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Datos que debes conocer sobre el cerebro de las niñas y los niños

En la infancia el cerebro va a toda, pues está en una etapa de desarrollo clave para toda la vida. ¿Pero por qué esta etapa es tan importante? Te lo contamos.

Datos curiosos sobre el cerebro en la infancia

Cuando un bebé reconoce la voz de su mamá, su papá o aprende una palabra nueva en su cerebro están ocurriendo procesos que comenzaron incluso antes del nacimiento, y es que es imposible no sorprenderse cuando vemos a las chicas y chicos hacer cosas por primera vez e increíble pensar en todo lo que pasa por sus cabecitas y con su cerebro dándola toda.

Comprender cómo evoluciona el cerebro de las chicas y chicos es también una forma de entenderles más y ser más cuidadosos con cada estímulo durante sus primeros años de vida, pues las experiencias cotidianas son claves en su desarrollo.

Los primeros años de vida: una etapa importante para el desarrollo cerebral

Según MedilinePlus, el cerebro empieza a formarse durante las primeras semanas del embarazo y continúa desarrollándose después del nacimiento, de hecho los bebés nacen con la mayoría de las neuronas que utilizarán a lo largo de su vida, pero esas células todavía deben organizarse y establecer millones de conexiones entre sí.

Durante los primeros años de vida se forman millones de nuevas conexiones neuronales, estas conexiones, conocidas como sinapsis, permiten que el cerebro procese información, aprenda nuevas habilidades y responda a todo lo que ocurre en el entorno.

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Como resultado de este intenso proceso, hacia los seis años el cerebro alcanza aproximadamente el 90% de su tamaño adulto. Sin embargo, el crecimiento es solo una parte de la historia, pues lo más importante es la organización de esas redes neuronales, que seguirán modificándose durante muchos años en función de las experiencias y los aprendizajes.

Cada experiencia ayuda a construir el cerebro de niñas y niños

El desarrollo cerebral depende de una interacción constante entre la información genética y el entorno, pues son los genes los que proporcionan las bases para la formación del cerebro, mientras que las experiencias fortalecen o reorganizan las conexiones entre las neuronas.

Hablar con ellas y ellos, leerles un cuento, responder a sus preguntas, jugar, permitirles explorar diferentes espacios o compartir tiempo en familia son experiencias que activan distintos circuitos cerebrales, los cuales estimulan áreas relacionadas con el lenguaje, la memoria, la atención, la coordinación motora, las emociones y las habilidades sociales.

La repetición también desempeña un papel importante, pues cuando una habilidad se practica con frecuencia, las conexiones neuronales implicadas se fortalecen y el cerebro realiza esa tarea con mayor facilidad. En cambio, aquellas conexiones que apenas se utilizan tienden a debilitarse con el paso del tiempo.

El aprendizaje comienza desde el minuto uno

Es normal que el aprendizaje se asocie con los procesos escolares, sin embargo, durante los primeros meses de vida de un bebé él o ella aprende a reconocer voces, distinguir rostros, interpretar expresiones faciales y comprender que determinadas acciones tienen consecuencias. Más adelante incorpora el lenguaje, desarrolla la coordinación de los movimientos, adquiere habilidades sociales y comienza a resolver problemas sencillos mediante el juego y la exploración.

Este proceso es posible gracias a la elevada plasticidad cerebral característica de la infancia; la plasticidad es la capacidad del cerebro para reorganizar sus conexiones en respuesta a nuevas experiencias. Aunque esta capacidad se mantiene durante toda la vida, es especialmente intensa durante los primeros años, lo que explica la facilidad con la que las niñas y niños aprenden idiomas, incorporan nuevas habilidades motoras o se adaptan a diferentes situaciones.

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Dormir, jugar y moverse también alimentan el desarrollo cerebral

Según explica neurociencias.org, el descanso, la actividad física y el juego tienen un papel fundamental. Por un lado, durante el sueño, el cerebro reorganiza la información adquirida durante el día y consolida muchos de los recuerdos recientes. El juego, por su parte, activa simultáneamente múltiples regiones cerebrales, ejercita funciones relacionadas con el lenguaje, la memoria, la creatividad, la atención, la coordinación motora y la resolución de problemas. A esto se suma la actividad física, que favorece la circulación sanguínea hacia el cerebro y estimula la liberación de sustancias que participan en la formación y el fortalecimiento de nuevas conexiones neuronales.

El entorno también tiene un papel muy importante

Las experiencias tempranas influyen directamente en la arquitectura cerebral y es por eso que un entorno donde los niños reciben afecto, seguridad, buena alimentación, oportunidades para jugar y adultos que responden a sus necesidades favorecen la formación de conexiones neuronales estables.

Las conversaciones cotidianas, la lectura compartida, el contacto con la naturaleza, la música y el tiempo en familia ofrecen al cerebro oportunidades constantes para aprender y adaptarse. Estas experiencias no solo enriquecen el desarrollo intelectual, sino que también contribuyen a fortalecer habilidades sociales y emocionales que acompañarán a los niños durante toda la vida.

Comprender cómo funciona el cerebro de las chicas y chicos en su primeros años de vida permite valorar que muchas de las acciones de la vida diaria tienen un impacto profundo, pues construye las capacidades que acompañarán a una persona durante toda su vida.

Ahora con todo esto en la cabeza no está de más hablar de salud mental en los primeros años de vida, por eso te recomendamos este capítulo de De frente y con mente:

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