En el centro de la ciudad, donde Bogotá empezó a construirse y también a fragmentarse, Las Cruces guarda una historia que atraviesa lo social, lo político y lo cultural. Entre esas capas, el hip hop encontró un lenguaje para contar lo que pasaba en sus calles.
Para entender ese proceso, en La Nevera Sonora hablamos con David Rentería Lozano, comunicador social e investigador de la cultura hip hop, quien ha seguido de cerca la relación entre el rap y los territorios en la ciudad.
¿Por qué Las Cruces es clave en la historia del rap en Bogotá?
Antes de ser referencia musical, Las Cruces ya era un territorio marcado por una identidad fuerte. Un barrio tradicional, atravesado por dinámicas obreras y por una historia que lo convirtió en punto de encuentro de múltiples realidades del país.
“Las Cruces es un barrio tradicional, uno de los más antiguos de Bogotá. Es un barrio que siempre ha tenido esa filosofía de barrio obrero, de barrio guerrero desde la misma plaza. Un barrio que acogió mucho de lo que pasaba en Colombia, porque Bogotá es una ciudad que recoge muchas dinámicas del país, y Las Cruces también empezó a reflejar eso”.
En ese contexto, el rap encontró un lugar donde tenía sentido existir.
“En los años 90, nos decían que el rap de Bogotá y Colombia había nacido ahí en el barrio Las Cruces, pero después de investigaciones se ha entendido que el rap en Colombia tiene mucho que ver con ciudades como Barranquilla o Buenaventura, y todas las estéticas que llegaron aquí. Sin embargo, por toda la narrativa que tiene el barrio, por su importancia histórica y social, se instaló esa idea de que aquí empezó el rap en la ciudad”.
¿Cómo influye la ubicación de Las Cruces en el rap de Bogotá?
Ubicado en el corazón de la ciudad, Las Cruces ha sido un lugar de tránsito, de llegada y de transformación. Esa condición geográfica también marcó la forma en que se construyó el rap en el barrio.
“El barrio Las Cruces pasa mucho porque es en el centro de Bogotá. Digamos que ahora estamos un poco más alejados por como ha crecido la ciudad, pero eso también le permitió a los artistas que nacieron y crecieron allí el movimiento, y que el rap se relacionara mucho con esta zona central”.
Pero más allá de la ubicación, lo que importaba era lo que pasaba allí.
“Es un barrio de guerreros, de muchas personas inmigrantes que empezaron a traer estéticas, sonidos, influencias. También había jóvenes que veían películas en los años 80 y empezaban a conectar con el hip hop desde ahí.
El rap en esa época era mucho de denuncia, de crítica social, de contar lo que pasaba en los barrios. Historias de jóvenes, de lo que vivían, de lo que enfrentaban. Por eso, la narrativa terminó diciendo que el rap en Bogotá había nacido en Las Cruces”.
¿Cuál es la estética del barrio Las Cruces y cómo se refleja en el hip hop?
Las Cruces también se define por su imagen. Por sus casas, sus calles y su forma de habitar el espacio. Una estética que no es solo visual, sino también social.
“La estética de Las Cruces es muy similar a lo que pasa en zonas como La Candelaria, con una arquitectura muy colonial (…) Con esas casas grandes que después se empezaron a convertir en inquilinatos, que yo relaciono con esa estética del rap muy social”.
Ese paisaje no es neutro: está cargado de historias.
“Las agrupaciones de los años 90 en las cruces, pues se caracterizaron básicamente por eso, por hacer un rap contestatario y muy social que denunciaba. Los artistas no solo eran MC’s, también exploraban otras artes: actuaban, pintaban, bailaban. El hip-hoper se conectaba con todos los elementos de la cultura”.

¿Cómo se narra Las Cruces en las canciones de rap?
Más que mencionar el barrio de forma explícita, el rap en Las Cruces se convirtió en una forma de documentar la vida cotidiana.
“Gotas de Rap eran cronistas. Contaban historias que si uno las piensa audiovisualmente, podrían ser cortometrajes o películas. Eran relatos muy claros de lo que pasaba en el barrio”.
Las canciones se volvieron registros de una realidad compartida.
“Canciones como Crónica de barrio o Matar para vivir hablan de situaciones como el machismo, el racismo (…) Narran la historia del joven artista que por situaciones distintas empieza a coquetear con la delincuencia, y digamos que son historias que uno ve y en la actualidad siguen sucediendo, no solamente en el barrio Las Cruces, sino en muchas muchas partes de de nuestra amada Bogotá».
«También hay que hacerle un reconocimiento a La Etnnia por sus más de 10 álbumes, por más de 30 años de estarle dando al tema de la música, siempre muy consciente, siempre muy en su nicho, digamos que no han hecho un cambio como ha sucedido con otros que de pronto mutan hacia otras sonoridades. Junto a Gotas de Rap son agrupaciones pioneras en Colombia en sacar trabajos con contenido social».
Aunque estos grandes nombres suelen concentrar la atención, la historia del rap en Las Cruces también se construyó con otros proyectos que, desde lo local, dejaron huella en la ciudad.
«Recuerdo agrupaciones como Cescru Enlace, muy conectadas con la identidad del barrio, con una estética audiovisual muy ligada a la iglesia de Las Cruces. También Estilo Bajo, que tuvo un reconocimiento fuerte y logró compartir escenarios con bandas de punk y hardcore. Incluso llegaron a cerrar Rock al Parque en la Media Torta.
Hay agrupaciones como Calibre 22, que no están tan activas, pero hacen parte de ese proceso. Y también artistas que siguen ahí, que uno se encuentra caminando por el barrio, gente que estuvo incluso en Europa o Estados Unidos y que sigue haciendo música como Kontent Thug”.
Ese tejido de nombres, algunos más visibles, otros más silenciosos, es el que termina sosteniendo la historia.
¿Cómo se vive el hip hop en Las Cruces hoy?
El hip hop en Las Cruces nunca fue solo música. Desde sus inicios, fue una cultura que se expresó a través del cuerpo, la imagen y la comunidad.
«Películas como Beat Street fueron las que empezaron a mostrarle a los jóvenes de Bogotá qué era eso del breakdance y a partir de ahí ellos empezaron a explorar y también a lanzarse de cabeza con el baile».
Luego vinieron otros elementos, con sus propias dificultades.
“El graffiti empezó más fuerte en los 90, pero era más complicado. Era difícil conseguir los aerosoles, digamos que por los costos. Ahora Bogotá es una ciudad llena de grafitis, pero en esa época eso era visto también como vandalismo. Ha ido evolucionando y ahora vemos muchísimos colores, pero en esa época era más de caracteres, de letras que a veces no entendíamos y de pocas tonalidades».
Con el tiempo, el hip hop también se consolidó como herramienta social.
“El hip hop en Bogotá es muy comunitario. Se basa en compartir conocimiento, en aprender colectivamente. También ha servido para procesos sociales, para recoger fondos, para ayudar a la comunidad. Eso se vio mucho en la pandemia y en el estallido social”.
“En ese sentido, el barrio sigue siendo muy significativo. Tal vez ahora no se menciona tanto como antes, pero sigue estando en la narrativa. Y si uno camina por Las Cruces, todavía encuentra artistas, gente haciendo música, cosas pasando”.
Las Cruces no es solo un lugar en el mapa, es un archivo vivo, un barrio donde el rap no nació del todo, pero sí encontró una forma de quedarse.

