En el noroccidente de Bogotá, entre puestos de verduras, canastas de huevos y ollas que hierven desde temprano, la plaza del Quirigua guarda una historia que mezcla barrio, migración y cocina popular.
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Allí, en medio de los olores del mercado, la changua aparece como un plato sencillo que dice mucho sobre la vida cotidiana de quienes han encontrado en la cocina una forma de trabajo, sustento y resistencia.
Una plaza que nació con el barrio
La plaza está ubicada en el barrio Luis Carlos Galán, en la localidad de Engativá, un sector que antes de 1970 aún era considerado zona rural.
Con la expansión de la ciudad y el crecimiento de los bordes urbanos hacia el noroccidente, el Instituto de Crédito Territorial promovió la construcción de un proyecto de vivienda unifamiliar que permitió el asentamiento de numerosas familias llegadas desde distintas regiones del país, principalmente de Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Santander y Norte de Santander.
Este proceso de urbanización no solo transformó el territorio, sino que también dio forma a un nuevo tejido social marcado por el encuentro de costumbres, saberes y tradiciones culinarias que hoy siguen vivas en la vida cotidiana del barrio.
Cocinar para resistir
En este capítulo de Pura Plaza, las historias se cuentan a través de dos cocineras: Magdalena González García e Ismenia Lozano. Desde sus cocinas, ellas representan a muchas mujeres que han sostenido la economía familiar preparando corrientazos, esos platos sencillos y económicos que alimentan a trabajadores, vecinos y visitantes del sector.

Su oficio también habla de creatividad: saber cocinar bien con ingredientes básicos y convertirlos en comida abundante y sabrosa.
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Una sopa que reúne historias
Entre las preparaciones que resumen el espíritu del lugar aparece la changua, una sopa caliente hecha con leche, pan y huevo que se sirve desde temprano en la plaza. El huevo, uno de sus ingredientes centrales, simboliza la sencillez de una cocina que aprovecha lo que hay a mano.

