Ella Fitzgerald nació el 25 de abril de 1917 en Newport News, Virginia, Estados Unidos. Cuando era niña, su familia se mudó a Yonkers, Nueva York, donde creció junto a su mamá, Temperance, y su hermana menor, Frances. La vida familiar tuvo varios cambios y, después de la muerte de su mamá, Ella quedó al cuidado de otras personas de su familia. Durante esos años tuvo dificultades en la escuela y pasó por momentos complicados que hicieron que su adolescencia fuera bastante diferente a la de otras chicas de su edad.
La música apareció como uno de los espacios donde Ella podía sentirse feliz, por eso le encantaba escuchar canciones en la radio, bailar y cantar. Entre sus artistas favoritos estaban Louis Armstrong y las Boswell Sisters, y también admiraba especialmente a Connee Boswell, escuchándolos se aprendió sus canciones, las cantaba y poco a poco descubrió que su voz sonaba muy bien.
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En 1934 se presentó en una competencia para artistas aficionados en el Apollo Theater de Harlem, su idea original era bailar, pero al momento de salir al escenario sintió tantos nervios que decidió cantar. Ella ganó el concurso y recibió un premio de 25 dólares, pero no solo eso, pues entre quienes la escucharon estaba el saxofonista Benny Carter, quien quedó impresionado con su talento y ayudó a que otros músicos conocieran su voz.
Poco después, el director de orquesta Chick Webb le dio una oportunidad y Ella comenzó a cantar con su agrupación, allí creció rápidamente como artista y encontró una manera propia de cantar y eso la llevó a que en 1938 llegara uno de sus primeros grandes éxitos con ‘A-Tisket, A-Tasket’, una canción basada en una rima infantil que se convirtió en una de las grabaciones más populares de la época.
La vida volvió a cambiar cuando Chick Webb murió en 1939, pues durante un tiempo Ella continuó al frente de la orquesta, pero después decidió concentrarse en su carrera como solista, en ese camino Ella se acercó al bebop y desarrolló una de las habilidades que terminarían convirtiéndose en su sello: el scat, una forma de improvisar con la voz usando sonidos y sílabas como si la voz fuera otro instrumento.
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Ella podía escuchar una melodía, tomarla como punto de partida y comenzar a jugar con ella, su voz podía subir, bajar, acelerar, detenerse y responder a los instrumentos que la acompañaban. En los años cuarenta el productor y empresario Norman Granz se convirtió en una figura importante de su carrera y la llevó a participar en los conciertos de Jazz at the Philharmonic, donde compartió escenarios con grandes músicos. De hecho, uno de los capítulos más recordados de su carrera fue su trabajo junto a Louis Armstrong, Count Basie, Duke Ellington, Oscar Peterson, Joe Pass y muchas otras figuras.
Una década después trabajó con el sello Verve, dirigido por Norman Granz, y allí nació una serie de álbumes conocidos como los Song Books, en los cuales Ella interpretaba canciones escritas por grandes compositores de la música estadounidense, como Cole Porter, George Gershwin, Duke Ellington, Irving Berlin, Harold Arlen, Jerome Kern y Johnny Mercer. De hecho, sus interpretaciones hicieron que muchas personas se acercaran al jazz y a las canciones de aquellos compositores.
Su carrera también estuvo marcada por las dificultades que enfrentaban las personas negras en Estados Unidos durante aquella época; Ella tuvo que desenvolverse en una sociedad donde existían espacios separados y diferentes oportunidades según el color de piel, en una ocasión, incluso, tuvo problemas para continuar un viaje en avión debido a la discriminación racial.
Sin embargo, con los años, Ella recibió algunos de los reconocimientos más importantes de la música; ganó múltiples premios Grammy y recibió distinciones como la Medalla Nacional de las Artes y la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos, además, su carrera también llegó al cine y a la televisión, y sus canciones continuaron apareciendo en diferentes producciones.
A pesar de la fama Ella mantuvo una personalidad tranquila y una vida personal bastante reservada, pasó buena parte de su vida viajando y cantando, y durante décadas continuó presentándose ante públicos de diferentes edades y países. Su voz fue cambiando con el paso del tiempo, pero conservó su precisión, su ritmo y esa manera tan particular de cantar.
Durante sus últimos años, su salud comenzó a deteriorarse, la diabetes le provocó complicaciones graves y en 1993 tuvieron que amputarle ambas piernas. También tuvo problemas de visión y dejó de presentarse con la misma frecuencia. Aun así, siguió vinculada a la música y recibió el cariño de personas que habían crecido escuchando sus canciones y de nuevas generaciones que acababan de descubrirla.
Ella Fitzgerald murió el 15 de junio de 1996, a los 79 años, en su casa de Beverly Hills, California. Para entonces había pasado más de seis décadas cantando y había dejado cientos de grabaciones. Hoy escuchar a Ella Fitzgerald es viajar en el tiempo y recordar a una de esas mujeres que le hizo camino a miles de artistas que inspiró y seguirá inspirando.
La música definitivamente nos mueve un montón, y por eso hoy te queremos presentar a Ron Seven Red, una banda de chicos que conocimos en Tus poderes, tu mundo.
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