Autor: Julián David Pinzón Bejarano

  • Hip Hop al Parque 2026: rap, beats y scratch llegan al Simón Bolívar EN VIVO por Canal Capital

    Hip Hop al Parque 2026: rap, beats y scratch llegan al Simón Bolívar EN VIVO por Canal Capital

    Hay muchas maneras de entrar al hip hop, una libreta llena de rimas, un beat que se repite hasta encontrar la frase correcta, dos tornamesas, un micrófono o una esquina donde alguien decidió que también tenía algo que decir.

    Hip Hop al Parque reúne todas esas puertas de entrada el 24 y 25 de octubre, y lo podrás disfrutar EN VIVO por Canal Capital.

    El cartel de esta edición conecta escenas de:

    • Brasil
    • México
    • España
    • Chile
    • Francia
    • Estados Unidos
    • Colombia
    • Selección de artistas y DJs bogotanos

    Hay nombres con décadas de trayectoria y proyectos más recientes, rap de contenido social, sonidos underground, boom bap, voces femeninas y artistas que han llevado el género hacia otros territorios.

    De Porto Alegre a Nueva York: el mundo también rapea en Bogotá

    Uno de los viajes más largos del cartel comienza en Brasil con Da Guedes, agrupación formada en Porto Alegre en 1993. Su historia está ligada a los primeros años de consolidación del hip hop brasileño y a una ciudad que desarrolló una escena propia, con una fuerte conexión entre rap, identidad y territorio. El nombre del grupo, de hecho, viene de una calle del barrio Partenon: la Rua Guedes da Luz.

    México tendrá dos momentos diferentes. Por un lado, Hispana, MC que convirtió la palabra en una herramienta para hablar de identidad, experiencias personales y problemáticas sociales. Su recorrido por la escena underground mexicana la convirtió en una de las voces femeninas reconocibles del rap de ese país.

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    Por otro, Geassassin, Solo Cadáver & Drama Theme aterrizan con un proyecto que tiene el pulso de una colaboración entre MCs y productor. Su álbum Visceral, publicado en 2026, reúne 15 canciones y apuesta por un rap de corte lírico y underground. Es una propuesta que permite escuchar cómo distintas geografías latinoamericanas pueden encontrarse en un mismo beat.

    Desde España aparece La Dupla, mientras que Chile tendrá una de las combinaciones más interesantes del cartel: Portavoz & DJ Jopsen. Portavoz es uno de los nombres que mejor encarnan la tradición del rap chileno como espacio para la crítica social y la narración política. Antes de su carrera solista hizo parte de Salvaje Decibel y construyó una obra en la que las barras funcionan también como crónica de una época.

    Y aquí el apellido no basta, DJ Jopsen tiene un papel esencial en esa fórmula. Porque el rap no ocurre solamente en la voz; también está en cómo el beat respira, dónde cae el sample y qué espacio deja la base para que una rima golpee.

    Francia estará presente con Potsikei, mientras Estados Unidos pondrá sobre el escenario una conexión directa con una de las grandes historias del rap de la costa este: Rah Digga & Rampage.

    Rah Digga llegó a la escena estadounidense desde Newark y se hizo un nombre como integrante de Flipmode Squad, el colectivo asociado a Busta Rhymes. Su álbum Dirty Harriet, publicado en 2000, la consolidó como una de las MCs femeninas más destacadas de su generación. Rampage también hizo parte de Flipmode Squad, por lo que su encuentro en Bogotá no será solamente una colaboración: será una conexión con una parte de la historia del hip hop de los noventa.

    Colombia responde con cinco formas de entender el rap

    El mapa nacional reúne a Ali A.K.A. Mind, Izla, Lianna, Pielroja y ZetaZeta, cinco nombres que muestran que el rap colombiano tampoco cabe en una sola fórmula.

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    Ali A.K.A. Mind pertenece a una generación que ayudó a llevar el rap bogotano más allá de sus circuitos iniciales. Su discografía y sus presentaciones internacionales han construido una carrera alrededor de letras que cruzan experiencias personales, conciencia social y observación de la realidad. Su nombre también está profundamente ligado a la historia reciente de Hip Hop al Parque.

    Con Lianna, el rap encuentra otro registro. Su voz se mueve entre el hip hop, el soul y el R&B, con una carrera que comenzó en los primeros años de la década de los 2000 y que ha hecho de la interpretación vocal una parte tan importante como la escritura. En su música conviven la cadencia del rap y una sensibilidad más cercana al canto.

    El cartel colombiano también incluye a Izla, Pielroja y ZetaZeta, tres nombres de distintas generaciones y recorridos que amplían el espectro del rap nacional. En el caso de ZetaZeta, su presencia también refleja cómo el rap colombiano encontró nuevas rutas para circular: además de los escenarios, sus canciones han alcanzado una audiencia importante en plataformas digitales.

    Y entonces aparece Bogotá

    Después de recorrer seis países, el cartel vuelve al lugar donde ocurrirá todo: Bogotá.

    Los MCs distritales de esta edición son Chelo Hop, Clafseis, Clandestino MSR, El Redcode, Kain Amnistia, Most Ralf N Lark, Roll The Voice y Sucio Bang. Ocho propuestas que vienen de diferentes rincones de la escena local y que permiten escuchar varias generaciones, escrituras y maneras de producir rap en la ciudad. 

    Entre ellos está El Redcode, cuyo trabajo encuentra buena parte de su materia prima en la vida cotidiana de Bogotá. Sus canciones convierten el barrio, sus personajes y sus experiencias en barras, mientras trabajos como Montañero, Montañero 2, Sonidos ancestrales, Directrices y Felipe han construido una identidad reconocible dentro del rap capitalino.

    Roll The Voice, por su parte, entiende el hip hop también como una herramienta para romper barreras. El colectivo ha construido una propuesta en la que rapear, crear y ocupar el escenario se convierte en una forma de cuestionar los límites que durante mucho tiempo han rodeado a las personas con discapacidad.

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    En otra frecuencia aparece Most Ralf N Lark, ligado al sonido underground y al boom bap, mientras Chelo Hop, Clafseis, Clandestino MSR, Kain Amnistia y Sucio Bang completan una selección que lleva al festival distintas voces de la escena bogotana.

    Cuatro DJs, dos tornamesas y todo un universo de beats

    DJ Huex, DJ Karl, DJ Revueltaz y Dr. Skratch estarán detrás de las tornamesas. Su presencia recuerda que antes de que una barra llegue al público hay una base que la sostiene, un sample que la transforma y una mano que decide cuándo cortar, mezclar o dejar que el beat respire.

    El 24 y 25 de octubre de 2026, Canal Capital llevará Hip Hop al Parque a sus pantallas y plataformas. Podrá seguirlo por YouTube, Facebook y www.canalcapital.tv, además de Claro 116, ETB 270, DIRECTV 143, Movistar 164 y 113, TDT y Tigo 105.

    *Foto: Nicolás Romero

  • October Big Day 2026: estas son las actividades para observar aves en Bogotá

    October Big Day 2026: estas son las actividades para observar aves en Bogotá

    El próximo 10 de octubre, Bogotá volverá a convertirse en escenario del October Big Day, una jornada internacional que reúne a observadores, expertos y ciudadanos para registrar las aves que habitan o atraviesan distintos territorios del mundo. La ciudad tendrá varias actividades gratuitas y abiertas al público para quienes quieran acercarse a la biodiversidad desde sus parques, cerros y espacios naturales.

    La jornada también coincide con una época importante para la observación de aves en la capital: durante octubre, distintas especies migratorias pasan por la ciudad en sus desplazamientos, sumándose a las aves residentes que pueden encontrarse durante todo el año. Cada registro aporta información a ejercicios de ciencia ciudadana que permiten conocer mejor la biodiversidad.

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    En Bogotá, quienes quieran participar podrán escoger entre diferentes recorridos y jornadas de observación. Estas son algunas de las actividades programadas:

    A mirar aves desde los Cerros Orientales

    El Instituto Distrital de Turismo programó recorridos de observación en los senderos Kilómetro 11, Santa Ana La Aguadora y Quebrada La Vieja, entre las 6:30 a.m. y las 10:00 a.m.

    La experiencia está pensada para acercarse a la biodiversidad de los Cerros Orientales y reconocer las especies que encuentran allí refugio. Para participar es necesario realizar inscripción previa y tener en cuenta que los cupos son limitados.

    Además, los participantes deberán asistir previamente a un taller de avistamiento el 8 de octubre, a las 5:00 p.m., como preparación para la jornada.

    Una pajareada en Maloka

    En el sector de Salitre también habrá espacio para levantar la mirada. Maloka realizará una pajareada entre las 6:30 a.m. y las 10:00 a.m., una actividad gratuita que invita a descubrir las aves que hacen parte del paisaje urbano.

    La jornada contará con el apoyo del Grupo de Trabajo Ambiental de Asosalitre y Vigías del Cielo y requiere registro previo. Es una alternativa para quienes quieran participar en el October Big Day sin salir de los espacios urbanos de la ciudad.

    El Jardín Botánico también se suma

    El Jardín Botánico de Bogotá tendrá una jornada de observación en el Cerro San Francisco Vicachá, a partir de las 7:00 a.m.

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    Este espacio permitirá reconocer la diversidad de aves que puede encontrarse en uno de los escenarios naturales de la ciudad y sumarse a los registros que se realizan durante el October Big Day.

    Usme: aves entre patrimonio y naturaleza

    En el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme la jornada tendrá un ingrediente adicional, naturaleza y patrimonio se encontrarán durante un recorrido de monitoreo y registro de aves endémicas y migratorias.

    La actividad se realizará entre las 7:00 y las 11:00 a.m., con entrada libre y una dificultad catalogada como media. El recorrido permitirá observar las especies presentes en este territorio mientras se conoce un espacio que combina valores arqueológicos, culturales y ambientales.

    El parque hace parte de estos ejercicios de observación desde 2022 y también ha sido escenario de procesos de restauración ecológica. En este lugar se han sembrado más de 10.000 árboles, contribuyendo a la recuperación de sus ecosistemas.

    Un conteo que también cuenta la historia natural de Bogotá

    Participar en el October Big Day no significa únicamente salir a buscar aves con binoculares. Cada observación ayuda a construir un registro colectivo de la biodiversidad y permite saber qué especies están presentes, dónde se encuentran y cuáles llegan a la ciudad durante sus recorridos migratorios.

    En la jornada anterior, Bogotá registró 197 especies de aves y 257 listas de observación, cifras que muestran la diversidad que puede encontrarse en una ciudad atravesada por humedales, parques, cerros, quebradas y otros espacios naturales.

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    Por eso, este 10 de octubre, la invitación es caminar, escuchar con atención y mirar hacia arriba. Entre edificios, árboles y senderos, Bogotá también tiene un paisaje alado que durante un día hará parte de un conteo que ocurre simultáneamente en distintos lugares del mundo.

  • El Puente Tibanica conectará Bosa y Soacha con cuatro carriles, ciclorruta y espacio peatonal

    El Puente Tibanica conectará Bosa y Soacha con cuatro carriles, ciclorruta y espacio peatonal

    El proyecto que busca transformar la conexión entre el suroccidente de Bogotá y Soacha ya dio un paso decisivo. El Puente Tibanica fue adjudicado en octubre de 2026 y permitirá prolongar la avenida Ciudad de Cali hasta la avenida Terreros, en el sector de Ciudad Verde.

    La obra pretende ofrecer una alternativa a la Autopista Sur y facilitar los desplazamientos de quienes se movilizan entre ambos territorios.

    Una nueva conexión entre Bosa y Ciudad Verde

    El puente tendrá 87 metros de longitud y un ancho variable que alcanzará los 63 metros en el costado de Bosa y 49 metros hacia Ciudad Verde. Su diseño contempla cuatro carriles para tráfico mixto, distribuidos en dos por sentido, además de separadores, andenes y espacios destinados a peatones y bicicletas.

    La infraestructura busca formalizar y mejorar las condiciones de conexión en un sector donde la movilidad entre Bogotá y Soacha ha dependido durante años de corredores con alta congestión. De acuerdo con documentos del proyecto, la nueva conexión será una alternativa a la Autopista Sur, actualmente uno de los principales puntos de ingreso y salida entre la capital y el municipio vecino.

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    El proyecto también contempla cerca de 1.000 metros de nuevas calzadas, una intersección semaforizada y dos retornos sobre la avenida Terreros. Estas obras complementarias permitirán distribuir mejor los flujos vehiculares y conectar el nuevo puente con la infraestructura existente en ambos lados del límite entre Bogotá y Soacha.

    Peatones, bicicletas y futuro transporte público

    Uno de los elementos centrales del diseño es que la nueva conexión no estará destinada únicamente a los vehículos. El puente contará con pasos para peatones y bicicletas, una apuesta que busca incorporar diferentes formas de movilidad en un corredor utilizado diariamente por habitantes de Bosa y Ciudad Verde.

    Además, el puente tendrá espacio reservado para cuatro carriles que, en el futuro, podrían ser utilizados por TransMilenio para ampliar su recorrido hasta Ciudad Verde. Con esta conexión, también se busca facilitar los desplazamientos entre Bogotá y Soacha y mejorar las opciones de transporte para quienes viven y trabajan en ambos municipios. 

    La obra tendrá impacto directo en sectores como San Diego, Primavera, La Esperanza, Esperanza-Tibanica y Manzanares, en Bosa, y en los conjuntos residenciales de Ciudad Verde, además de zonas de Hogares y Terreros. Las entidades a cargo estiman que la infraestructura beneficiará a cerca de 250.000 habitantes.

    Una conexión que beneficiará a miles de habitantes 

    El proyecto comenzó a estructurarse desde 2018 y atravesó diferentes etapas de estudios, diseños y factibilidad antes de llegar a la contratación. Su financiación asciende a cerca de $118.896 millones, con aportes de Bogotá, Cundinamarca, Soacha, la Agencia Regional de Movilidad y el Instituto de Caminos y Construcciones de Cundinamarca.

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    La construcción fue adjudicada por $59.808 millones al Consorcio Corredor Vial ICCU 025. Según el cronograma anunciado por la Gobernación de Cundinamarca, las obras comenzarían en diciembre de 2026 y su terminación está prevista para el primer semestre de 2028.

    Más que un nuevo puente sobre la quebrada Tibanica, el proyecto busca crear un corredor de conexión entre dos territorios que comparten buena parte de sus dinámicas cotidianas. Con nuevos espacios para vehículos, peatones y bicicletas, la infraestructura apunta a reducir la dependencia de la Autopista Sur y a mejorar las condiciones de movilidad entre Bosa y Soacha.

    *Foto: Alcaldía de Bogotá

  • Así puede llegar y regresar de Rock al Parque en TransMilenio

    Así puede llegar y regresar de Rock al Parque en TransMilenio

    Si va a Rock al Parque, estas son las estaciones y rutas de TransMilenio que tendrá disponibles para llegar al Simón Bolívar y emprender el regreso después de los conciertos.

    Tres días, más de 60 agrupaciones y miles de personas moviéndose al ritmo de uno de los festivales más grandes de Bogotá. Pero cuando termine el último riff, todavía queda una misión: encontrar la ruta para volver a casa. Por eso, TransMilenio preparó una operación especial para Rock al Parque 2026, con servicios troncales y 17 rutas TransMiZonales con operación extendida durante las tres jornadas, el sábado 10, domingo 11 y lunes festivo 12 de octubre.

    Para llegar al festival: estas son las estaciones que le sirven

    Rock al Parque tendrá sus accesos principales por los costados oriental y occidental de la calle 63 y por la carrera 60. Para quienes lleguen en TransMilenio, las estaciones que conviene tener en el radar son 7 de Agosto, Movistar Arena, CAN–British Council y Salitre El Greco–Vive Claro.

    La oferta cambia según el día:

    • Sábado 10 de octubre: operación extendida en 7 de Agosto y Movistar Arena, sobre la troncal NQS, y en CAN–British Council y Salitre El Greco–Vive Claro, sobre la troncal El Dorado.
    • Domingo 11 de octubre: la operación extendida para Rock al Parque estará concentrada en 7 de Agosto y Movistar Arena.
    • Lunes festivo 12 de octubre: volverán a estar disponibles las cuatro estaciones: 7 de Agosto, Movistar Arena, CAN–British Council y Salitre El Greco–Vive Claro.

    La idea es sencilla: llegar con tiempo, bajarse en una estación cercana y completar el recorrido a pie hasta el Simón Bolívar. Las puertas del festival abrirán desde la 1:00 p.m. y las presentaciones comenzarán a las 2:00 p.m.

    Y cuando termine el pogo: 17 rutas para regresar

    Aquí está la información que más puede salvar el viaje de vuelta. Durante los tres días, 17 servicios TransMiZonales tendrán operación extendida, con paraderos sobre la avenida carrera 68 y conexiones hacia distintos sectores de Bogotá.

    Estas son las rutas anunciadas:

    • F410 / A410: Chicó Norte – Tierra Buena.
    • F427 / A427: Centro Andino – Calandaima.
    • D219 / L219: Engativá Centro – La Roca.
    • C101: Engativá – Usme.
    • Z8: Toberín – Metrovivienda.
    • 634: Calle 153 – Bosa San José.
    • A611 / H611: Estación Calle 100 – Santo Domingo.
    • D650: Villas – Gaviotas.
    • T4B: Estación Terminal – Terminal Salitre.
    • 291: Terminal Norte – Tierra Buena.
    • 661: Terminal Norte – Península.
    • E44: El Uval – El Uval.
    • T62: Casa Blanca Norte – Metrovivienda.
    • C276 / K276: CAN – CAN.
    • D213 / A213: Villa Teresita – Galerías.
    • 6518 / A518: Estación Héroes – Porvenir.
    • G50 / A567: Porciúncula – Parques de Bogotá.

    En términos más sencillos, hay alternativas para quienes después del festival tengan que moverse hacia Suba, Engativá, Usaquén, Fontibón, Kennedy, Bosa, Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, el centro y otros sectores de Bogotá.

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    Tres puntos para tener en cuenta al salir

    Por la calle 53: habrá opciones hacia Bosa, Fontibón, el centro, Usaquén y Suba.

    Por la carrera 60: estarán disponibles dos opciones con destinos hacia Suba, Usme, Engativá y el centro.

    Por la calle 63: habrá servicios hacia Engativá, calle 80 y el centro. Como esta vía tendrá cierres y desvíos durante el festival, las rutas circularán por la avenida carrera 68.

    ¿Hasta qué hora funcionarán?

    Esta es la parte que conviene tener clara antes de salir del festival: TransMilenio no estableció una única hora de finalización para esta operación especial. Los despachos de los servicios se ajustarán de acuerdo con la demanda de usuarios y los horarios y trazados pueden consultarse en la página de TransMilenio y en la TransMiApp.

    Por eso, más que memorizar una hora de cierre, la recomendación es revisar la ruta que necesita antes de abandonar el parque. También es buena idea llegar con la tarjeta tullave recargada y personalizada, para evitar que el regreso se convierta en el verdadero acto de cierre de Rock al Parque.

    Además: V for Volume y una historia de transformación en Rock al Parque

    Y un dato más para quienes planean llegar o salir por la calle 63: habrá cierre vial entre la avenida 68 y la carrera 60 desde las 11:00 a.m. hasta la medianoche, con los respectivos desvíos para el transporte público.

    Así que ya sabe, puede gastar toda la energía frente a las tarimas, saltar, cantar y poguear. Pero antes del último concierto, revise qué estación le sirve y qué ruta lo acerca a su casa. Porque en Rock al Parque, saber volver también hace parte del repertorio.

    *Foto: Nicolás Romero

  • Sergio Marchi destaca a Rock al Parque como una institución del rock que trasciende fronteras

    Sergio Marchi destaca a Rock al Parque como una institución del rock que trasciende fronteras

    Rock al Parque no es solamente una sucesión de conciertos. Para Sergio Marchi, periodista argentino especializado en rock, el festival representa una experiencia cultural que combina música, público, periodistas, artistas y equipos técnicos alrededor de una misma celebración. Invitado a participar en el Foro Internacional de Periodismo de Rock – Rock al Parque 30 años, Marchi llega a Bogotá con curiosidad y con la mirada de quien viene de una escena donde no existe una tradición comparable de festivales públicos y gratuitos.

    Un festival que encontró su propia identidad

    Marchi reconoce que parte de su aproximación a Rock al Parque comienza desde una confesión: no conoce en detalle sus 30 años de historia. Esa distancia, sin embargo, le permite observar aquello que diferencia al festival colombiano de buena parte de los encuentros musicales que conoce en Argentina.

    En su país existen festivales privados y algunos eventos gratuitos, pero, según explica, no hay una tradición sostenida durante tres décadas como la que representa Rock al Parque. Para él, esa característica ya marca una diferencia y ayuda a explicar por qué el festival terminó construyendo una identidad propia.

    “Lo bueno de Rock al Parque es que se ha vuelto como una especie de institución.”

    A esa identidad se suman los artistas internacionales, los encuentros entre periodistas de distintos lugares y la posibilidad de que diferentes escenas musicales entren en contacto. Para Marchi, todo ese movimiento alrededor de la música también hace parte de lo que convierte a un festival en un espacio cultural y no únicamente en una programación de conciertos.

    Puedes leer: V for Volume y una historia de transformación en Rock al Parque

    Su reconocimiento va más allá de la ciudad. Después de dos años viviendo en Colombia, el periodista asegura que le resulta significativo comprobar cómo el nombre de Rock al Parque ha cruzado las fronteras de Bogotá y del país hasta convertirse en una referencia para los círculos roqueros de otras latitudes.

    El público, el periodismo y las bandas que todavía no conocemos

    Uno de los asuntos que más le interesa a Marchi es la relación entre el festival y la formación de públicos. El espectador tiene sus preferencias, llega buscando determinadas bandas y difícilmente puede ser conducido por completo hacia nuevos sonidos. Pero ahí aparece, considera, una responsabilidad para quienes cuentan la música.

    Los periodistas pueden poner sobre la mesa nuevas propuestas, explicar por qué vale la pena escucharlas y ampliar la conversación alrededor de artistas que quizá todavía no hacen parte del radar del público.

    “Los periodistas tenemos un poquito de responsabilidad, pero también el público no lo podés manejar.”

    Esa será parte de la conversación que Marchi llevará al Foro Internacional de Periodismo de Rock – Rock al Parque 30 años, donde participará como primer orador. El desafío, reconoce con humor, es preparar una charla que consiga decir algo interesante sobre un oficio que también cumple una función dentro de la escena musical.

    Pero su mirada sobre Rock al Parque no termina en la prensa ni en las bandas. Para Marchi, cada festival es una oportunidad de encuentro en la que también participan quienes hacen posible que la música llegue al escenario: sonidistas, iluminadores, técnicos, productores y equipos provenientes de diferentes lugares.

    Una reunión de tribus y una memoria por construir

    Esa dimensión colectiva es, precisamente, otra de las características que encuentra en Rock al Parque. Marchi describe los festivales como una suerte de reunión en la que nunca se sabe completamente qué ocurrirá cuando todas esas personas coincidan en un mismo lugar.

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    La experiencia, dice, no depende solamente de los músicos y del público. También está determinada por la disposición de quienes trabajan detrás del escenario, por su voluntad de colaborar y por el objetivo común de que cada artista pueda entregar el mejor espectáculo posible.

    “Es como la reunión de las tribus.”

    Para Marchi, formar parte de esta edición es apenas una pequeña pieza dentro de una historia mucho más grande. Su participación como periodista, invitado y espectador se suma a un legado que, después de tres décadas, ya pertenece a varias generaciones del rock.

    Y quizá esa sea una de las particularidades que más le interesan de su llegada a Bogotá, no solo venir a escuchar bandas, sino encontrarse con una historia que ya tiene 30 años sonando y que ahora le permitirá sumar su propia mirada a la memoria de Rock al Parque.

    *Foto: Nicolás Romero

  • La Monky Band regresa a Rock al Parque con más experiencia, energía y un show renovado

    La Monky Band regresa a Rock al Parque con más experiencia, energía y un show renovado

    Para La Monky Band, volver a Rock al Parque no significa simplemente repetir una presentación. Después de su debut en 2024, la agrupación bogotana regresa al festival con más experiencia, nuevos aprendizajes y la intención de llevar a la tarima el recorrido que ha construido durante más de una década.

    David Jiménez, conocido como Daviko y baterista de la banda, asegura que llegar hasta este punto ha sido resultado de un proceso de 10 años de trabajo. En ese camino, las dificultades y las caídas también se convirtieron en parte fundamental del aprendizaje.

    “Muchas veces caerse es más importante que ganar”, explica Daviko al recordar el recorrido de la agrupación. Para el baterista, cada tropiezo les permitió encontrar nuevas maneras de hacer las cosas y acercarse a aquello que siempre han querido construir.

    Aunque reconoce que todavía queda mucho por alcanzar, considera que esos años de trabajo han sido determinantes para convertir a La Monky Band en lo que es actualmente.

    Una banda que cambia sin perder su esencia

    Durante estos años, Monky band también ha experimentado una evolución musical. Sin embargo, hay elementos que, según Daviko, permanecen intactos: la fuerza, la energía, el baile y la alegría que han acompañado a la agrupación desde sus primeras grabaciones.

    La diferencia está en todo lo que han aprendido en el camino. La banda ha crecido en aspectos musicales, técnicos, vocales y estructurales, mientras continúa explorando nuevos ritmos, cortes y arreglos. La intención, explica el baterista, no ha sido quedarse en una fórmula, sino seguir buscando qué más puede aportar la agrupación a su sonido.

    Puedes leer: Lutter cumple su sueño de llegar a Rock al Parque

    Esa transformación también está relacionada con la manera en que entienden el trabajo colectivo. Mauricio López Alcalá, conocido como Pollo y vocalista de La Monky Band, señala que cada persona que llega a la agrupación aporta su propia energía.

    Para Pollo, esa dinámica no se limita a los músicos. El equipo técnico y las personas encargadas del sonido, las fotografías, las luces y las demás labores también hacen parte de esa energía.

    Incluso los ensayos terminan convirtiéndose en espacios de encuentro y diversión que después se reflejan en las presentaciones.

    Volver a Rock al Parque con una nueva responsabilidad

    El regreso al festival tiene un significado especial para la agrupación. Su primera participación, en 2024, coincidió con un momento que la banda considera determinante para confirmar que podía alcanzar nuevas metas. Ahora, regresar como una de las agrupaciones ganadoras de la beca de mediana trayectoria supone un reto diferente.

    “Volver este año a Rock al Parque a celebrar los 30 años (…) nos llena de mucha más responsabilidad”, afirma Pollo. La agrupación tendrá 40 minutos para presentar su propuesta y mostrar no solo su propia evolución, sino también una mirada al rock bogotano.

    Más allá del horario o de la cantidad de personas que puedan encontrarse frente a la tarima, la banda espera que su música logre conectar con quienes lleguen a escucharla. Para Pollo, incluso llegar a un grupo reducido de personas y conseguir que disfruten la presentación sería motivo suficiente para sentirse satisfechos.

    David Nesta, sonidista de La Monky Band, coincide en que la energía de la agrupación nace de su propia forma de relacionarse. La música, explica, funciona como un reflejo de lo que ocurre cuando están juntos: compartir, divertirse y disfrutar de la música.

    Por eso, uno de los propósitos de la banda es reducir la distancia entre escenario y público hasta convertir la presentación en un encuentro colectivo. La fiesta, el movimiento y la energía que caracterizan a La Monky Band buscan que quienes estén frente a la tarima no sean únicamente espectadores, sino parte de lo que ocurre durante el show.

    Además: Pez Errante y el corazón de las bandas distritales en Rock al Parque

    Para esta nueva presentación, la agrupación asegura que llega con un espectáculo preparado desde la experiencia de su primera participación y de todo lo que ha ocurrido desde entonces.

    Entre caídas, momentos de celebración y aprendizajes, La Monky Band se prepara para regresar a Rock al Parque: serán 40 minutos que reflejen su crecimeinto.

    La banda sabe que el escenario será también una oportunidad para seguir creciendo y para que nuevas personas entren en contacto con su música. Esta vez, con tres décadas de Rock al Parque como telón de fondo, La Monky Band quiere demostrar cuánto puede cambiar una banda sin perder la energía que la hizo comenzar.

    *Foto: IG La Monky Band

  • Lutter llega a Rock al Parque con un sueño que comenzó en 2003

    Lutter llega a Rock al Parque con un sueño que comenzó en 2003

    Lutter está a punto de cumplir uno de los sueños que sus integrantes comenzaron a construir desde que empezaron a hacer música en 2003. Para la agrupación, llegar a Rock al Parque representa años de trabajo, madurez y la transformación de una pasión en un proyecto que hoy asumen profesionalmente.

    Construir una banda también es crecer

    Para Julián Rojas, guitarrista de Lutter, hay algo que no ha cambiado desde aquellos primeros años: las ganas y el deseo de “comerse el mundo” con la música. Lo que sí se transformó fue la manera de asumir la banda. Con el tiempo, tuvieron que madurar y dejar de verla como un hobby para entenderla como un trabajo y como un proyecto que les pertenece.

    Jorge González, vocalista de la agrupación, recuerda que parte de la identidad de Lutter comenzó a definirse cuando se incorporó a la banda y empezó a escribir las letras junto a Rojas. En ese proceso fueron encontrando el sonido que querían construir, tomando elementos de distintos géneros y dejando que las canciones avanzaran hacia aquello que realmente les gustaba.

    Puedes leer: Pez Errante y el corazón de las bandas distritales en Rock al Parque

    Para González, ese camino también permitió que Lutter encontrara un espacio para el pop punk en Rock al Parque, un género que, según el vocalista, cuenta con una importante comunidad de seguidores. Su participación representa así una oportunidad para llevar ese sonido a uno de los escenarios musicales más importantes de Bogotá.

    Rock al Parque como un nuevo comienzo

    La llegada al festival tiene además un significado personal para Julián Rojas, cumplirle la promesa a aquellos jóvenes que comenzaron a tocar un instrumento y soñaron con tener una banda. Ahora, al alcanzar esa tarima, Lutter puede mirar ese recorrido con la satisfacción de haber llegado a un lugar que imaginó durante años.

    Para Fercho Real, baterista de Lutter, pisar el escenario que veía desde pequeño también hace que el sueño sea más tangible, pero al mismo tiempo aumenta la ambición. Al recordar que desde pequeño vio en esa tarima a bandas como Kraken y La Pestilencia, el músico asegura que, una vez cumplido este sueño, llegará el momento de preguntarse qué sigue.

    Y ese “qué sigue” ya comienza a tomar forma para la banda. El siguiente paso implica más música, nuevas grabaciones y escenarios de mayor alcance. Camilo Vargas, guitarrista de Lutter, explica que el crecimiento de la agrupación también exige inversiones y un equipo de trabajo más amplio, hasta el punto de que el proyecto termina funcionando casi como una empresa que debe atender distintos frentes.

    Además: V for Volume y una historia de transformación en Rock al Parque

    En ese camino, las experiencias compartidas con agrupaciones de mayor trayectoria también han ampliado sus expectativas. Alejandro Chacón Flórez, bajista de la banda, señala que haber compartido escenario con Simple Plan y Asking Alexandria les permitió tener otra perspectiva sobre lo que pueden hacer y, después de esas experiencias, entender que Lutter está hecha para grandes cosas.

    Así, el debut de Lutter en Rock al Parque reúne el pasado y el futuro de la agrupación: el sueño que comenzó en 2003 y las nuevas metas que empiezan a aparecer justo cuando uno de sus grandes sueños está a punto de cumplirse.

    *Foto: Nicolás Romero

  • “Las mujeres somos importantes en el rock”: María José Camargo sobre V for Volume y Rock al Parque

    “Las mujeres somos importantes en el rock”: María José Camargo sobre V for Volume y Rock al Parque

    V for Volume nació en 2008 y, desde entonces, su historia ha estado marcada por la transformación. La banda ha cambiado de integrantes, sonidos y formas de presentarse en escena, pero ha conservado algunas influencias que siguen haciendo parte de su identidad: el punk, el metal, la música electrónica, las fiestas y los raves.

    Para María José Camargo, vocalista de la agrupación, esa capacidad de mutar es precisamente una de las características principales de V for Volume.

    La cantante considera que la banda nunca ha encajado en una sola categoría y que tampoco busca hacerlo. “Nadie nunca nos ha podido poner en una cajita y nunca van a poder ponernos en una cajita”, afirma.

    Esa búsqueda también atraviesa la manera en que la banda construye sus presentaciones. V for Volume se caracteriza por una puesta en escena física y enérgica, en la que sus integrantes terminan involucrándose directamente con el público.

    Camargo describe esa conexión como una especie de “violencia de amor”, una energía que hace parte de la experiencia de la banda en vivo.

    Una banda que encontró en la experimentación su propia identidad

    La identidad visual y sonora de V for Volume también está relacionada con las inquietudes de sus integrantes. Camargo recuerda que en los comienzos de la agrupación había una curiosidad compartida por los fanzines, el anarquismo, la novela gráfica. Esa mirada amplia terminó reflejándose también en sus videos y en la estética de la banda.

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    Con el paso de los años, la cantante asumió un papel cada vez más activo en la composición y producción. Reconoce que al principio esperaba que alguien más le diera el impulso para comenzar a desarrollar sus canciones, hasta que decidió tomar las riendas de ese proceso. Desde entonces, asegura, ha procurado mantener una producción constante.

    Ese recorrido también modificó su propia manera de entender la identidad artística. Camargo sostiene que no la concibe como algo fijo, sino como un proceso de descubrimiento y reinterpretación. En su caso, la vulnerabilidad ocupa un lugar central en esa búsqueda: escuchar lo que aparece, dejarse llevar por el instinto y permitir que las ideas encuentren su propia forma.

    V for Volume y sus distintas etapas en Rock al Parque

    La relación de V for Volume con Rock al Parque también ha acompañado esa transformación. La primera participación de la banda ocurrió poco después del lanzamiento de su primer material y llegó en un momento de crecimiento acelerado. Camargo recuerda que todo sucedió tan rápido que no tuvieron tiempo suficiente para dimensionar lo que significaba estar en el festival.

    La segunda presentación tuvo otro contexto. La agrupación llegó a una etapa en la que ya había una conciencia más clara sobre su identidad y sobre lo que quería decir desde el escenario. Camargo recuerda que aquella puesta en escena estuvo atravesada por una mirada feminista y por la reivindicación del papel de las mujeres en el rock.

    “Las mujeres somos importantes en el rock”, señala la vocalista al recordar ese momento, que también estuvo relacionado con su trabajo en Todo Poderosa, colectivo de mujeres en la música.

    La presentación se convirtió así en otro espacio para llevar al escenario algunas de las ideas y preocupaciones que atravesaban a la artista en ese momento.

    Ahora, V for Volume prepara una nueva participación en Rock al Parque con una propuesta diferente. La banda trabaja en una presentación con elementos teatrales, vestuario y recursos visuales, la idea, explica Camargo, es llevar esa narrativa al festival y convertir el concierto en una experiencia en la que las historias, las imágenes y la interacción con el público tengan un papel fundamental.

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    Para esta edición de Rock al Parque, V for Volume promete una presentación con sorpresas, momentos de interacción y una puesta en escena pensada especialmente para el encuentro con el público. Después de una historia marcada por los cambios, la banda vuelve al festival manteniendo aquello que Camargo considera esencial: la curiosidad por descubrir qué puede venir después.

    Porque si algo ha definido a V for Volume desde 2008 es precisamente eso, mutar sin perder su esencia y seguir creando sin aceptar una etiqueta que la defina por completo.

    *Foto: V for Volume

  • ¿Por qué algunas calles de Bogotá tienen nombres de países, ciudades y personajes?

    ¿Por qué algunas calles de Bogotá tienen nombres de países, ciudades y personajes?

    Caminar por las calles más antiguas de Bogotá es recorrer una ciudad que ya no existe. Basta levantar la mirada para encontrar nombres que parecen pertenecer a otro tiempo: Calle de la Fatiga, Calle del Embudo, Calle de las Culebras, Calle del Pecado Mortal, Calle de los Herreros, Calle del Silencio o Cara de Perro. Hoy pueden parecer curiosos, pero alguna vez fueron referencias cotidianas para quienes vivían en Santa Fe.

    Antes de que Bogotá se organizara mediante calles y carreras numeradas, sus habitantes necesitaban otras formas de orientarse. Una vía podía recibir el nombre de una iglesia, un oficio, una fuente de agua, una característica del terreno o una historia que circulaba entre los vecinos. El nombre no era solamente una dirección: describía el lugar y ayudaba a construir una memoria colectiva.

    El Archivo de Bogotá explica que hasta el siglo XVII las calles no tenían una nomenclatura oficial y eran reconocidas precisamente por esas características. Aparecían nombres como la calle del Árbol, la del Silencio, la de las Brujas, la del Panadero o la de la Agonía. En 1774, el virrey Manuel Guirior ordenó poner nombres a las calles y números a las casas, aunque durante décadas convivieron las denominaciones oficiales con los nombres utilizados popularmente.

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    Así comenzó a formarse un mapa que, más que un plano, parecía un relato de la ciudad.

    La Calle de la Fatiga, cuando una pendiente terminó bautizando una calle

    Hay nombres que no necesitan una gran leyenda. Basta caminar por el lugar para entenderlos.

    La Calle de la Fatiga, correspondiente a la actual calle 10 en el sector cercano a la carrera 4, recibió su nombre por la pendiente que hacía especialmente exigente recorrerla. Quien emprendía el ascenso entendía rápidamente por qué los habitantes la identificaban de esa manera.

    La Calle de la Fatiga
    Foto: Alcaldía de Bogotá

    Pero esta calle también conserva una historia relacionada con el agua. Parte de su recorrido estuvo vinculado con Aguanueva, sistema que durante el periodo colonial conducía aguas del río San Francisco hacia la Plaza Mayor. Una vía que hoy hace parte del recorrido por el Centro Histórico fue, entonces, parte de una infraestructura fundamental para la antigua Santa Fe.

    El nombre resume una de las características de aquella nomenclatura: la ciudad podía bautizar un lugar simplemente por aquello que sus habitantes experimentaban al recorrerlo.

    La Calle del Embudo, donde Bogotá dejó de parecer una cuadrícula

    Hay lugares que parecen resistirse a la geometría. Uno de ellos es la Calle del Embudo, en el entorno del Chorro de Quevedo.

    Su nombre está relacionado con la forma particular de la vía. Sus aceras forman un ángulo agudo y el espacio se estrecha en uno de sus extremos, produciendo la apariencia de un embudo.

    La Calle del Embudo
    Foto: Visit Bogotá

    Pero la forma de esta calle también habla de cómo creció Bogotá. Mientras buena parte de la ciudad colonial fue organizada bajo una cuadrícula, en este sector la topografía y los caminos anteriores al trazado español dieron lugar a calles más irregulares. El Embudo es, en cierta forma, el resultado de una ciudad que intentó ordenarse sobre un terreno que no siempre se dejó ordenar.

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    Hoy el callejón es uno de los espacios más reconocibles del entorno del Chorro de Quevedo y conserva parte de la memoria urbana de la época colonial y republicana.

    La Calle de las Culebras, cuando la naturaleza también puso nombres

    La antigua Bogotá tenía una relación mucho más directa con el agua y el paisaje natural. Quebradas y riachuelos atravesaban sectores que posteriormente fueron canalizados o incorporados a la trama urbana.

    La Calle de las Culebras
    Foto: Alcaldía de Bogotá

    Entre las carreras 5 y 7 existió la Calle de las Culebras. Según la historia conservada por el Distrito, su nombre estaba relacionado con los riachuelos cercanos y con las serpientes que habitaban esos cursos de agua y que, de acuerdo con la tradición, llegaban incluso a las viviendas de los alrededores.

    El nombre funciona como una pequeña fotografía de aquel paisaje desaparecido. Antes de que Bogotá cubriera buena parte de sus aguas y transformara su entorno natural, los animales también formaban parte de la experiencia cotidiana de la ciudad.

    Cara de Perro, una calle donde también caminaban los espantos

    Entre los nombres más particulares aparece Cara de Perro, una antigua denominación que, según el Archivo de Bogotá, surgió de un espanto de la tradición popular.

    La calle estaba en el sector de la actual calle 15, entre carreras 2 y 3, de acuerdo con investigaciones que han rastreado documentos históricos y nomenclaturas antiguas. La tradición tiene distintas versiones: una de las más conocidas habla de un perro negro sin cabeza que aparecía durante la noche; otras describen una criatura con cuerpo humano y rostro de perro. 

    Cara de Perro
    Foto: Bogo Bike Tours

    Más allá de las variantes de la leyenda, el nombre quedó documentado y formó parte del lenguaje cotidiano de los habitantes. Pero no sobrevivió a los cambios de nomenclatura. En 1849, la calle pasó a llamarse Carrera de Chiriquí, dentro de una reorganización que comenzó a sustituir muchos nombres tradicionales por referencias vinculadas con la nueva geografía política y la gesta independentista. 

    El Pecado Mortal, las historias que recorrían Bogotá después del anochecer

    La antigua Calle del Pecado Mortal, en el sector de la calle 21 entre las carreras 1y 3, recibió su nombre de un personaje que recorría Santa Fe durante la noche.

    Según el Distrito, llevaba una capa larga y un sombrero, una linterna y una campanilla. Caminaba por las calles pidiendo limosna para quienes estaban en pecado mortal.

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    La historia muestra una ciudad en la que la noche tenía sus propios personajes, sonidos y temores. Una figura que recorría las calles podía terminar dejando su huella en el mapa, de la misma manera que una iglesia, un oficio o una fuente de agua.

    La Calle de los Amigos, cuando una esquina se convirtió en punto de encuentro

    En el Centro Histórico también hubo calles cuyos nombres surgieron de las costumbres de quienes las recorrían. Es el caso de la Calle de los Amigos, una denominación que la tradición relaciona con un antiguo punto de encuentro de los habitantes de Santa Fe.

    Según esta versión, un reloj ubicado en el sector servía como referencia para quienes necesitaban encontrarse y no tenían uno propio. Mientras esperaban, las personas conversaban y se reunían alrededor del lugar, hasta que la costumbre habría terminado dándole nombre a la calle.

    Calle de los Amigos
    Foto: Alcaldía de Bogotá

    Más que señalar un oficio o una característica física, el nombre conservaba así una escena de la vida cotidiana: personas que llegaban a un mismo punto, esperaban, conversaban y convertían ese lugar en una referencia dentro de la ciudad.

    Ese tipo de denominaciones permite entender que la antigua nomenclatura de Bogotá también podía construirse desde las relaciones entre sus habitantes. Antes de que las calles fueran identificadas principalmente por números, la memoria de quienes las transitaban también ayudaba a ponerles nombre.

    De las calles de las Brujas a Caracas, Chile y Quito

    Pero los nombres curiosos no desaparecieron simplemente para dar paso a los números. Bogotá también comenzó a incorporar al mapa referencias geográficas y políticas que todavía permanecen.

    La Avenida Caracas recibió oficialmente ese nombre en 1932 como homenaje a los libertadores y próceres venezolanos. La Avenida Ciudad de Quito fue establecida en 1956 como homenaje a la capital ecuatoriana, mientras que la Avenida Chile quedó incorporada a la nomenclatura bogotana como expresión de los vínculos entre Bogotá y Santiago de Chile.

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    Son nombres que cuentan otro tipo de historia. Ya no hablan de una pendiente, una fuente, un oficio o un espanto, sino de las relaciones de Bogotá con otras ciudades, países y territorios.

    El mapa urbano comenzó así a convertirse también en un mapa de la memoria política y geográfica.

    Un mapa hecho de recuerdos

    Quizás por eso las placas antiguas de La Candelaria resultan tan particulares. Junto a los números que permiten localizar una dirección en la ciudad moderna todavía aparecen palabras pertenecientes a otra Bogotá.

    El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural ha señalado que las calles permiten observar la convivencia entre las toponimias oficiales y las formas populares de nombrar la ciudad. Algunas vías terminaron teniendo, en la práctica, dos identidades: una hecha de números y otra construida por la memoria.

    Por eso, cuando una placa dice Calle de la Fatiga, Calle del Embudo, Calle de las Culebras o Cara de Perro, Bogotá no solo está señalando un lugar.

    Está recordando que alguna vez sus calles también tuvieron voz.

    *Foto: Alcaldía de Bogotá

  • “Fui descubriendo el festival a través de una pasión”: Simona Sánchez y su historia con Rock al Parque

    “Fui descubriendo el festival a través de una pasión”: Simona Sánchez y su historia con Rock al Parque

    Simona Sánchez conoció Rock al Parque antes de tener un micrófono en las manos. Primero estuvo entre el público, después llegó el periodismo, más tarde la presentación y, con el tiempo, la gestión de artistas. En cada una de esas estaciones encontró una manera distinta de relacionarse con un festival que, como ella misma ha contado, fue descubriendo desde la música.

    “Fui descubriendo el festival a través de una pasión”, recuerda Sánchez al hablar de aquellos primeros años en los que llegaba como espectadora, permanecía durante toda la jornada y se mezclaba con los públicos que convertían el parque en un territorio de guitarras, amplificadores y encuentros. Antes de narrar Rock al Parque, lo vivió desde adentro: como quien aprende un festival caminándolo.

    Su relación con el evento cambió cuando comenzó a acercarse desde el periodismo. Ya no se trataba solamente de escuchar a las bandas o vivir el pogo, sino de conversar con sus protagonistas, entender las escenas y encontrar las historias que ocurrían alrededor de los escenarios. Esa transición le permitió mirar el festival desde otro ángulo sin dejar atrás la experiencia de quien alguna vez estuvo al otro lado de la tarima.

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    Una voz entre muchas escenas

    Cuando llegó a la presentación, el reto fue distinto. Rock al Parque reunía públicos con códigos, lenguajes y maneras de vivir la música muy diferentes. No era lo mismo hablarle a un público de metal que a uno de punk, hardcore, reggae o cualquier otra escena. La tarea consistía en leer esas diferencias y encontrar la forma de comunicarse con cada una sin convertirlas en una sola.

    “Ser conscientes de la diversidad de públicos que había”, explica Sánchez al recordar uno de los aprendizajes centrales de esos años. 

    La presentación, en ese sentido, no consistía únicamente en anunciar una banda; también implicaba entender qué estaba pasando frente al escenario, reconocer la energía de cada público y saber cuándo acompañar ese momento con una palabra y cuándo dejar que la música hiciera el resto.

    Durante años, además, las jornadas de presentación se extendieron por los tres días del festival. Mientras una banda podía tener 45 minutos o una hora sobre el escenario, quienes estaban al frente de la conducción permanecían durante buena parte de la jornada, atravesando cambios de público, sonidos y estados de ánimo. Esa experiencia terminó convirtiendo la voz de quienes presentaban en otra capa de la memoria de Rock al Parque.

    “Presentar Rock al Parque ha sido de las experiencias más potentes que yo he tenido en mi vida”, dice Sánchez. Y quizá esa potencia tenga que ver precisamente con haber conocido el festival desde tantos lugares: primero como espectadora, después desde el periodismo y finalmente como una de las voces que acompañaron sus escenarios.

    Un festival que también cuenta a Bogotá

    Para Sánchez, esa diversidad no es un detalle alrededor del festival, sino parte de lo que Rock al Parque ha construido en Bogotá. Durante sus primeras décadas, escenas que no necesariamente compartían espacios, metal, punk, hardcore, reggae, ska, rap y otras músicas, encontraron en el parque un lugar para coincidir, escucharse y, a veces, simplemente aprender a convivir.

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    Por eso, su historia con Rock al Parque también puede leerse como una historia de la ciudad. El festival ha cambiado junto con sus públicos, sus formas de escuchar música y sus maneras de encontrarse. Hoy buena parte del descubrimiento musical ocurre a través de plataformas y pantallas, pero la experiencia de compartir un espacio físico con miles de personas sigue teniendo un significado particular.

    Después de haber estado en distintos lados del escenario, Sánchez entiende Rock al Parque como un festival hecho de muchas capas: las bandas, los públicos, las voces, los oficios y las memorias que se van acumulando edición tras edición. Una relación que comenzó entre el público y que terminó llevándola al micrófono, pero que nunca dejó de tener la música como punto de partida.

    *Foto: Nicolás Romero

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