Alexander von Humboldt nació en 1769 en Tegel, cerca de Berlín, en una familia prusiana de buena posición. Desde pequeño recibió una educación en casa con tutores, lo que en su época era común entre familias con recursos. Allí aprendió matemáticas, historia, idiomas, dibujo y, sobre todo, algo que marcaría toda su vida: la observación cuidadosa del mundo.
Le interesaban los insectos, las plantas, las piedras y los paisajes, más adelante, cuando fue creciendo, ese interés se volvió su brújula para saber lo que quería ser. Cuando llegó a la juventud estudió en varias instituciones, pero fue en la Universidad de Göttingen donde exploró más sobre ciencias naturales y geografía. Luego, en la Escuela de Minas de Freiberg, aprendió sobre geología, minerales y el interior de la Tierra. Allí tuvo un profesor muy importante para él, Abraham Werner, quien le enseñó a mirar las rocas como pistas para entender la historia del planeta.
Antes de convertirse en explorador, trabajó en el servicio de minas del gobierno prusiano, allí su tarea consistía en inspeccionar zonas mineras, pero él sentía que su verdadera vocación estaba en explorar el mundo. Spoiler: lo logró.
Para que eso pasara llegó un momento decisivo que ocurrió cuando murió su madre y recibió una herencia, gracias a eso pudo dedicarse a viajar y estudiar la naturaleza. Se trasladó a París, una ciudad muy importante para la ciencia en esa época, donde conoció a Aimé Bonpland, un médico y botánico francés. Ambos compartían el interés por la exploración científica, así que decidieron emprender un gran viaje para estudiar la naturaleza de manera completa, midiendo, describiendo y comparando todo lo que encontraran.
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En 1799 comenzó su gran expedición, salieron desde Europa con barómetros para medir la presión del aire, termómetros, sextantes para ubicarse en el mapa y herramientas para estudiar el magnetismo terrestre. Su primera parada fue en las Islas Canarias, donde subieron al volcán Teide. Allí Humboldt hizo observaciones sobre cómo cambiaba la vegetación con la altura y esa idea lo fue llevando a muchos lugares.
Luego cruzaron el Atlántico y llegaron a América del Sur. Allí desembarcaron en Cumaná, en la actual Venezuela. Para Humboldt fue un cambio enorme, pues pasó de los paisajes europeos a selvas tropicales, ríos inmensos y una biodiversidad que nunca había visto.
Recorrieron el río Orinoco, uno de los más grandes de Sudamérica, donde estudiaron su conexión con otros sistemas de ríos como el Casiquiare. También observaron fenómenos naturales sorprendentes, como las anguilas eléctricas, y registraron cómo el clima influye en la vida de plantas y animales.
Con el tiempo viajaron a Cuba, regresaron al continente y se dirigieron hacia la región Andina. Allí comenzaron a aparecer montañas altas, valles profundos y volcanes. De hecho, intentaron subir el Chimborazo, una de las montañas más altas del mundo en ese momento, y aunque no llegaron a la cima, alcanzaron una altura que nadie había logrado antes. Esa experiencia fue muy importante para Humboldt, porque le permitió ver cómo la vida cambia con la altitud, como si la montaña estuviera organizada en niveles de clima y vegetación, y esa idea sería una de sus grandes aportaciones a la ciencia: entender que la naturaleza está organizada en “pisos” según la altura y el clima.
El paso por Colombia de Alexander von Humboldt
El viaje de Humboldt por el territorio que hoy es Colombia ocurrió entre 1801 y 1802, y aunque no era su destino principal, terminó siendo una de las partes más importantes de su recorrido. Llegó por la costa del mar Caribe y pasó por Cartagena, una ciudad clave en esa época. Desde allí inició el ascenso hacia el interior del país por el río Magdalena, que funcionaba como una gran carretera natural.
A lo largo del Magdalena, Humboldt y Bonpland observaron un paisaje muy diverso; vieron selvas densas, pueblos pequeños, animales desconocidos para ellos y una enorme variedad de plantas. En cada parada tomaban notas, hacían mediciones y recogían muestras para estudiar después.
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Cuando llegaron a Santa Fe de Bogotá, hoy Bogotá, fueron recibidos por personas interesadas en la ciencia y el conocimiento, conocieron a José Celestino Mutis, un importante naturalista que dirigía una gran expedición botánica en el virreinato. Humboldt quedó impresionado por la cantidad de ilustraciones, estudios y plantas clasificadas que Mutis había reunido durante años.
También realizaron viajes cortos alrededor de Bogotá, hicieron lo que cualquier turista haría: subieron a cerros como Monserrate y Guadalupe. Además, visitaron el salto del Tequendama y recorrieron zonas cercanas como Zipaquirá, donde estudiaron las minas de sal.
El paso por Colombia no fue largo en tiempo, pero sí muy importante para su trabajo científico posterior. Todo lo que vio allí lo integró en sus estudios sobre la geografía, la naturaleza y la relación entre el clima y la vida. Para Humboldt, Colombia fue una parte clave de todos sus estudios, que hoy lo tienen como uno de los más grandes referentes científicos.
Si Humboldt siguiera vivo y volviera a nuestro país, seguro amaría conocer el Planetario de Bogotá, e Isa y Alejo de Distrito eureka serían los mejores anfitriones.
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