Ni la dura infancia bajo las órdenes de un papá estricto ni una enfermedad que lo dejó sordo en el mejor momento de su carrera pudieron detener a Ludwig van Beethoven.
Con más de 250 años después de su nacimiento, este genio de la música sigue siendo el mejor ejemplo de que no existen límites cuando dejas volar tu creatividad, conoce los inventos y como fue la vida del hombre que aprendió a escuchar con el corazón y a componer a través de las vibraciones.
Beethoven: de niño prodigio a estrella del piano
Ludwig nació en la ciudad de Bonn, Alemania, en 1770, y desde que era niño, su papá se dio cuenta de que tenía un talento gigante para la música y lo ponía a practicar en el piano durante horas y horas.
El papá de Beethoven, Johann, también era músico, pero tenía un gran problema, era un hombre muy estricto, y obsesionado con que su hijo fuera el próximo prodigio que los hiciera millonarios comenzó el duro entrenamiento de Ludwig cuando tenía apenas 4 o 5 años.
Afortunadamente, cuando tenía unos 9 años, Ludwig conoció a Christian Neefe, el maestro que le cambió la vida y quien no solo vio que el niño era un diamante en bruto para la música, sino que lo trató con cariño y respeto y le enseñó cosas que su papá nunca pudo: leer a los grandes escritores, pensar por sí mismo y dejar sus sentimientos en las notas.
Luego, debido a los problemas de su papá, Beethoven tuvo que dejar la escuela cuando tenía solo 10 años para dedicarse a trabajar tocando el órgano en las iglesias y ayudar a mantener a sus hermanos menores, haciendo que a los 14 años ya consiguiera su propio sueldo oficial.
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Aunque no tuvo una infancia fácil, la música se convirtió en su refugio, y cuando creció y se mudó a Viena, la capital de la música en esa época, Beethoven se volvió una verdadera estrella, pues no tocaba el piano de forma suave y delicada como los demás, él tocaba con tanta fuerza y emoción que a veces, hasta rompía las cuerdas del instrumento
Un silencio lleno de notas
Justo cuando estaba en la cima de su carrera, a los 28 años, le empezó a pasar algo terrible para cualquier persona, pero catastrófico para un músico y fue que él comenzó a quedarse sordo.
Todo empezó con un pequeño susto. Beethoven empezó a escuchar un ruido constante dentro de su cabeza, como un «bzzzz» o un silbido molesto que no se quitaba con nada, al principio, intentó ocultarlo porque le daba mucha vergüenza que la gente supiera que el gran Beethoven estaba teniendo problemas para oír, pero con el paso de los años, el problema empeoró.
Al principio le dio mucha rabia y tristeza, pues ¿Cómo iba a dirigir una orquesta si no podía escuchar los aplausos ni el sonido de los violines? Pero Beethoven era un luchador, y descubrió que, aunque sus oídos ya no funcionaban bien, podía sentir la música a través de las vibraciones.
¿Cómo hizo para vencer el silencio?
El verdadero secreto de Beethoven es que tenía una memoria fotográfica para la música, había practicado tanto desde niño que sabía exactamente cómo sonaba cada nota, cada instrumento y qué pasaba al mezclarlos, todo dentro de su cabeza
Beethoven descubrió la ciencia que le ayudaría a resolver parte del problema: consiguió una varilla o bastón de madera, apoyaba un extremo directamente sobre la caja de resonancia de su piano y mordía el otro extremo con los dientes y al tocar el piano, las ondas sonoras viajaban por la madera, pasaban a través de sus dientes y sus huesos del cráneo directo al cerebro.
Se cuenta que llegó a cortar las patas de su piano para que el instrumento quedara pegado al suelo y así, al tocar, podía sentir las ondas del sonido viajando por la madera hasta su cuerpo, por eso se dice que él escuchaba la música en su mente y en su corazón antes de escribirla en el papel.
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Un legado que sigue sonando
A pesar de no poder escuchar absolutamente nada al final de su vida, Beethoven compuso su obra más grandiosa, la Novena Sinfonía y cuando se estrenó, él estaba en el escenario dirigiéndola.
Al terminar, el público estalló en aplausos, pero él no se daba cuenta, alguien tuvo que girarlo para que viera a la gente de pie, llorando de emoción y aplaudiéndolo con todas sus fuerzas por eso hoy en día, la música de Beethoven sigue apareciendo en películas, videojuegos y hasta en los tonos de los celulares, pues nos enseñó que no hay obstáculo lo suficientemente grande cuando amas lo que haces.
Beethoven no necesitaba escuchar para sentir el ritmo en todo su cuerpo, lo llevaba en los huesos y en el corazón, por qué la música y el ritmo son algo totalmente personal.
Si quieres descubrir si el ritmo es algo que se aprende o que se siente desde que nacemos, te invitamos a ver este divertido episodio de «Chema te lo cuenta» donde acompañamos a Chema a meterse en el papel, tirar sus «pasitos prohibidos» y descubrir los ritmos que recorren nuestro cuerpo.
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