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Las guerras y los conflictos: un tema que a muchas niñas y niños les genera preguntas

Quizá muchas niñas y niños se pregunten por las situaciones de guerra y conflictos que ocurren en el mundo. ¿Cómo abordar estos temas en familia? En eureka hablamos con dos expertas que tienen las recomendaciones indicadas para diferentes situaciones.

¿Cómo hablar de guerras y conflictos con niñas y niños?

Encender el televisor, escuchar la radio o simplemente abrir las redes sociales puede significar encontrarse con noticias sobre guerras, ataques o crisis humanitarias en distintos lugares del mundo. Situaciones como las que ocurren en Gaza, Ucrania, Sudán o Irán aparecen con frecuencia en los titulares, y muchas veces se mezclan con hechos de violencia que también ocurren más cerca de casa, como los relacionados con el conflicto armado en Colombia.

En medio de este flujo constante de información, no es extraño que niñas y niños escuchen conversaciones, vean imágenes o hagan preguntas sobre lo que está pasando.

Y es que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, desde 2012 el mundo atraviesa una “nueva era de conflicto y violencia”, en donde están ocurriendo diversos enfrentamientos que afectan a muchos países, culturas y por supuesto, a miles de personas. El proyecto Uppsala Conflict Data Program (UCDP) registró en 2024 un total de 61 conflictos en los que participó al menos un Estado, la cifra más alta desde 1946.

En la misma línea, en 2025 el Global Peace Index señaló que desde 2014 la paz mundial ha disminuido cada año y que los riesgos globales se encuentran en su punto más alto desde la Segunda Guerra Mundial. Anotaron que sólo en 2024 hubo 59 conflictos estatales activos y más de 152.000 muertes por enfrentamientos armados, mientras que el desplazamiento forzado alcanzó cifras récord: 123,2 millones de personas a finales de 2024 y más de 122 millones para abril de 2025.

Gran parte de estas crisis se concentran en África, Oriente Medio y partes de Asia, donde las tensiones políticas internas, las disputas por recursos y otros factores siguen alimentando la violencia. Y es que si bien, en Colombia llevamos más de 50 años en medio de un conflicto armado interno, las situaciones actuales, sumado al acceso a redes, han hecho que sea mucho más fácil encontrarse con información sensible que puede estar llegando de manera directa a chicas y chicos. En este escenario, cada vez más familias se enfrentan a una pregunta necesaria: ¿cómo hablar de guerras y conflictos con niñas y niños cuando esas noticias llegan a la vida cotidiana?

El punto de partida para hablar de guerras y conflictos con niñas y niños

*** Antes de empezar, es importante hacer una aclaración: no todos los niños y niñas viven los conflictos de la misma manera. Mientras algunos crecen en territorios donde la violencia está presente, otros se enteran de estas realidades principalmente a través de las noticias, redes sociales o conversaciones. Por eso, este artículo pretende ser una guía general pensada especialmente para familias que viven en ciudades como Bogotá, en donde muchas veces el contacto con las guerras o los conflictos no se dan de manera directa.

Uno de los primeros retos que debemos reconocer es que las niñas y niños hoy están mucho más expuestos a información de todo tipo. Las pantallas, los algoritmos y la velocidad con la que circulan los contenidos hacen que muchas veces se encuentren con imágenes o relatos sobre violencia sin que nadie los prepare para ello.

Como explica Valentina Palomino, internacionalista de la Universidad del Rosario y magister en Conflicto, memoria y paz: “la responsabilidad va por dos lados. El primero tiene que ver con los medios, pues estos deben ser conscientes de que niñas y niños están consumiéndolos, y por otro lado, está la tarea de mamás, papás y cuidadores, pues ellas y ellos deben conocer y controlar qué tipo de contenido están viendo las chicas y chicos”.

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Por su parte, Claudia Tovar Guerra, psicóloga, especialista en Resolución de Conflictos, magistra en Estudios Políticos, doctora en Ciencias Sociales y Humanas y profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, propone que estas conversaciones deben tener un punto de partida que en ocasiones es una pregunta de las chicas y chicos; un contenido que vieron juntos y que trajo muchas dudas o incluso una tarea del colegio que puso el tema sobre la mesa, entre otros. “Si veo que el chico quedó impactado, quedó desconcertado o tiene preguntas al respecto de algo que acaba de ver, ahí se abre la conversación. Lo primero que tenemos que hacer es preguntarle en dónde lo vio, qué fue lo que vio y qué le preocupa o le hizo sentir eso que escuchó o vio, para entrar a dialogar y tratar de resolver lo que le inquieta”.

Ambas profesionales resaltan el rol de las mamás, papás y cuidadores como personas curiosas por conocer de manera respetuosa lo que consumen sus hijas e hijos, pues esto es además una puerta para identificar si hay banderas rojas, como por ejemplo, que estén viendo cosas muy explícitas. Sobre esto, Valentina añadió que «las niñas y niños no necesitan que se les oculte el mundo, necesitan poder estar acompañados y tener herramientas para entender el mundo. Esto además es una forma de ayudarlos a comprender situaciones para que a su vez les sirva de herramienta para gestionar su día a día. Si como mamás y papás tomamos esta situación gigante y la decantamos en cosas más cotidianas va a ser más sencillo”.

Asimismo, otra acción necesaria es activar controles parentales en redes sociales, y aunque, Tovar señala la importancia de restringir el acceso a pantallas en edades tempranas, también resalta que en ocasiones el contacto es inevitable, por eso además de las prevenciones que podemos tomar a través de las configuraciones en redes, también aconseja “sentarse a hablar los adolescentes sobre cómo ellos van autorregular esa exposición y cómo van a tomar las decisiones respecto a cómo informarse sobre aquello que les interesa”.

Además, propone que “una estrategia puede ser que en familia se acuerden espacios específicos para ver las noticias o para enterarse sobre algo que está sucediendo. De manera que el adulto esté con la chica o chico y posteriormente lo pueden comentar, ya que es muy importante procesar lo que se vio”. Adicionalmente, resalta que “las imágenes sensacionalistas y crueles no las necesitamos ni para entender el conflicto ni para ser empáticos”.

De hecho, siguiendo este punto, otro de los aspectos relevantes es saber contar sobre la diferencia entre conflicto y violencia, ya que si bien el conflicto es normal en la vida; por opiniones, gustos, posturas o creencias diferentes, la violencia es la forma dañina que existe para resolver estos conflictos.

De hecho, lo que vemos sobre los conflictos son justamente formas violentas de resolverlos, y poner límites en lo que vemos en también una forma de prevenir la sobreexposición, que siguiendo lo dicho por Tovar, puede generar un efecto de insensibilización o trauma, este último puede generar síntomas como ansiedad, hipervigilancia, trastornos del sueño, tener pesadillas, despertarse asustado e sobresaltado, etc; pero también puede provocar el acostumbramiento y llegar a la insensibilización por exposición permanente y constante; “insensibilizar tiene muchos riesgos en la conducta de las niñas y niños desde el punto de vista del modelamiento o de la imitación, pues puede llegar a buscar agredir a otros, por ejemplo”, explica Tovar.

Sobre la prevención de esta insensibilización Valentina Palomino aconseja que “para hablar de un conflicto se debe partir de lo básico: el ser humano como un ser con dignidad, por encima de las diferencias que se pueden llegar a tener, y partir de que lo más importante va a ser la defensa de la vida. Esto teniendo como base que en toda guerra hay seres humanos que les duele, que viven, que mueren, que tienen que huir, etc, lo que les enseña a tener un criterio construido por ellas y ellos mismos”.

Efecto espejo: la necesidad de evaluar lo que estamos haciendo como adultos

Este no solo es un tema que nos invita a analizar lo que las chicas y chicos están viendo en medios y redes sociales sobre las situaciones de conflicto, sino también a revisar las maneras en las que nosotros estamos informándonos sobre lo que ocurre en el mundo y cómo reaccionamos a ello, esto es relevante pues las chicas y chicos van a tener afectaciones más o menos proporcionales a lo que ven en los adultos.

Las niñas y niños son como esponjitas y nosotros somos sus modelos. Entonces, ellos están absolutamente pendientes de nuestras frases, de nuestras reacciones, de nuestras maneras de ver las cosas y generalmente las asimilan, las asumen. Están pendientes de nosotros porque ellos están creciendo, están entrando al mundo social y necesitan de esos modelos. No podemos decir un montón de cosas desde la emocionalidad, desde la rabia delante de ellos y creer que no va a haber consecuencias, pues las chicas y chicos captan eso, a veces lo vuelven a decir en otro escenario o asimilan esas frases como verdad y generan sentimientos frente a eso”, puntualiza Tovar.

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Adicionalmente, cuidar lo que vemos no solo es una forma de ser responsables con las maneras en las que nos informamos, es también procurar nuestro cuidado emocional ante situaciones que inevitablemente pueden cargarnos.

“Así como en el avión a ti te dicen que si llega a ocurrir algo debes ponerte la máscara de oxígeno primero y luego ponerla de tu hijo, así debemos entender esto, pues no puedo iniciar un diálogo cuidadoso con las infancias si yo misma me sobreexpongo y me lleno de ira o de rabia”, explica Tovar.

Por otro lado, Claudia Tovar señala que bajo la necesidad de cuidarnos y cuidar a las demás personas, también debemos reconocer a las niñas y niños que participan o son activistas en temas relacionados con la construcción de paz, pues “muchas veces reciben comentarios de odio, de rechazo, los insultan de manera despiadada y cruel. Es vital respetar a las chicas y chicos que están participando constructivamente, que denuncian lo que le pasa a la niñez, a quienes buscan políticas públicas que favorezcan a las infancias. Son niñas y niños apoyando lo que ocurre, lo último que podemos hacer es atacarlos”.

¿Cómo hablar sobre la guerra cuando muchas niñas y niños han sido víctimas?

Según Save the Children más de 20.000 niños y niñas fueron asesinados en Gaza desde octubre de 2023 a septiembre de 2025. Recientemente en Irán hubo un bombardeo a una escuela, donde murieron 168 personas, la mayoría de estas eran niñas. Mientras que en nuestro país la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas informó que entre enero y agosto de 2025, aproximadamente 11 mil menores de 18 años han sido víctimas de hechos como desplazamiento forzado masivo, confinamientos, restricciones a la movilidad, amenazas, extorsión, reclutamiento y uso de artefactos explosivos. Ante esto, no podemos pasar de largo el hecho que una de las poblaciones más afectadas en contextos de guerra y conflicto son las niñas y niños.

Ante esto Tovar explica que “lo primero es entender que ellas y ellos se van a identificar cuando ven niños y niñas sufriendo, pueden llegar a imaginar que ellos también pueden vivir eso y eso implica sentimientos más profundos e intensos. Pero la solución no es ocultarles lo que pasa en el mundo. Primero porque no es posible, pero sobre todo porque si a ellas y ellos esto los toca hay que hablarlo, decirles que estos niños están siendo afectados por una situación en la que no deberían serlo, que ellas y ellos no son responsable ni tienen culpa de lo que les está sucediendo, que merecen ser cuidados y protegidos y que hay personas hoy en día que están luchando para protegerlos”.

Pero no solo esto, sin desconocer la gravedad de lo que ocurre, es muy importante hacer un llamado a la esperanza. Sobre esto Valentina Palomino enfatiza que podemos “hablarles de los trabajadores humanitarios, de los diplomáticos intentando negociar para desescalar los conflictos. Es decir, que sepan que hay gente buena que está tratando de ayudar a que esto se pueda resolver”.

Y si las chicas y chicos quieren hacer algo, ¿cómo pueden actuar?

Hay muchas chicas y chicos que no solamente quieren aclarar preguntas sino también hacer algo frente a lo que está sucediendo. Claudia Tovar da estas recomendaciones:

  • Si está en nuestras posibilidades, podemos involucrar a las chicas y chicos en jornadas humanitarias, como donaciones, escribir cartas o movilizar acciones de ayuda.
  • No dejarlos solos, ir con ellas y ellos, por ejemplo, al supermercado, hacerle saber cuáles son los alimentos que se pueden donar en este tipo de jornadas y después ir con el niño a entregar la ayuda en el centro acopio.
  • Enseñarles a donar cosas que ellas y ellos quizá ya no usan y que pueden ser de gran ayuda en este tipo de contextos.

Sobre lo anterior, Claudia Tovar precisa que “debemos tener muy presente que no es lo mismo la empatía que la sobre identificación. Tú construyes empatía, permites que el niño se entristezca, se preocupe y se solidarice con el otro, pero esto no tiene que traumatizarlo y para que esto no ocurra el acompañamiento de mamás, papás y cuidadores en este tipo de acciones es indispensable”.

¿Qué herramientas podemos usar para dialogar sobre guerras y conflictos con niñas y niños?

“En ocasiones las mamás y papás sienten miedo de hablar con las chicas y chicos de estos temas, pero es importante saber que con ellas y ellos se puede hablar, lo importante es cómo se les habla y qué herramientas usamos para poder ser cuidadosos. (…) Debemos ser intencionales con las formas que tenemos para dialogar, para no infantilizar, ni ignorar, sino que ellas y ellos sientan que lo que se preguntan es importante”, cuenta Valentina.

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A propósito de esto, las dos profesionales nos contaron sobre algunas maneras en las que podemos abordar el tema:

  • Usar mapas y explorarlos. Por ejemplo, en Google Maps ir a lugares que no conocemos, que pongan el dedo en algún lado, y jugar, y que ese sea el paso para hablar de contextos culturales, sociales, etc, de otras zonas del país, o del mundo, buscando siempre motivar la curiosidad y el respeto.
  • En la adolescencia se podrían leer testimonios de niños o de personas que vivieron situaciones de guerra, como por ejemplo ‘El diario de Ana Frank’.
  • También se han desarrollado, especialmente para niñas y niños que viven más de cerca los contextos de conflicto armado, algunos cuentos que son creados por psicólogos, acompañantes humanitarios, donde son las chicas y chicos quienes explican las situaciones de desplazamiento forzado a través de un cuento, No son historias completamente reales, pero son basadas en las experiencias de de la guerra.
  • Revisar lo que los mismos niños y niñas han producido a partir de sus procesos de reparación, hay materiales que tienen muchas ONGs que han hecho con niños a través de dibujos donde van narrando sus vivencias.
  • Para casos en donde las chicas y chicos vivan en contextos de conflicto, es aconsejable buscar material en donde puedan expresar sus miedos y que les ayude a construir herramientas de defensa, como, por ejemplo, reconocer rutas seguras: ¿cómo tienes que reaccionar?, ¿a dónde tienes que ir?, ¿con quién tienes que encontrarte?, ¿en dónde? Códigos de comunicación que les permita a ellos saber qué hacer ante una emergencia.

Aquí algunos materiales que pueden servir de referencia:

Por último, este artículo busca ser un recordatorio a no subestimar la preocupación de las chicas y chicos; es importante validar lo que sienten, escucharles, saber qué opinan de lo que sucede en el mundo, entender sus miradas y posiciones frente a lo que ocurre, y acompañarlos en estos momentos en donde las noticias relacionadas con conflictos son tan frecuentes.

Para más información valiosa para padres, madres, cuidadores y docentes visita eurekatucanal.com y encuéntranos en redes sociales como @eurekatucanal.

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