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Autor: Laura Sofía Romero Quimbay

  • ¿Por qué Fontibón suena a rock? Historia, escena y raíces de una localidad musical

    ¿Por qué Fontibón suena a rock? Historia, escena y raíces de una localidad musical

    Fontibón suena a industria, a buses que entran y salen, a jornadas largas y a una ciudad que no se detiene. Pero también suena a guitarras distorsionadas, a ensayos en garajes y a una escena que, lejos de los grandes circuitos, ha crecido desde lo colectivo.

    En La Nevera Sonora conversamos con Jasa Rehm, director de Oscura Radio TV y vocero de la Mesa de Rock de Fontibón, para entender cómo esta localidad del occidente de Bogotá se convirtió en una de las cunas del rock y el metal independiente de la ciudad.

    ¿Cómo influye el carácter industrial de Fontibón en su sonido?

    Fontibón no se parece a otras localidades. Su ritmo lo marcan las fábricas, el tránsito constante y una dinámica que mezcla lo productivo con lo turístico. Es una localidad que no solo se habita: se trabaja, se cruza, se transforma todo el tiempo. En ese contexto, el rock aparece menos como una elección estética y más como una forma de narrar esa experiencia cotidiana.

    “El tema de lo industrial y de las fábricas también le da un ambiente y un aire y una forma de entender la ciudad, de vivírsela (…) Hay un enfoque muy turístico por la cercanía con el con el la terminal, con el aeropuerto, con la zona industrial que también no determina necesariamente los conceptos del artista, pero sí es como esa ambientación o esa ventana que le permite al poeta escribir o transmitir la manera en que se vive la ciudad, por eso también es importante entender Fontibon como esa potencia que mueve lo económico, pero que también mueve lo turístico, es algo muy hermoso viéndolo desde ahí».

    En ese cruce entre territorio y experiencia diaria, el sonido toma forma desde lo vivido, no desde lo teórico.

    «El rock de Fontibón suena a crudeza, suena a la misma realidad con la que nos vivimos la ciudad. Es ese caminar diario. Ahí es muy importante decir que los artistas nos cuentan por medio de los sonidos cómo se vive en Fontibón y nosotros también buscamos reflejarnos allí en cada una de las canciones (…) Pero también basado un poco en esa diversidad que tiene en sí mismo Bogotá, que es encontrarnos con diferentes culturas y tratamos tratamos de cada uno de los productos musicales y como comunicativos que salen de la localidad reflejen eso».

    ¿Cómo empezó el movimiento de rock en la localidad?

    Antes de los festivales consolidados y de cualquier idea de industria, hubo intentos pequeños, casi improvisados, que con el tiempo terminaron marcando el rumbo de la escena.

    Rock Hyntiba nace en 1995, en octubre exactamente, y esto es por iniciativa de una de las pocas bandas que ven Fontibon para la época, una agrupación que se dedicaba a hacer rock blues llamada Esencia Inc. Y pues en en ese entonces todo muy jóvenes, se pusieron a la tarea de buscar la manera de desarrollar el primer festival de rock, viendo que ya teníamos un primer Rock al Parque, que ya venían una serie de eventos a nivel distrital que estaban moviendo el rock independiente».

    Ese primer impulso estuvo lejos de cualquier estándar profesional, pero ahí radica parte de su fuerza.

    «Esta agrupación buscó espacios y logró desarrollar esta primera versión del festival en el Parque Central de Fontibón y de allí comenzaron ya a desarrollarse todos, pero de manera muy artesanal, como nos pasó a todos los festivales de la época y a todos los procesos, incluso con unas tarimas improvisadas, con un sonido prestado (…) En ese momento no hablábamos todavía de producción musical, porque todavía estábamos muy bebés con esos conocimientos».

    Más que un evento, fue una escuela colectiva que creció al mismo ritmo que quienes la hacían posible.

    ¿Por qué la organización comunitaria ha sido clave?

    Con el paso de los años, ese impulso inicial empezó a necesitar estructura. La escena ya no era solo entusiasmo: también requería organización para sostenerse y proyectarse.

    “La Mesa de Rock de Fontibon como tal se conformó, se oficializó en el 2014, o sea, ya tiene 12 años de trabajo, pero venía de un proceso. Comenzamos a reunirnos, varios de la de la comunidad rockera de la localidad en donde no solo están artistas, sino gestores, promotores, medios de comunicación, salas de ensayo, venues, todo lo que se pudiera hacer alrededor de la de la música independiente y allí comenzamos a ver la necesidad de organizarnos».

    El camino no fue lineal ni sencillo. Hubo tensiones, pausas y reencuentros.

    «Nos reuníamos, nos dejábamos de reunir, habían acuerdos y desacuerdos, hasta que en algún momento nos establecimos porque logramos encontrar un punto en donde hablábamos el mismo lenguaje y nos dimos cuenta de la necesidad de esa organización para comenzar a desarrollar proyectos, no solo el festival, no solo la circulación, sino también procesos de formación, procesos de gestión musical, procesos de acercamiento con instituciones públicas y privadas, desarrollo de productos, mercados musicales».

    Esa articulación permitió que el movimiento dejara de depender de esfuerzos aislados y se consolidara como proceso.

    ¿Cómo se construyó un circuito local de rock y metal?

    A medida que el movimiento crecía, también lo hacía su infraestructura. No solo se trataba de tocar, sino de generar espacios donde la música pudiera circular, encontrarse con públicos y sostenerse en el tiempo.

    “El festival motivó la creación de bandas y a partir de ese movimiento circular del rock en la localidad se crean bares, venues, escenarios con tarima donde las agrupaciones puedan presentarse como también pequeños locales solo para el disfrute del rock».

    Sin embargo, Fontibón tenía una particularidad: no es un punto de paso obligado dentro de la ciudad. Llegar implica decidir ir.

    “Fontibón no es una localidad como Chapinero o Barrios Unidos, donde la gente pasa obligadamente. Entonces hubo que construir muy despacio ese circuito y lograr que la gente entendiera que aquí estaban pasando cosas. Entonces que la gente ya viniera aquí a Fontibón por ver a un artista o que viniera porque hay un espacio, un escenario o por el mismo festival, fue algo que se construyó con un ejercicio en el que fortaleciéramos lo turístico».

    Esa construcción lenta terminó fortaleciendo un público más consciente y una escena más arraigada al territorio.

    ¿Qué papel han tenido los medios independientes en la escena rock de Fontibón?

    En paralelo al crecimiento de la escena, también surgió la necesidad de contarla. De registrar lo que estaba pasando y amplificar las voces que no tenían espacio en los medios tradicionales.

    “No había un medio de comunicación dedicado meramente al rock y al metal independiente”.

    Ahí nace Oscura Radio TV. Lo que comenzó como un programa radial fue expandiéndose con el tiempo hacia otros formatos y procesos.

    “Nace como un programa de radio que se realizaba una vez por semana en una de las emisoras comunitarias de Fontibón. Poco a poco ya fue creciendo y teniendo como alas propias y construyendo su espacio independiente, página web, gestión de productos digitales, tiene su espacio dedicado al emprendimiento cultural, a la parte de gestión, tiene una línea social también dedicada al tema de formación para niños y jóvenes en comunicación comunitaria”.

    Así, el medio se convirtió en un actor más dentro del ecosistema cultural de la localidad, desarrollando procesos que construyen colectivamente a nivel social y cultural.

    ¿Por qué Fontibón se consolidó como cuna del rock en Bogotá?

    Más que una etiqueta, es el resultado de un proceso acumulado de historia, organización y comunidad. Elementos que, juntos, han permitido que el rock en Fontibón no solo exista, sino que evolucione con una identidad que también está atravesada por la transformación del territorio.

    «El rock refleja esa forma en que vemos el mundo de diferentes colores y que vemos a Fontibón como un territorio que antes era habitado por comunidades indígenas, que luego fue un territorio en gran parte y en gran porcentaje rural y que ahora es una es una pequeña gran ciudad que se ha construido a partir de los mismos habitantes, de los que hacen teatro, de los que hacen danza, de los que hacen música, de los que hacen pintura.

    Entonces sí, a eso suena el rock de Fontibón. A esa diversidad cultural, gastronómica y entenderse la vida y entender cada una de las cuadras por las que caminamos».

    La invitación final es a mirar hacia ese lado de la ciudad que muchas veces queda fuera del radar cultural.

    Esta es una de las potencias artísticas de nuestra Bogotá y aquí hay de todo, desde comunicación, hasta artistas de rock, de metal, de hip hop (…) Aquí hay mucho para ver, mucho para disfrutar, no solo está el oriente de la ciudad, también el occidente tiene mucho que mostrar, mucho para contar y mucho para que entendamos que aquí también se construye parte de esa historia que hace parte de nosotros como rockeros».

  • Las Cruces: el barrio donde el rap en Bogotá se volvió memoria e identidad

    Las Cruces: el barrio donde el rap en Bogotá se volvió memoria e identidad

    En el centro de la ciudad, donde Bogotá empezó a construirse y también a fragmentarse, Las Cruces guarda una historia que atraviesa lo social, lo político y lo cultural. Entre esas capas, el hip hop encontró un lenguaje para contar lo que pasaba en sus calles.

    Para entender ese proceso, en La Nevera Sonora hablamos con David Rentería Lozano, comunicador social e investigador de la cultura hip hop, quien ha seguido de cerca la relación entre el rap y los territorios en la ciudad.

    ¿Por qué Las Cruces es clave en la historia del rap en Bogotá?

    Antes de ser referencia musical, Las Cruces ya era un territorio marcado por una identidad fuerte. Un barrio tradicional, atravesado por dinámicas obreras y por una historia que lo convirtió en punto de encuentro de múltiples realidades del país.

    “Las Cruces es un barrio tradicional, uno de los más antiguos de Bogotá. Es un barrio que siempre ha tenido esa filosofía de barrio obrero, de barrio guerrero desde la misma plaza. Un barrio que acogió mucho de lo que pasaba en Colombia, porque Bogotá es una ciudad que recoge muchas dinámicas del país, y Las Cruces también empezó a reflejar eso”.

    En ese contexto, el rap encontró un lugar donde tenía sentido existir.

    “En los años 90, nos decían que el rap de Bogotá y Colombia había nacido ahí en el barrio Las Cruces, pero después de investigaciones se ha entendido que el rap en Colombia tiene mucho que ver con ciudades como Barranquilla o Buenaventura, y todas las estéticas que llegaron aquí. Sin embargo, por toda la narrativa que tiene el barrio, por su importancia histórica y social, se instaló esa idea de que aquí empezó el rap en la ciudad”.

    ¿Cómo influye la ubicación de Las Cruces en el rap de Bogotá?

    Ubicado en el corazón de la ciudad, Las Cruces ha sido un lugar de tránsito, de llegada y de transformación. Esa condición geográfica también marcó la forma en que se construyó el rap en el barrio.

    “El barrio Las Cruces pasa mucho porque es en el centro de Bogotá. Digamos que ahora estamos un poco más alejados por como ha crecido la ciudad, pero eso también le permitió a los artistas que nacieron y crecieron allí el movimiento, y que el rap se relacionara mucho con esta zona central”.

    Pero más allá de la ubicación, lo que importaba era lo que pasaba allí.

    “Es un barrio de guerreros, de muchas personas inmigrantes que empezaron a traer estéticas, sonidos, influencias. También había jóvenes que veían películas en los años 80 y empezaban a conectar con el hip hop desde ahí.

    El rap en esa época era mucho de denuncia, de crítica social, de contar lo que pasaba en los barrios. Historias de jóvenes, de lo que vivían, de lo que enfrentaban. Por eso, la narrativa terminó diciendo que el rap en Bogotá había nacido en Las Cruces”.

    ¿Cuál es la estética del barrio Las Cruces y cómo se refleja en el hip hop?

    Las Cruces también se define por su imagen. Por sus casas, sus calles y su forma de habitar el espacio. Una estética que no es solo visual, sino también social.

    “La estética de Las Cruces es muy similar a lo que pasa en zonas como La Candelaria, con una arquitectura muy colonial (…) Con esas casas grandes que después se empezaron a convertir en inquilinatos, que yo relaciono con esa estética del rap muy social”.

    Ese paisaje no es neutro: está cargado de historias.

    “Las agrupaciones de los años 90 en las cruces, pues se caracterizaron básicamente por eso, por hacer un rap contestatario y muy social que denunciaba. Los artistas no solo eran MC’s, también exploraban otras artes: actuaban, pintaban, bailaban. El hip-hoper se conectaba con todos los elementos de la cultura”.

    Iglesia Nuestra Señora del Carmen - Las Cruces

    ¿Cómo se narra Las Cruces en las canciones de rap?

    Más que mencionar el barrio de forma explícita, el rap en Las Cruces se convirtió en una forma de documentar la vida cotidiana.

    Gotas de Rap eran cronistas. Contaban historias que si uno las piensa audiovisualmente, podrían ser cortometrajes o películas. Eran relatos muy claros de lo que pasaba en el barrio”.

    Las canciones se volvieron registros de una realidad compartida.

    “Canciones como Crónica de barrio o Matar para vivir hablan de situaciones como el machismo, el racismo (…) Narran la historia del joven artista que por situaciones distintas empieza a coquetear con la delincuencia, y digamos que son historias que uno ve y en la actualidad siguen sucediendo, no solamente en el barrio Las Cruces, sino en muchas muchas partes de de nuestra amada Bogotá».

    «También hay que hacerle un reconocimiento a La Etnnia por sus más de 10 álbumes, por más de 30 años de estarle dando al tema de la música, siempre muy consciente, siempre muy en su nicho, digamos que no han hecho un cambio como ha sucedido con otros que de pronto mutan hacia otras sonoridades. Junto a Gotas de Rap son agrupaciones pioneras en Colombia en sacar trabajos con contenido social».

    Aunque estos grandes nombres suelen concentrar la atención, la historia del rap en Las Cruces también se construyó con otros proyectos que, desde lo local, dejaron huella en la ciudad.

    «Recuerdo agrupaciones como Cescru Enlace, muy conectadas con la identidad del barrio, con una estética audiovisual muy ligada a la iglesia de Las Cruces. También Estilo Bajo, que tuvo un reconocimiento fuerte y logró compartir escenarios con bandas de punk y hardcore. Incluso llegaron a cerrar Rock al Parque en la Media Torta.

    Hay agrupaciones como Calibre 22, que no están tan activas, pero hacen parte de ese proceso. Y también artistas que siguen ahí, que uno se encuentra caminando por el barrio, gente que estuvo incluso en Europa o Estados Unidos y que sigue haciendo música como Kontent Thug”.

    Ese tejido de nombres, algunos más visibles, otros más silenciosos, es el que termina sosteniendo la historia.

    ¿Cómo se vive el hip hop en Las Cruces hoy?

    El hip hop en Las Cruces nunca fue solo música. Desde sus inicios, fue una cultura que se expresó a través del cuerpo, la imagen y la comunidad.

    «Películas como Beat Street fueron las que empezaron a mostrarle a los jóvenes de Bogotá qué era eso del breakdance y a partir de ahí ellos empezaron a explorar y también a lanzarse de cabeza con el baile».

    Luego vinieron otros elementos, con sus propias dificultades.

    “El graffiti empezó más fuerte en los 90, pero era más complicado. Era difícil conseguir los aerosoles, digamos que por los costos. Ahora Bogotá es una ciudad llena de grafitis, pero en esa época eso era visto también como vandalismo. Ha ido evolucionando y ahora vemos muchísimos colores, pero en esa época era más de caracteres, de letras que a veces no entendíamos y de pocas tonalidades».

    Con el tiempo, el hip hop también se consolidó como herramienta social.

    El hip hop en Bogotá es muy comunitario. Se basa en compartir conocimiento, en aprender colectivamente. También ha servido para procesos sociales, para recoger fondos, para ayudar a la comunidad. Eso se vio mucho en la pandemia y en el estallido social”.

    “En ese sentido, el barrio sigue siendo muy significativo. Tal vez ahora no se menciona tanto como antes, pero sigue estando en la narrativa. Y si uno camina por Las Cruces, todavía encuentra artistas, gente haciendo música, cosas pasando”.

    Las Cruces no es solo un lugar en el mapa, es un archivo vivo, un barrio donde el rap no nació del todo, pero sí encontró una forma de quedarse.

  • Morat hace historia en Coachella 2026: lo que significa para Bogotá y la música latina

    Morat hace historia en Coachella 2026: lo que significa para Bogotá y la música latina

    Morat hace historia en Coachella 2026 al posicionarse como una de las primeras bandas de pop nacidas en Bogotá en presentarse en el festival, un hito que refleja la expansión de la música en español en circuitos globales dominados históricamente por el mercado anglo.

    Su participación los próximos sábados 11 y 18 de abril no solo responde al crecimiento internacional de la banda, sino que también marca un punto de inflexión para la música hecha en la capital colombiana, al abrir espacio para nuevas propuestas locales en uno de los escenarios más influyentes de la industria musical.

    ¿Son los primeros bogotanos en Coachella?

    No, Morat es la cuarta representación bogotana en presentarse en el icónico festival. Los antecedió Aterciopelados en el 2010, llevando su propuesta de rock alternativo al desierto, en el 2017 lo hizo Diamante Eléctrico y en el 2022 llegaron los sonidos electrónicos de Ela Minus.

    La participación de Morat se suma a esta línea, pero desde el pop contemporáneo, ampliando el espectro de sonidos que llegan a los escenarios de Coachella. Si bien no son los primeros bogotanos en presentarse allí, se suman a la lista de headliners colombianos de uno de los escenarios principales: el Gobi.

    ¿Qué otros artistas colombianos han estado en Coachella?

    Colombia ha tenido presencia en el festival, principalmente desde lo urbano y alternativo:

    • Karol G (2022 y 2026): este año figura como una de las artistas principales del cartel, siendo la primera mujer latina en ser headliner del festival.
    • J Balvin (2019 y 2024): uno de los primeros artistas en llevar el reguetón al festival.
    • Kali Uchis (2018 y 2023): se presentó en el festival consolidando su proyección internacional, con un sonido que mezcla R&B, pop y raíces latinas.
    • Bomba Estéreo (2011): representantes del electro tropical colombiano.
    • Sidestepper (2004): una de las primeras propuestas de fusión electrónica y ritmos afrocolombianos en la historia del festival.

    ¿Qué artistas latinos participan en Coachella 2026?

    La presencia latina en Coachella 2026 confirma una transformación sostenida del festival, de una participación esporádica a una representación diversa que atraviesa géneros como el reguetón, el pop, la electrónica, el indie y la cumbia. En esta edición, lo latino no solo aparece en los márgenes del cartel, sino que incluye desde headliners hasta propuestas emergentes que reflejan la amplitud cultural de la región y su impacto global.

    Estos son los artistas latinos e hispanohablantes que harán parte de esta edición del festival:

    • Karol G (Colombia)
    • Morat (Colombia)
    • Luísa Sonza (Brasil)
    • Cachirula & Loojan (México)
    • RØZ (México)
    • Los Hermanos Flores (El Salvador)
    • Carolina Durante (España)
    • MËSTIZA (España)
    • Rusowsky (España)

    ¿Por qué es importante la participación de Morat en Coachella 2026?

    La presencia de Morat en este festival es clave porque consolida el alcance internacional de una banda nacida en Bogotá que ha logrado conectar con audiencias masivas del mundo hispanohablante, especialmente en países como España, donde han encabezado giras y agotado recintos. Desde su debut con Sobre el amor y sus efectos secundarios (2016), el grupo ha construido una carrera sólida dentro del pop/folk en español, seguida por álbumes como Balas perdidas (2018), ¿A dónde vamos? (2021) y Si ayer fuera hoy (2022), acumulando millones de reproducciones y una base de fans global.

    Su llegada a Coachella ocurre, además, en el marco del inicio de una nueva etapa con su más reciente proyecto y una gira especialmente significativa: el Ya es mañana World Tour, con la que han logrado encadenar decenas de conciertos con entradas agotadas en América Latina y España. En Bogotá, este momento se traduce en un hito histórico con seis fechas en el Movistar Arena, confirmando su impacto local e internacional.

    Así, su paso por el festival no solo valida su trayectoria, sino que amplía la presencia del pop latino más allá de lo urbano, en uno de los escenarios más influyentes del mundo.

    Datos clave sobre Morat en Coachella 2026

    • Festival: Coachella Valley Music and Arts Festival
    • Fechas: Sábados (11 y 18 de abril de 2026)
    • Hora: 10:10 p.m. (Hora California) / 12:10 a.m. (Hora Colombia)
    • Transmisión en vivo: Canal de YouTube del festival.

  • Del cine a tu playlist: nominadas a Mejor Canción Original en los Óscar 2026

    Del cine a tu playlist: nominadas a Mejor Canción Original en los Óscar 2026

    Las películas que nos emocionan no serían lo mismo sin las canciones y las bandas sonoras que las acompañan. Son esas piezas musicales las que refuerzan la construcción de un buen personaje, las que suman emoción a una escena épica o simplemente las que logran que una gran historia resuene por mucho tiempo en nuestra cabeza.

    En esta temporada de premios, la música ha vuelto a ocupar un lugar protagónico. Más allá de acompañar grandes producciones cinematográficas, las canciones han servido como un vehículo narrativo capaz de amplificar emociones, subrayar tensiones dramáticas y, en muchos casos, dialogar con la urgencia de los temas que atraviesan estas historias.

    Así, las canciones nominadas en la categoría de Mejor Canción Original de los Premios Óscar 2026, no solo destacan por su calidad artística, también por expandir el universo emocional y simbólico de las películas de las que hacen parte.

    Por eso, desde La Nevera Sonora, hacemos un breve recorrido por las cinco nominadas. Una selección que no solo te invita a sumar nuevas joyas musicales a tu playlist, sino que también se convierte en la excusa perfecta para sumergirte en el cine y conectar con nuevas historias y personajes.

    Dear Me

    • Película: Diane Warren: Relentless
    • Música y letra por: Diane Warren

    Quién si no la mismísima Diane Warren podría componer la canción protagonista del documental que comparte los altos y bajos, pero sobre todo los grandes logros de su propia carrera.‘Dear Me’, interpretada por Kesha, funciona como una carta emocional que Warren le dedica a su versión más joven, lleva de esperanza y reflexión sobre heridas del pasado.

    El resultado es un tema que conecta con la fortaleza de aceptar el camino del crecimiento personal, y que ha resonado con el público por su honestidad.

    Golden

    • Película:  KPop Demon Hunters
    • Música y letra por: EJAE, Mark Sonnenblick, Joong Gyu Kwak, Yu Han Lee, Hee Dong Nam, Jeong Hoon Seo y Teddy Park

    No podemos negar que es una de las favoritas al galardón, pues ya triunfó en los Critic’s Choice y los Golden Globes, además de también llevarse el Grammy a la Mejor Canción Escrita para una Película. Y es qué, cómo no, si con la fuerza transmitida por el grupo ficticio HUNTR/X, la canción combina lo mejor del K-pop con un poderoso mensaje sobre el amor propio y la fuerza interior para superar las adversidades, convirtiéndose en un himno generacional que conecta especialmente con el público más joven.

    También puedes leer: Los Premios Óscar 2026: fecha, presentador y lista completa de nominados

    I Lied To You

    • Película: Sinners
    • Música y letra por: Raphael Saadiq y Ludwig Goransson

    Este tema es tan poderoso como su intérprete. La nominación también es un reconocimiento al talento de Miles Caton, cuya voz atraviesa la pantalla con una intensidad difícil de ignorar.

    Su interpretación no solo sostiene la carga emocional de la canción, también la eleva con matices de vulnerabilidad, rabia contenida y honestidad cruda que convierten cada verso en una confesión.

    Y es en ese punto exacto entre fragilidad y fuerza, donde logra que el tema trascienda la película.

    Sweet Dreams Of Joy

    • Película: Viva Verdi!
    • Música y letra por: Nicholas Pike

    Viva Verdi! es un documental que ofrece una mirada íntima a la vida dentro de Casa Verdi, una residencia para músicos y cantantes de ópera en Milán fundada por el legendario Giuseppe Verdi, donde artistas de más de 77 años siguen creando y guiando a las nuevas generaciones de músicos. En ese espíritu de vitalidad y pasión musical, el compositor inglés Nicholas Pike, con influencias clásicas y contemporáneas, compuso esta pieza que refleja la alegría, la dignidad y la esperanza de estos artistas en su “tercer acto” de vida.

    Train Dreams

    • Película: Train Dreams
    • Música por: Nick Cave y Bryce Dessner | Letra por: Nick Cave

    Nick Cave reafirma su fuerza como compositor para el cine. Tras sus trabajos recientes en Blonde (2022) y en la biopic de Amy Winehouse (2024), donde exploró territorios sonoros más oscuros y emocionales, Cave llega a esta película, centrada en la vida solitaria de un hombre que atraviesa los cambios del Estados Unidos de inicios del siglo XX, con una pieza íntima y melancólica.

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    Su canción acompaña la historia con esa sensibilidad poética que ya se ha convertido en su sello en la gran pantalla. Además, cuenta con la producción deBryce Dessner, compositor y guitarrista de The National, una banda que tampoco es ajena a convertir la melancolía en una poderosa experiencia sonora.

  • El BOmm 2026 abre su convocatoria para artistas nacionales e internacionales

    El BOmm 2026 abre su convocatoria para artistas nacionales e internacionales

    Desde La Nevera Sonora sabemos que los mercados musicales son hoy un motor clave para la industria local e internacional: espacios donde los proyectos se conectan, circulan y encuentran nuevas oportunidades. En ese escenario, el Bogotá Music Market – BOmm abre sus convocatorias para que los distintos actores de la industria musical puedan llevar su música y sus ideas al siguiente nivel.

    Del 17 de febrero y hasta el 20 de abril estará abierta la convocatoria para artistas de cualquier país que interpreten música original, cuenten con un mínimo de dos años de trayectoria y una estrategia de desarrollo vigente. Adicional, también se abre la convocatoria para managers y/o bookers con al menos dos proyectos en su roster y un plan de crecimiento definido.

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    ¿Qué le ofrece el BOmm 2026 a los seleccionados?

    • Ruedas de negocios de música en vivo donde se realizan encuentros uno a uno con más de 300 profesionales nacionales e internacionales.
    • Acceso completo a la programación de conferencias, que incluye charlas, talleres y conversaciones con expertos del sector.
    • Espacios de preparación previos al mercado, orientados a fortalecer estrategias comerciales y de internacionalización.
    • Posibilidad de ser seleccionado para participar en los Showcases oficiales del BOmm 2026.
    • Cobertura en medios de comunicación nacionales e internacionales.

    Los interesados pueden consultar el manual de participación y acceder a los formularios de inscripción en la página oficial del BOmm, haciendo clic aquí.

    Esta oportunidad única está respaldada por resultados concretos. En la edición 2025 del Bogotá Music Market (BOmm), se concretaron negocios por más de 500 mil dólares y se proyectaron acuerdos adicionales que superan los 2,5 millones, alcanzando expectativas de negocio por encima de los 3 millones de dólares.

    Estas cifras son el reflejo de más de 1.100 citas realizadas en las ruedas de negocios de música en vivo, agentes y servicios.

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    Además, el BOmm ha sido una plataforma real de internacionalización, permitiendo encuentros que hicieron posibles presentaciones confirmadas en festivales de Brasil y Dinamarca para 2026, demostrando que participar no es solo aplicar, sino abrir puertas para llevar la música colombiana al mundo y recibir la música del mundo en los escenarios del país.

    ¿Cuándo será el BOmm 2026?

    Del 8 al 11 de septiembre del 2026, Bogotá volverá a ser el epicentro de la industria musical en la región reuniendo a distintos actores de la misma en un espacio diseñado para impulsar negocios, favorecer la circulación internacional, el desarrollo de carreras artísticas y por supuesto ¡el disfrute de la música en vivo!

    Como parte de la celebración de sus 15 años, el BOmm 2026 proyecta la participación de más de 100 proyectos musicales en sus ruedas de negocios y la selección de al menos 30 proyectos para los showcases oficiales.

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    Al respecto, Violeta Parra De Moya, Jefe del BOmm, señaló: “Estamos preparando una edición memorable, que celebrará el momento extraordinario que vive Bogotá: con una escena diversa, un público fiel y ávido, una industria madura y sobre todo una gigantesca ola de nuevos proyectos”.

    Conéctese con las redes sociales del evento y no se pierdas ningún anuncio, ¡allá nos vemos!

  • Conozca a María Díaz, la bailarina colombiana que acompañó a Bad Bunny en el Super Bowl

    Conozca a María Díaz, la bailarina colombiana que acompañó a Bad Bunny en el Super Bowl

    Posicionándose como el segundo show de medio tiempo más visto en la historia, y rompiendo el récord de 4.000 millones de visualizaciones durante sus primeras 24 horas en plataformas digitales, el espectáculo del artista puertorriqueño Bad Bunny marcó un precedente en uno de los escenarios deportivos más importantes del mundo.

    Además de ser el primer artista latino masculino en encabezar el medio tiempo en solitario y de entregar un espectáculo mayoritariamente con letras en español, en medio de la tensión vivida por las duras políticas migratorias para los latinos impuestas en Estados Unidos, Bad Bunny entregó un poderoso mensaje a través de la representación de la cotidianidad puertorriqueña, destacando elementos de la cultura latinoamericana, ritmos propios del Caribe y brillando en el escenario junto a destacados actores, músicos y bailarines de distintas latitudes del continente.

    María Díaz, la colombiana que brilla a ritmo de salsa

    Allí estuvo María Díaz, bailarina bogotana de 33 años, quien al ritmo de la salsa dejó en alto el nombre de Colombia. Su presencia en el escenario fue el resultado de una trayectoria construida con disciplina, constancia y un profundo trabajo de confianza personal, consolidado durante el exigente proceso de selección para integrar el ensamble de más de 300 bailarines que acompañaría al ‘Conejo Malo’.

    María migró de Colombia a Estados Unidos a los 10 años. En medio de ese cambio de vida, encontró en la danza una forma de permanecer conectada con sus raíces. Se profesionalizó en ritmos folclóricos colombianos y desarrolló una especial fascinación por la salsa caleña, el mismo ritmo que la llevó a destacar en el show de medio tiempo.

    Un Super Bowl muy latino

    Su participación quedó marcada en una de las escenas más memorables de la noche: la boda celebrada al compás de Die With a Smile, de Lady Gaga, reinterpretada en clave de salsa junto a la interpretación de Baile Inolvidable.

    La terraza, convertida en una auténtica fiesta latina, ofreció imágenes con las que muchos espectadores se sintieron identificados: la gran reunión familiar, la presencia de una orquesta en vivo y el icónico instante del niño durmiendo entre las sillas.

    “No solamente representó a Puerto Rico, representó a Latinoamérica como tal. Una Latinoamérica, que es una América que es multicultural”, comentó María sobre la emoción de ese momento. Para ella, el orgullo de haber sido parte de este espectáculo sin precedentes se tradujo también en la posibilidad de representar a miles de bailarines latinos que dejan sus países en búsqueda de oportunidades, persiguiendo sus sueños, y demostrarles que es posible alcanzar escenarios de esta magnitud.

    El recorrido no ha sido fácil, María reconoce que detrás de la danza hay sacrificios que muchas veces no son vistos por los espectadores.

    El estar lejos de su familia por años, crear una vida nueva en un país distinto y entregarse por completo a la meta final de ser la mejor en su disciplina, se vieron recompensados en un momento que, según ella, afortunadamente pudo disfrutar estando presente, sin preocupaciones externas y confiando en la memoria muscular lograda tras las arduas jornadas de ensayos previas al show.

    María Díaz, una bogotana que brilla con luz propia

    Toda esta experiencia le recordó a María los dos mundos que habitan en ella. Su infancia en Bogotá, como una ciudad en constante movimiento, la preparó para adaptarse al ritmo frenético de Los Ángeles.

    La ciudad que hizo cada vez más grandes sus sueños y que hoy es testigo de sus casi 12 años de estudios profesionales en campos como la fisioterapia, la kinesiología y la danza, conocimientos que le aportan una perspectiva técnica y corporal a su trabajo como bailarina, un recorrido que además la acompañó a dar con seguridad lo mejor de sí junto a Bad Bunny.

    Sintiendo aún la emoción recorrer su cuerpo al recordar cada una de las canciones que interpretó en el show de medio tiempo, María no solo celebra haber izado la bandera de Colombia con su danza.

    También destaca el significado cultural de ese momento: una celebración vibrante de la identidad latinoamericana en un contexto global donde los discursos de odio hacia la diferencia siguen causando profundas fracturas.

    No fue casualidad que uno de los instantes más poderosos del espectáculo llegara con El Apagón. “Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón, batería y reggaetón”, resonó en la secuencia final previa a que Bad Bunny nombrara a los países del continente.

    Allí, entre luces, música y banderas, María también sostuvo una de ellas, participando en una escena que rápidamente se convirtió en uno de los momentos más emotivos del show, replicado miles de veces en redes sociales por la comunidad latina dentro y fuera de Estados Unidos.

    La bailarina lo resume desde una mirada íntima y profundamente humana: “Todo el mundo quiere buscar la manera de conectarse un poquito a lo que somos, sea a nuestra alegría, a nuestra manera de vivir, a nuestra amabilidad (…) Mucha gente ve a los latinos con ojos de esperanza, de familia, de unión, y es muy lindo ver eso. Yo sí podría decir que todo el mundo quiere ser latino”.

    Y quizás allí radica la verdadera trascendencia de aquella noche, más allá del espectáculo, fue una afirmación colectiva de identidad, orgullo y pertenencia.

  • Ruido, tinta y rebeldía: hablamos de punk en La Nevera Sonora

    Ruido, tinta y rebeldía: hablamos de punk en La Nevera Sonora

    Imagínate tener diecisiete años en una ciudad gris, donde el futuro parece una palabra vacía. Las fábricas cierran, los empleos se esfuman y las promesas de progreso se sienten como un mal chiste. Pero en medio de ese paisaje, en la Inglaterra de mediados de los setenta, un grupo de jóvenes decide responder al silencio con ruido, iniciando uno de los movimientos sociales y culturales más importantes de la historia: ¡el punk!

    Como una fuerte patada contra el sistema, un grito desafinado de inconformidad prendió fuego a la música en 1976 cuando la agrupación londinense Sex Pistols, lanzó ‘Anarchy in the U.K.’, su primer sencillo.

    Un llamado a la rebeldía contra el sistema, la autoridad y el consumismo para toda una generación que estaba dispuesta a romper las reglas y crear su propio presente.

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    Si bien es considerada una de las canciones precursoras del movimiento, no podemos negar que fue ‘God Save the Queen’ la que los puso realmente en el mapa, un «anti himno» del himno nacional británico para criticar sarcásticamente a la monarquía y al orden político tradicional.

    El movimiento punk atravesó fronteras e hizo lo propio en el continente americano, donde los jóvenes, específicamente de la ciudad de Nueva York, también estaban buscando formas de sacar la ira que sentían ante un ambiente político convulso por las guerras, la falta de oportunidades y los pocos espacios de encuentro para la diversión.

    En 2 minutos con 15 segundos, la banda liderada por el mítico Joey Ramone, condensó ese sentir en la enérgica ‘Blitzkrieg Bop’, ubicada por muchos como la primera canción del género punk rock, una melodía llena de distorsión y rebeldía que incluso hoy desata la energía de quien la escucha.

    Pero, como suele pasar con la historia oficial, hay una versión que quedó fuera del mapa de los inicios de este género musical, y es que el punk ya había nacido en Latinoamérica para esa época, aunque nadie lo llamara así todavía.

    En 1964, un grupo limeño llamado Los Saicos lanzó ‘Demolición’ y prendió la chispa. Con guitarras desbordadas, gritos salvajes y una letra que decía “¡Echemos abajo la estación del tren!”, crearon el molde del punk para el sur del continente, sin saberlo.

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    Al igual que los Sex Pistols y los Ramones, eran una banda de barrio, sin pretensiones, pero con toda la energía del “hazlo tú mismo”.

    El punk no es solo música, es una forma de vida

    La incidencia del punk en la música cambió para siempre la idea de lo que significa hacer arte. Su lema “Do It Yourself” (DIY, por sus siglas) rompió el molde de la industria musical y de paso el de la cultura tradicional. Las bandas ya no necesitaban un sello discográfico ni un productor, bastaba con conseguir una guitarra prestada, un micrófono barato y muchas ganas de gritar.

    Más allá de un lema que empezó a trasladarse a la vida cotidiana de quienes se empezaron a identificar con el movimiento punk, el DIY también se convirtió en una filosofía política donde cualquiera era capaz de crear, comunicar y organizarse sin depender de un poder adquisitivo elevado o de grandes organizaciones.

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    Gracias a eso, los punks empezaron a hacer sus propios conciertos en sótanos y bares pequeños, a imprimir sus fanzines y a vender carteles y camisetas serigrafiadas en las calles.

    Acciones que fueron llevando al punk a convertirse también en una comunidad. Caótica, diversa, muchas veces contradictoria, pero siempre unida por la búsqueda profunda de autenticidad y libertad en contraposición a la apatía.

    Una comunidad que hoy sigue viva en sellos independientes, colectivos autogestionados, ferias gráficas y bandas que graban desde sus cuartos: nuevas formas de ruido que mantienen encendida la chispa del DIY, en pleno siglo XXI.

    Foto Sex Pistols

    Grupos y discos punk, que marcaron el camino

    Además de las canciones que fueron la chispa con la que el movimiento punk explotó, hay grandes discos que condensan las historias y el sentir de los jóvenes de la época.

    Entre nuestras bandas de referencia encontramos el álbum homónimo de los Ramones, publicado en 1976; y por supuesto, el Never Mind the Bollocks (1977) de los Sex Pistols cambió la historia.Dos años después, se sumó al movimiento The Clash con su disco London Calling.

    En Estados Unidos, Dead Kennedys lanzaron Fresh Fruit for Rotting Vegetables (1980) y Black Flag sacudió California con Damaged (1981), el manifiesto del hardcore. Cada uno representaba una forma distinta de rabia: política, existencial, juvenil.

    Y de esa mezcla nacieron nuevas ramificaciones del género como:

    • Post-punk
    • Anarcopunk
    • Punk feminista
    • Ska-punk
    • incluso el grunge, que tomaba muchos de sus elementos clásicos como inspiración.

    A lo largo de las últimas décadas, medios como la revista Rolling Stone y el portal web especializado Consequence of Sound han coincidido en tener estos discos mencionados como parte de sus listados de bandas y discos más influyentes del género, y no simplemente por nostalgia, sino como un reconocimiento a los sonidos que siguen inspirando a agrupaciones contemporáneas que están llevando ese legado de la estridencia a nuevas generaciones con otros contextos en los cuales levantar la voz.

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    Además, son el punto de partida perfecto para entender cómo el punk se convirtió en un movimiento global.

    Punk a la colombiana

    A medida que esas explosiones sonoras y gráficas se multiplicaban en Europa y Estados Unidos, el punk dejó de ser un fenómeno local para convertirse en un lenguaje global de inconformidad.

    Sus transformaciones viajaron como señales de radio clandestinas, saltando fronteras, inspirando escenas enteras y demostrando que la rebeldía podía tomar otras formas sin perder su filo. 

    Y en ese ruido que cruzaba océanos, Colombia empezó a escuchar su propio llamado: un país atravesado por tensiones políticas y desigualdades donde el punk no llegaría como una moda, sino como una herramienta urgente para nombrar la violencia política, la censura y la desigualdad que definieron la escena nacional de los años ochenta y noventa. 

    En casetes piratas, revistas contrabandeadas y fanzines que se pasaban de mano en mano. Bandas como I.R.A. en Medellín, La Pestilencia, Polikarpa y sus Viciosas y Morgue en Bogotá o L.M.P. en Cali, convirtieron la frustración en canción. Tocaban en garajes, colegios y parques con cero producción o marketing, únicamente motivados por la urgencia de conectar.

    Desde entonces, el movimiento ha crecido muchísimo a lo largo del país, entregando con el paso del tiempo nuevos proyectos que también renuevan y fusionan las raíces del punk con avances tecnológicos o, incluso, con otros géneros musicales cercanos que hagan más fuerte su distorsión.

    En La Nevera Sonora, te compartimos un listado de 10 bandas de punk colombiano para empezar una exploración sonora desde sus inicios hasta el presente:

    El diseño como grito: la estética punk

    El punk no solo cambió la música, también reinventó el lenguaje visual. Desde sus inicios, la estética del movimiento tuvo un papel fundamental y fue quizá el diseñador Jamie Reid, quién empezó a rompió el orden gráfico con sus letras recortadas, sus colores estridentes y sus collages que parecían gritar desde cada página.

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    Sus portadas para los Sex Pistols no fueron simples imágenes promocionales, fueron declaraciones políticas que mezclaban irreverencia, sátira y caos.

    En paralelo a su trabajo, la revista Punk, creada en Nueva York en 1976 por John Holmstrom, convirtió la gráfica en crónica viva del movimiento al unir ilustración, cómic, fotografía cruda y tipografías torcidas que se burlaban de cualquier idea del diseño estándar.

    Iniciativa a la que se sumaron otros proyectos como la revista Punk Planet, fundada en Chicago por Daniel Sinker, que operó de 1994 a 2007 y que cubría una amplia gama de temas dentro de la subcultura punk, incluyendo música, política, feminismo y derechos laborales (En este link puedes recorrer todos sus números).

    El estilo punk destrozó las reglas clásicas. No existía la alineación perfecta ni el blanco limpio, existían las fotocopias sucias, el ruido visual y la tipografía hecha a mano. Cada afiche era una explosión de urgencia y cada fanzine un manifiesto gráfico.

    En ellos convivían la política, el feminismo, el cómic, las críticas al sistema y las confesiones de adolescentes que encontraban en el papel un espacio para expresarse sin filtros. No eran productos editoriales: eran armas culturales hechas con tijeras, pegamento y una fotocopiadora, que se tomaban y perduraban en el espacio público.

    Fue así como la serigrafía también se convirtió en un gesto político. Imprimir tu propio mensaje, con tus propias manos, era una forma de decir: “No necesito que nadie lo apruebe”.

    Camisetas, afiches y stickers circularon siguiendo la tradición del hazlo tú mismo, inspirando a generaciones completas de diseñadores, fotógrafos e ilustradores que entendieron que el diseño no solo comunicaba, también era capaz de movilizar a todo un colectivo.

    Irreverencia punk

    En Bogotá, esa energía gráfica siempre ha estado presente. Ilustradores como Pegatina Criolla tomaron el color, el humor, y lo absurdo para crear ilustraciones que actualizan la irreverencia punk en clave local, mientras que estudios como Mala Influencia recuperan el collage, la tinta y la calle como trincheras de creatividad y crítica social.

    La gráfica punk colombiana tiene su propio acento y demuestra que, aunque la escena ha cambiado, sigue viva la misma necesidad de representar a través de las imágenes aquello que aún incomoda, provoca y necesita ser dicho.

    La moda punk fue una revolución estética que caminaba por las calles. No se trataba solo de ropa, sino de convertir el cuerpo en un manifiesto a través de elementos destacados como las chaquetas de cuero, los pantalones rotos y las botas militares, decorados con parches pintados a mano que denunciaban, burlaban o celebraban aquello que la cultura dominante prefería silenciar. Cada elemento tenía una historia que el punk poco a poco empezó a convertir en un símbolo político.

    La cresta, quizá uno de los símbolos más poderosos del movimiento, tenía una carga histórica distinta. Se inspiraba en los guerreros mohawk, un pueblo indígena de Norteamérica cuya imagen quedó asociada a la fuerza, la autonomía y la dignidad.

    Cuando los punks la adoptaron, la resignificaron como un grito visual contra el sistema con picos afilados con jabón o laca, colores fluorescentes y formas imposibles que desafiaban la gravedad. Llevar una cresta era un acto de confrontación y de orgullo, un gesto que convirtió a la cabeza en estandarte y al peinado en declaración política.

    En La Nevera Sonora exploramos su historia:

    Colombia y el punk

    En Colombia, la estética punk tomó su propio camino, moldeada por el clima, la economía y la creatividad de sus ciudades. Las crestas, las chaquetas que se intervinieron con pinturas caseras y los parches se conseguían en mercados populares como San Victorino en Bogotá.

    En los noventa, vestirse punk en la capital era desafiar la mirada de los desconocidos, pero también era reclamar un espacio propio.

    Hoy esa apuesta sigue viva en bares de punk de la ciudad, en las filas para entrar a toques ocultos y, sobre todo, en festivales como Rock al Parque y Punk al Parque, donde la calle, la música y la moda se mezclan para demostrar que la rebeldía sigue teniendo cuerpo, color y un estilo que no pide permiso.

    Casi cincuenta años después, el punk sigue ahí. No como una moda vintage, sino como una actitud que se cuela en la ropa reciclada, en los colectivos autogestionados, en los proyectos que desafían al algoritmo y a la industria musical. Vive en cada persona que crea sin pedir permiso, que protesta desde el arte, que arma comunidad incluso en medio del ruido.

    El punk nos enseñó que no hace falta tenerlo todo para decir algo poderoso: basta una idea, una hoja, una guitarra o una pantalla. Y aunque el sonido cambie, la esencia sigue intacta como una forma feroz de demostrar en qué creemos.