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¿Por qué Fontibón suena a rock? Historia, escena y raíces de una localidad musical

Fontibón es actualmente una cuna para el rock y el metal en Bogotá gracias a su identidad industrial, sus procesos comunitarios y una historia musical que sigue fortaleciéndose.

¿Por qué hay tanto rock y metal en Fontibón?

Fontibón suena a industria, a buses que entran y salen, a jornadas largas y a una ciudad que no se detiene. Pero también suena a guitarras distorsionadas, a ensayos en garajes y a una escena que, lejos de los grandes circuitos, ha crecido desde lo colectivo.

En La Nevera Sonora conversamos con Jasa Rehm, director de Oscura Radio TV y vocero de la Mesa de Rock de Fontibón, para entender cómo esta localidad del occidente de Bogotá se convirtió en una de las cunas del rock y el metal independiente de la ciudad.

¿Cómo influye el carácter industrial de Fontibón en su sonido?

Fontibón no se parece a otras localidades. Su ritmo lo marcan las fábricas, el tránsito constante y una dinámica que mezcla lo productivo con lo turístico. Es una localidad que no solo se habita: se trabaja, se cruza, se transforma todo el tiempo. En ese contexto, el rock aparece menos como una elección estética y más como una forma de narrar esa experiencia cotidiana.

“El tema de lo industrial y de las fábricas también le da un ambiente y un aire y una forma de entender la ciudad, de vivírsela (…) Hay un enfoque muy turístico por la cercanía con el con el la terminal, con el aeropuerto, con la zona industrial que también no determina necesariamente los conceptos del artista, pero sí es como esa ambientación o esa ventana que le permite al poeta escribir o transmitir la manera en que se vive la ciudad, por eso también es importante entender Fontibon como esa potencia que mueve lo económico, pero que también mueve lo turístico, es algo muy hermoso viéndolo desde ahí».

En ese cruce entre territorio y experiencia diaria, el sonido toma forma desde lo vivido, no desde lo teórico.

«El rock de Fontibón suena a crudeza, suena a la misma realidad con la que nos vivimos la ciudad. Es ese caminar diario. Ahí es muy importante decir que los artistas nos cuentan por medio de los sonidos cómo se vive en Fontibón y nosotros también buscamos reflejarnos allí en cada una de las canciones (…) Pero también basado un poco en esa diversidad que tiene en sí mismo Bogotá, que es encontrarnos con diferentes culturas y tratamos tratamos de cada uno de los productos musicales y como comunicativos que salen de la localidad reflejen eso».

¿Cómo empezó el movimiento de rock en la localidad?

Antes de los festivales consolidados y de cualquier idea de industria, hubo intentos pequeños, casi improvisados, que con el tiempo terminaron marcando el rumbo de la escena.

Rock Hyntiba nace en 1995, en octubre exactamente, y esto es por iniciativa de una de las pocas bandas que ven Fontibon para la época, una agrupación que se dedicaba a hacer rock blues llamada Esencia Inc. Y pues en en ese entonces todo muy jóvenes, se pusieron a la tarea de buscar la manera de desarrollar el primer festival de rock, viendo que ya teníamos un primer Rock al Parque, que ya venían una serie de eventos a nivel distrital que estaban moviendo el rock independiente».

Ese primer impulso estuvo lejos de cualquier estándar profesional, pero ahí radica parte de su fuerza.

«Esta agrupación buscó espacios y logró desarrollar esta primera versión del festival en el Parque Central de Fontibón y de allí comenzaron ya a desarrollarse todos, pero de manera muy artesanal, como nos pasó a todos los festivales de la época y a todos los procesos, incluso con unas tarimas improvisadas, con un sonido prestado (…) En ese momento no hablábamos todavía de producción musical, porque todavía estábamos muy bebés con esos conocimientos».

Más que un evento, fue una escuela colectiva que creció al mismo ritmo que quienes la hacían posible.

¿Por qué la organización comunitaria ha sido clave?

Con el paso de los años, ese impulso inicial empezó a necesitar estructura. La escena ya no era solo entusiasmo: también requería organización para sostenerse y proyectarse.

“La Mesa de Rock de Fontibon como tal se conformó, se oficializó en el 2014, o sea, ya tiene 12 años de trabajo, pero venía de un proceso. Comenzamos a reunirnos, varios de la de la comunidad rockera de la localidad en donde no solo están artistas, sino gestores, promotores, medios de comunicación, salas de ensayo, venues, todo lo que se pudiera hacer alrededor de la de la música independiente y allí comenzamos a ver la necesidad de organizarnos».

El camino no fue lineal ni sencillo. Hubo tensiones, pausas y reencuentros.

«Nos reuníamos, nos dejábamos de reunir, habían acuerdos y desacuerdos, hasta que en algún momento nos establecimos porque logramos encontrar un punto en donde hablábamos el mismo lenguaje y nos dimos cuenta de la necesidad de esa organización para comenzar a desarrollar proyectos, no solo el festival, no solo la circulación, sino también procesos de formación, procesos de gestión musical, procesos de acercamiento con instituciones públicas y privadas, desarrollo de productos, mercados musicales».

Esa articulación permitió que el movimiento dejara de depender de esfuerzos aislados y se consolidara como proceso.

¿Cómo se construyó un circuito local de rock y metal?

A medida que el movimiento crecía, también lo hacía su infraestructura. No solo se trataba de tocar, sino de generar espacios donde la música pudiera circular, encontrarse con públicos y sostenerse en el tiempo.

“El festival motivó la creación de bandas y a partir de ese movimiento circular del rock en la localidad se crean bares, venues, escenarios con tarima donde las agrupaciones puedan presentarse como también pequeños locales solo para el disfrute del rock».

Sin embargo, Fontibón tenía una particularidad: no es un punto de paso obligado dentro de la ciudad. Llegar implica decidir ir.

“Fontibón no es una localidad como Chapinero o Barrios Unidos, donde la gente pasa obligadamente. Entonces hubo que construir muy despacio ese circuito y lograr que la gente entendiera que aquí estaban pasando cosas. Entonces que la gente ya viniera aquí a Fontibón por ver a un artista o que viniera porque hay un espacio, un escenario o por el mismo festival, fue algo que se construyó con un ejercicio en el que fortaleciéramos lo turístico».

Esa construcción lenta terminó fortaleciendo un público más consciente y una escena más arraigada al territorio.

¿Qué papel han tenido los medios independientes en la escena rock de Fontibón?

En paralelo al crecimiento de la escena, también surgió la necesidad de contarla. De registrar lo que estaba pasando y amplificar las voces que no tenían espacio en los medios tradicionales.

“No había un medio de comunicación dedicado meramente al rock y al metal independiente”.

Ahí nace Oscura Radio TV. Lo que comenzó como un programa radial fue expandiéndose con el tiempo hacia otros formatos y procesos.

“Nace como un programa de radio que se realizaba una vez por semana en una de las emisoras comunitarias de Fontibón. Poco a poco ya fue creciendo y teniendo como alas propias y construyendo su espacio independiente, página web, gestión de productos digitales, tiene su espacio dedicado al emprendimiento cultural, a la parte de gestión, tiene una línea social también dedicada al tema de formación para niños y jóvenes en comunicación comunitaria”.

Así, el medio se convirtió en un actor más dentro del ecosistema cultural de la localidad, desarrollando procesos que construyen colectivamente a nivel social y cultural.

¿Por qué Fontibón se consolidó como cuna del rock en Bogotá?

Más que una etiqueta, es el resultado de un proceso acumulado de historia, organización y comunidad. Elementos que, juntos, han permitido que el rock en Fontibón no solo exista, sino que evolucione con una identidad que también está atravesada por la transformación del territorio.

«El rock refleja esa forma en que vemos el mundo de diferentes colores y que vemos a Fontibón como un territorio que antes era habitado por comunidades indígenas, que luego fue un territorio en gran parte y en gran porcentaje rural y que ahora es una es una pequeña gran ciudad que se ha construido a partir de los mismos habitantes, de los que hacen teatro, de los que hacen danza, de los que hacen música, de los que hacen pintura.

Entonces sí, a eso suena el rock de Fontibón. A esa diversidad cultural, gastronómica y entenderse la vida y entender cada una de las cuadras por las que caminamos».

La invitación final es a mirar hacia ese lado de la ciudad que muchas veces queda fuera del radar cultural.

Esta es una de las potencias artísticas de nuestra Bogotá y aquí hay de todo, desde comunicación, hasta artistas de rock, de metal, de hip hop (…) Aquí hay mucho para ver, mucho para disfrutar, no solo está el oriente de la ciudad, también el occidente tiene mucho que mostrar, mucho para contar y mucho para que entendamos que aquí también se construye parte de esa historia que hace parte de nosotros como rockeros».

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