaron en la primera vuelta presidencial de 2026, lo que equivale al 57,20 % del censo electoral. El dato convierte esta jornada en la de mayor participación registrada en una elección presidencial en Colombia y refleja una disminución de la abstención frente a procesos electorales anteriores, en una contienda que despertó un amplio interés entre los votantes.
Ahora, con los resultados consolidados el país entrará en una nueva fase de campaña en la que ambos candidatos buscarán ampliar sus apoyos y conquistar el voto de los ciudadanos que respaldaron otras opciones políticas durante la primera vuelta.
En un momento en el que buena parte del consumo cultural ocurre desde la velocidad de las pantallas y la inmediatez digital, la Universidad Nacional de Colombia apuesta por detener el tiempo y volver a la escucha.
Lo hace a través de Presencias, sonidos y ecos, un programa artístico y curatorial que entiende la música no solo como un lenguaje estético, sino también como una herramienta de memoria, transformación y reparación colectiva.
La iniciativa, liderada por María Belén Sáez de Ibarra, directora de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional y directora artística del proyecto, recoge más de dos décadas de investigación, creación y trabajo con comunidades, artistas y autoridades espirituales en distintos territorios del país. El resultado es una programación que desborda los límites tradicionales de la música académica y propone una experiencia profundamente política, espiritual y sensorial.
Más que un ciclo de conciertos, Presencias, sonidos y ecos se plantea como una experiencia de tránsito colectivo. Un espacio donde la memoria histórica dialoga con la música contemporánea, las tradiciones populares, los rituales y las búsquedas artísticas del presente.
Foto: Nicolás Romero
Una programación construida desde la memoria y la transformación
El origen del programa está atravesado por una pregunta constante sobre la memoria y la manera en que las sociedades elaboran el dolor, la violencia y la posibilidad de reconstruirse.
Sáez de Ibarra explica que el proyecto nace de “20 años de trabajo alrededor de la memoria”, aprendiendo de artistas, comunidades y autoridades espirituales, especialmente en territorios de selva y en contextos donde la memoria no se entiende únicamente desde los archivos o los discursos institucionales, sino desde la experiencia viva.
La propuesta también conecta memorias locales con referentes universales. Hiroshima, por ejemplo, aparece como uno de los hitos que dialogan con el programa, entendiendo la reparación simbólica como una necesidad humana que atraviesa geografías y generaciones.
Presencias, sonidos y ecos plantea que el arte puede convertirse en un acto de cuidado colectivo. En palabras de la directora artística, “la reparación simbólica es parte del amor que le podemos ofrecer a las víctimas”. Sin embargo, la programación no se queda únicamente en la conmemoración del dolor. También propone un recorrido hacia la alegría, la resistencia espiritual y la posibilidad de reconstrucción desde la experiencia artística.
A lo largo de la curaduría, la música aparece como una forma de transformación interior. Las obras seleccionadas dialogan con rituales de vida y muerte, celebraciones, espiritualidades y procesos de resistencia cultural. Todo esto desde una perspectiva que rechaza las identidades fijas y cerradas.
“Nosotros somos anti identitarios porque somos hijos de la escuela post-espinosiana”, afirma Sáez de Ibarra en uno de los momentos más contundentes de su reflexión sobre el programa. La directora sostiene que las culturas y las memorias están en permanente transformación y que el arte debe permitir precisamente esa movilidad: el contagio, el viaje, el sincretismo y la posibilidad de convertirse en otra cosa.
Esa idea atraviesa toda la construcción curatorial del proyecto. La programación no busca encerrar las músicas en categorías rígidas entre lo académico y lo popular, ni entre lo ancestral y lo contemporáneo. Por el contrario, propone una convivencia entre distintos lenguajes sonoros y distintas formas de entender la creación.
Las mujeres como eje de la curaduría musical
Uno de los aspectos más significativos de Presencias, sonidos y ecos es la centralidad de las compositoras mujeres dentro de la programación. La selección de obras y referentes artísticos se construye desde creadoras que han trabajado temas relacionados con la memoria, las espiritualidades, las tradiciones populares y las tensiones sociales contemporáneas.
Foto: Nicolás Romero
Entre las compositoras que atraviesan la curaduría aparecen nombres como Tania León, Gabriela Ortiz, Sofia Gubaidulina y Carolina Noguera Palau. Sus obras funcionan como puntos de referencia para pensar las relaciones entre música sinfónica, ritualidad, memoria colectiva y creación contemporánea.
En el caso de Gabriela Ortiz, por ejemplo, la directora destaca la manera en que la compositora integra el arte popular, las espiritualidades y los lenguajes sinfónicos tradicionales, vinculándolos con temas sociales y políticos. La programación encuentra allí una manera de comprender la música contemporánea no como un espacio distante o elitista, sino como una herramienta conectada con la experiencia humana y las realidades colectivas.
La apuesta también implica una toma de posición frente a la historia de los grandes escenarios musicales. Sáez de Ibarra señala que el proyecto marca un cambio importante dentro del Auditorio León de Greiff, espacio emblemático de la Universidad Nacional y uno de los escenarios más importantes de la música académica en el país.
“Estamos tocando por primera vez en el León de Greiff después de 50 años de la Filarmónica tocada solo hombres”, afirma la directora. Más que una cifra simbólica, la frase resume una intención curatorial que busca cuestionar las jerarquías históricas de la programación musical y abrir espacio a otras voces dentro del repertorio contemporáneo.
La presencia mayoritaria de compositoras no es casual. Hace parte de una búsqueda consciente por reconocer a las mujeres como guías dentro de los procesos de memoria y reparación. “Las mujeres son las que nos tienen que enseñar a ser memoria”, sostiene Sáez de Ibarra.
Música contemporánea para pensar el presente
Otro de los rasgos distintivos del programa es su apuesta decidida por la creación contemporánea. Más del 60 % de las obras programadas corresponden a composiciones del siglo XXI y muchas de ellas fueron creadas durante la última década. Además, una parte importante del repertorio ha sido comisionada especialmente para el proyecto.
Esa decisión responde a una idea clara: la memoria no puede construirse únicamente desde el pasado. También necesita dialogar con el presente y con las preguntas de la actualidad.
Para la directora artística, el tiempo contemporáneo es el lugar donde ocurre la conciencia política y la transformación colectiva. Por eso el programa se concentra en músicas de hoy, en compositores vivos y en obras capaces de dialogar con las tensiones del presente.
El arte como espacio de encuentro colectivo
La construcción de esta propuesta ha implicado años de investigación y experimentación desde distintos espacios culturales de la Universidad Nacional, entre ellos el museo de arte, el Claustro de San Agustín y el propio Auditorio León de Greiff. Según Sáez de Ibarra, el proyecto recoge aprendizajes acumulados durante dos décadas de trabajo transdisciplinar alrededor del arte y la memoria.
El reto, sin embargo, no ha sido únicamente artístico. También ha significado articular instituciones, gestionar recursos y construir consensos dentro del sector musical colombiano. Uno de los desafíos más importantes, explica la directora, ha sido integrar a la Orquesta Filarmónica de Bogotá dentro de esta visión artística y de memoria colectiva.
Aun así, la apuesta del programa se mantiene ambiciosa. “Jamás por debajo de las expectativas de un sueño para Colombia y para el mundo”, afirma Sáez de Ibarra al referirse al alcance que esperan construir desde este proyecto.
En medio de un ecosistema cultural marcado por la rapidez y el consumo fragmentado, Presencias, sonidos y ecos propone volver al encuentro presencial y a la escucha compartida. Para sus creadores, la música sigue teniendo la capacidad de reunir cuerpos, construir comunidad y producir experiencias colectivas de transformación.
“La música en estos lugares es donde la comunidad se construye”, dice la directora al referirse al papel del espacio público y de los escenarios culturales. En esa idea se resume gran parte de la esencia del programa: entender la escucha como un acto colectivo y la música como una forma de volver a mirarse, recordarse y reconstruirse juntos.
La memoria también se canta, se baila y se celebra. Este sábado 30 de mayo, Bogotá vivirá una nueva conmemoración de la afrocolombianidad con un encuentro cultural en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán que reunirá música, danza y expresiones artísticas afrodescendientes en torno a los 175 años de la abolición de la esclavitud en Colombia.
Bajo el lema ‘Seguimos Construyendo Igualdad‘, la jornada busca reconocer la huella histórica, social y cultural que las comunidades negras y afrocolombianas han dejado en el país. Más que una fecha simbólica, el evento propone un espacio para encontrarse con las raíces, la resistencia y las historias que siguen vivas en la cultura popular y en las calles de la ciudad.
Sonidos del Pacífico, salsa y resistencia afro
Uno de los momentos centrales será la presentación de Soy Pacífico, agrupación de danza que llevará al escenario Viaje por las aguas del Pacífico, una puesta en escena donde la marimba, el cununo y el bombo acompañan relatos inspirados en la vida y la espiritualidad del litoral pacífico colombiano. Currulaos, abozaos y contradanzas harán parte de un recorrido que mezcla música, teatro y tradición.
La programación también incluirá a Los del Templo, colectivo nacido en Soacha que ha construido un sonido propio mezclando salsa urbana con hip hop, reguetón y ritmos del Pacífico.
A ellos se suma el artista cubano Robe L. Ninho, radicado en Cali, cuya propuesta musical une rap y sonidos caribeños con mensajes sobre identidad, orgullo afro y memoria ancestral.
La salsa tendrá su espacio con El Clan del Solar, orquesta bogotana que retoma la fuerza de la salsa clásica con una apuesta contemporánea. La agrupación, reconocida por su participación en Salsa al Parque, llegará con un repertorio inspirado en la esencia salsera de los años 70 y 80, pero conectada con nuevas generaciones.
La conmemoración comenzará a las 5:00 p.m., con apertura de puertas desde las 4:00 p.m. y entrada gratuita mediante entrega de manillas el mismo día. La jornada será conducida por Edna Liliana Valencia y espera reunir a ciudadanos, artistas y comunidades alrededor de una celebración que pone en el centro la memoria afrocolombiana y su aporte permanente a la identidad cultural del país.
Cada Copa del Mundo deja partidos inolvidables, figuras eternas y estadísticas que terminan convirtiéndose en leyenda. A medida que el fútbol comienza a vivir la cuenta regresiva hacia un nuevo Mundial, muchos récords históricos continúan vigentes y siguen siendo tema obligado entre hinchas, periodistas y amantes del balón.
Las marcas que construyeron leyendas mundialistas
Hablar de récords en los Mundiales es hablar de futbolistas que lograron ir más allá de su época. Uno de ellos es Miroslav Klose, quien todavía conserva el récord de máximo goleador en la historia de las Copas del Mundo con 16 anotaciones, conseguidas entre 2002 y 2014. Su capacidad para aparecer en los momentos decisivos lo convirtió en uno de los delanteros más efectivos que ha tenido el torneo.
Otro nombre que quedó grabado para siempre es el de Cristiano Ronaldo. El portugués logró algo que ningún otro futbolista había conseguido: marcar en cinco Mundiales consecutivos. Lo hizo en Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022, manteniendo su presencia goleadora durante más de 16 años en la máxima cita del fútbol mundial.
Pero si existe una figura asociada a la palabra “precocidad”, ese es Pelé. El brasileño levantó la Copa del Mundo en Suecia 1958 cuando apenas tenía 17 años, convirtiéndose en el campeón más joven de la historia.
En ese mismo torneo también pasó a los libros tras marcar en la final frente a Suecia, siendo el jugador más joven en anotar en un partido definitivo por el título.
A nivel colectivo, Brasil sigue mirando al resto desde lo más alto. La selección brasileña continúa siendo la más ganadora en la historia de los Mundiales con cinco títulos, una marca construida a través de generaciones repletas de estrellas y fútbol ofensivo.
Otro récord que todavía permanece intacto ocurrió en la final de Inglaterra 1966.Geoff Hurst sigue siendo el único jugador que ha marcado tres goles en una final mundialista, una actuación histórica que ayudó a Inglaterra a conquistar su primera Copa del Mundo.
Goles relámpago, goleadas históricas y personajes inolvidables
Los Mundiales también dejaron episodios tan sorprendentes que parecen imposibles de repetir.
Uno de ellos ocurrió en Corea y Japón 2002, cuando Hakan Şükür necesitó apenas 11 segundos para marcar frente a Corea del Sur. Ese tanto continúa siendo el gol más rápido en toda la historia de las Copas del Mundo.
En España 1982 también se registró la mayor goleada que se ha visto en el torneo. Hungría derrotó 10-1 a El Salvador en un partido que todavía se mantiene como el marcador más amplio en la historia mundialista.
Ese mismo campeonato entregó otra escena histórica para el fútbol: la primera tanda de penales en un Mundial. Alemania Federal venció a Francia desde los doce pasos luego de un inolvidable empate 3-3, en un partido recordado por su dramatismo y tensión hasta el último minuto.
Récords que desafían el paso del tiempo
Desde los banquillos también surgieron marcas especiales. Otto Rehhagel dirigió a Grecia en Sudáfrica 2010 con 71 años y se convirtió en el entrenador más veterano en participar en una Copa del Mundo.
En el arco, varios nombres quedaron inmortalizados más allá de las estadísticas. El colombiano René Higuita revolucionó la manera de interpretar el puesto de arquero gracias a su estilo arriesgado, jugando lejos de la línea y protagonizando jugadas que todavía siguen siendo recordadas, como el famoso “escorpión”.
Otro guardameta que dejó huella fue Sergio Goycochea. El argentino se convirtió en uno de los grandes héroes de Italia 90 gracias a sus atajadas decisivas en las tandas de penales frente a Yugoslavia e Italia, actuaciones que todavía son recordadas por los aficionados albicelestes.
La experiencia también tiene su lugar en la historia de los Mundiales. Roger Milla, con Camerún, logró marcar en Estados Unidos 1994 cuando tenía 42 años, una cifra que lo mantiene como el jugador más veterano en anotar en una Copa del Mundo.
Con cada nueva edición del Mundial, el fútbol vuelve a encontrarse con esas marcas históricas que parecían imposibles y que todavía siguen intactas.
Mientras la cuenta regresiva hacia la Copa del Mundo de 2026 sigue avanzando, entre los hinchas ya empieza a sonar la misma pregunta en cada conversación futbolera: ¿será que estamos cerca de ver un nuevo récord que quede para la historia del fútbol mundial?
Dracuila llega a Colombia Al Parque con una propuesta que cruza fronteras sonoras entre lo tradicional y lo urbano, construyendo un lenguaje propio donde conviven el rap, el soul, el rock y el funk.
Su búsqueda no se limita a la fusión musical, sino a una exploración profunda del respeto por las raíces y los procesos culturales que las sostienen.
Mestizaje sonoro desde Bogotá
La artista explica que su obra nace del diálogo constante con personas de territorio, quienes interpretan y mantienen vivas estas músicas.Más que una apropiación, su enfoque se basa en el intercambio y la construcción colectiva, donde cada sonido conserva su identidad y su historia dentro de nuevas armonías contemporáneas.
En su recorrido musical también aparecen influencias tempranas del rap, además de otras corrientes que han marcado su vida artística. Desde Bogotá, Dracuila reconoce la ciudad como un punto de encuentro donde confluyen diversas tradiciones del país, convirtiéndose en un espacio de mestizaje cultural que nutre su identidad sonora.
Para Dracula su música también es un espacio de encuentro intergeneracional, abierto a públicos diversos que pueden reconocerse en sus sonidos.
Recuerde que puede disfrutar de Colombia Al Parque por Canal Capital este sábado 23 y domingo 24 de mayo por YouTube, Facebook, www.canalcapital.tv y por Claro 116, ETB 256, DIRECTV 143, Movistar 164 y 113, TDT y TIGO 105.
Macondo vuelve a abrir sus puertas. Entre guerras civiles, lluvias interminables y destinos escritos antes de nacer, Netflix reveló nuevos detalles de la segunda parte de Cien años de soledad, la adaptación audiovisual de la obra maestra de Gabriel García Márquez que se convirtió en una de las producciones latinoamericanas más ambiciosas de la plataforma.
La serie retomará el camino de los Buendía hacia el inevitable desenlace que persigue a la familia desde la fundación del pueblo.
Los nuevos capítulos que llegarán a Netflix
La plataforma dio a conocer los nombres de los episodios y los directores encargados de conducir esta última travesía por Macondo. Laura Mora y Carlos Moreno volverán a alternarse detrás de cámaras para construir una temporada que promete un tono más oscuro, marcado por la violencia, el paso del tiempo y la decadencia del pueblo.
Episodio 1: El armisticio – dirigido por Laura Mora, su estreno es el 5 de agosto
Episodio 2: La reina de Madagascar – dirigido por Laura Mora
Episodio 3: Fernanda del Carpio – dirigido por Carlos Moreno
Episodio 4: Había llegado el inocente tren – dirigido por Carlos Moreno
Episodio 5: Fue un once de octubre – dirigido por Laura Mora
Episodio 6: Eran más de tres mil – dirigido por Laura Mora
Episodio 7: Llovió cuatro años, once meses y dos días – dirigido por Carlos Moreno
Episodio final: Cien años de soledad – dirigido por Laura Mora y programado para estrenarse el 26 de agosto.
El cierre de una historia marcada por el destino
Los títulos elegidos anticipan algunos de los momentos más simbólicos y dolorosos de la novela: la llegada del tren, la masacre de las bananeras, las guerras interminables y la lluvia que parece detener el tiempo en Macondo. Cada nombre funciona como una puerta a los episodios más intensos del universo creado por García Márquez, ahora traducidos al lenguaje audiovisual con una apuesta visual profundamente colombiana.
Desde su estreno, la adaptación deCien años de soledad ha sido celebrada por su capacidad de convertir el realismo mágico en imágenes sin perder la esencia literaria de la obra original.
Con esta segunda parte, Netflix busca cerrar el ciclo de los Buendía con una producción que no solo honra la novela, sino que también reafirma el lugar de la ficción latinoamericana en la conversación audiovisual global.
Hay canciones que duran lo mismo que un campeonato y otras que sobreviven durante décadas en la memoria colectiva. En el universo del fútbol, pocos artistas han logrado construir un vínculo tan sólido con la Copa del Mundo como Shakira, quien volverá a ponerle voz al torneo más importante del planeta con ‘Dai Dai’, la nueva canción oficial del Mundial de 2026.
La barranquillera anunció el lanzamiento del tema junto al artista nigeriano Burna Boy, a través de un adelanto grabado en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol mundial. La canción acompañará el campeonato que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Aunque el fútbol cambia de figuras, generaciones y estilos de juego, la relación entre Shakira y los mundiales parece mantenerse intacta. Su regreso no solo despierta expectativa por la música del torneo, sino también por el peso cultural que sus canciones han tenido dentro de la historia reciente del espectáculo deportivo.
Shakira y el Mundial: una relación que ya atraviesa generaciones
Mucho antes de convertirse en una de las voces más reconocibles de los campeonatos de fútbol, Shakira ya había empezado a acercarse al universo mundialista.
En la Copa del Mundo de Alemania, la cantante colombiana participó en la ceremonia de clausura interpretando ‘Hips Don’t Lie’, canción que atravesaba uno de los momentos más exitosos de la música pop internacional. Aunque no era el himno oficial del torneo, terminó quedando asociada a la energía festiva de aquella edición.
Sudáfrica 2010: el fenómeno global de ‘Waka Waka’
Cuatro años después llegó el momento que redefinió la relación entre el fútbol y la música pop contemporánea.
‘Waka Waka (This Time for Africa)’ se convirtió en el himno oficial del Mundial de Sudáfrica y terminó trascendiendo el campeonato para instalarse como una de las canciones más reconocidas en la historia de los eventos deportivos. Inspirada en ritmos africanos y construida sobre una adaptación de ‘Zangaléwa’, el tema convirtió a Shakira en una figura inseparable del imaginario mundialista.
Más que una canción promocional, ‘Waka Waka’ terminó funcionando como una celebración multicultural capaz de unir estadios, idiomas y generaciones alrededor de un mismo ritmo.
Brasil 2014: el regreso con ‘La La La‘
En Brasil 2014, Shakira volvió a aparecer en el centro de la conversación futbolera con ‘La La La‘, canción presentada durante la clausura del campeonato y construida desde un espíritu mucho más cercano a las graderías latinoamericanas y a la fiesta popular del fútbol.
Aunque el torneo tuvo otras canciones oficiales, el tema de la colombiana volvió a posicionarse entre los más escuchados del campeonato y confirmó algo que ya parecía evidente: la voz de Shakira se había convertido en parte de la banda sonora de los Mundiales.
Mundial 2026: una nueva página en esa historia
Ahora, con ‘Dai Dai’, la artista colombiana suma un nuevo capítulo a una relación artística que pocas figuras musicales han conseguido construir con la FIFA y con el público futbolero global.
Las canciones que también marcaron la historia de los Mundiales
A lo largo de las décadas, cada Copa del Mundo ha intentado encontrar un sonido capaz de representar el espíritu de su tiempo. Algunas canciones desaparecieron junto con el campeonato, pero otras terminaron convirtiéndose en himnos culturales que aún sobreviven en la memoria colectiva.
Algunas de las canciones más recordadas de los Mundiales
‘La Copa de la Vida’ – Ricky Martin (Francia 1998)
Considerada una de las canciones más influyentes en la historia del fútbol, llevó el pop latino al centro del espectáculo deportivo global y convirtió su coro en una celebración reconocible incluso fuera de los estadios.
‘Boom’ – Anastacia (Corea – Japón 2002)
Apostó por un sonido más cercano al pop y al rock de comienzos de siglo, acompañando un Mundial que también simbolizó la expansión del torneo hacia nuevas geografías.
‘The Time of Our Lives’ – Il Divo y Toni Braxton (Alemania 2006)
Mezcló elementos de música clásica crossover y balada pop en una apuesta mucho más solemne y emocional para el cierre del campeonato.
‘Wavin’ Flag’ – K’naan (Sudáfrica 2010)
Aunque no fue el himno oficial, terminó convirtiéndose en uno de los símbolos musicales más importantes de aquel Mundial y convivió junto a ‘Waka Waka’ dentro de la memoria cultural del torneo.
‘We Are One (Ole Ola)’ – Pitbull, Jennifer Lopez y Claudia Leitte (Brasil 2014)
Una canción que mezcló sonidos electrónicos, pop y ritmos latinoamericanos en medio de un campeonato profundamente ligado a la identidad cultural brasileña.
‘Live It Up’ – Nicky Jam, Will Smith y Era Istrefi (Rusia 2018)
Reflejó la estética sonora de la música urbana y del pop global que dominaba la industria musical en la segunda década del siglo XXI.
Las múltiples canciones oficiales de Catar 2022
A diferencia de otros torneos, la FIFA optó por una estrategia musical diversa, con varios temas oficiales que integraron sonidos árabes, afrobeat, electrónica y pop contemporáneo, buscando representar la pluralidad cultural del campeonato.
Mucho más que canciones de fútbol
Los himnos mundialistas no solo acompañan partidos. También funcionan como retratos culturales de cada época: muestran qué sonidos dominaban las radios, cómo cambiaban las tendencias globales y de qué manera el fútbol terminó convirtiéndose en uno de los escenarios culturales más poderosos del planeta.
En ese recorrido histórico, Shakira consiguió algo que muy pocos artistas han logrado, hacer que varias generaciones asocien su voz con la emoción de una Copa del Mundo. Y ahora, con el Mundial de 2026 cada vez más cerca, la artista colombiana vuelve a ocupar un lugar privilegiado dentro de esa memoria compartida que mezcla música, celebración y fútbol.