Antes de que el mundo la conociera como Totó la Momposina, era una niña llamada Sonia Bazanta Vides que corría por las calles calientes de Talaigua Nuevo, un pueblo cercano a Mompox, junto al río Magdalena. Allí, donde el agua marcaba el ritmo de la vida y las noches siempre tenían música, comenzó una historia que muchos años después haría parte de la memoria de Colombia.
Sonia nació en una familia donde todo giraba alrededor de los tambores, los cantos y el baile. Su papá, Daniel Bazanta, era tamborero y zapatero; su mamá, Libia Vides, cantaba y bailaba en las fiestas tradicionales del Caribe. En su casa nunca hacía falta música, siempre había alguien golpeando una tambora, ensayando un coro o recordando canciones antiguas.
Cuando Sonia era muy pequeña, a todo lo que veía a su alrededor le decía “totó”, y fue ahí cuando su familia comenzó a llamarla así de cariño, (nadie imaginaba que ese apodo terminaría recorriendo el mundo entero). Luego, ella misma contaba, que una cantante haitiana llamada Totó Bissanthe le dijo que totó significaba persona pequeña, pero de corazón grande.
🥁 Lee también: Historia de Isabel Allende para niñas y niños
Su infancia también tuvo momentos difíciles, cuando la violencia llegó a varias regiones del país, la familia tuvo que abandonar su tierra. Primero viajaron a Barrancabermeja, luego a Villavicencio y finalmente llegaron a Bogotá, para ellos fue un cambio enorme, pues dejaron atrás el calor del Caribe y la vida tranquila junto al río.
Pero en la capital pasó algo muy lindo, su casa se convirtió en un lugar de encuentro para músicos caribeños que llegaban a Bogotá. Allí se reunían gaiteros, tamboreros y cantadores a tocar durante horas. Además, su mamá organizó un grupo de danza para sus hijas, y Totó empezó a cantar en las presentaciones. Muy pronto descubrieron que tenía una voz distinta, fuerte y llena de carácter, pero no solo eso, cuando cantaba, parecía contar historias completas con el cuerpo, las manos y la mirada.
Mientras crecía, Totó comenzó a viajar por pueblos de la costa Caribe buscando canciones antiguas y ritmos tradicionales, iba a lugares donde todavía se conservaban bailes y cantos que casi nadie conocía fuera de las comunidades, escuchaba a las cantadoras mayores, hablaba con pescadores y aprendía de los tamboreros viejos. Justamente, así nacieron muchas de las canciones que después harían famosa su música.
‘La candela viva’, por ejemplo, era una canción tradicional que hablaba de un incendio ocurrido años atrás en un pueblo del Caribe. Totó la interpretó con tanta fuerza que terminó convirtiéndose en una de las canciones más reconocidas de Colombia. ‘El pescador’, por su parte, contaba la vida sencilla de quienes trabajan cada día en el río, madrugando para buscar alimento entre las aguas, de hecho Totó entendía muy bien todo esto, pues había crecido viendo a los pescadores del Magdalena y escuchando sus relatos.
El despegue de la música de Totó la Momposina
Durante los años setenta, su música llegó a Europa y fue la sensación, pues muchas personas allá jamás habían escuchado una cumbia tradicional colombiana. Totó aparecía con vestidos coloridos, acompañada por músicos y bailarines que hacían muy llamativas sus presentaciones. Además, viajó a Francia y estudió historia de la danza en la Sorbona, también fue a Cuba para conocer más sobre los ritmos del Caribe y el bolero, y en Colombia estudió en el conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.
🥁 Lee también: Marie Curie: una de las mujeres que marcó la historia de la ciencia
También fue en esos años conoció al escritor Gabriel García Márquez, los dos compartían un amor profundo por el Caribe colombiano, y su relación fue tan especial que cuando Gabo ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982, pidió que fuera Totó quien representara a Colombia musicalmente en la celebración en Estocolmo, Suecia, y así ocurrió.
Con el paso del tiempo, Totó se convirtió en una de las artistas colombianas más importantes del mundo. Grabó discos, viajó por muchos países, pero nunca dejó atrás sus raíces, nunca dejó de hablar de los pueblos del Caribe, de las cantadoras, de los pescadores y de las tradiciones que había aprendido desde niña, todo esto también la convirtió en una guardiana de la memoria del país.
El 19 de mayo de 2026, Totó la Momposina murió a los 85 años, pero las personas como Totó nunca dejan de estar presentes, pues ella seguirá viviendo en las canciones que las familias cantan, en los tambores que suenan en los pueblos del Caribe y en cada niño o niña que descubre por primera vez la alegría de una cumbia.
Totó nos dejó una gran enseñanza: estar orgullosos de nuestras raíces, y esto es algo que también lo deja muy claro Marlon, uno de los protagonistas de SOY.
Conoce más contenidos como este en nuestras redes sociales, nos encuentras en Facebook, TikTok, Instagram y YouTube como @eurekatucanal

