Para muchos, Bogotá es una ciudad de contrastes. Para Pablo Watusi, es una fuente inagotable de inspiración.
Entre calles, montañas, barrios populares y una mezcla constante de culturas, el cantante y compositor encontró los elementos que hoy dan vida a una propuesta musical que demuestra que la salsa también tiene identidad bogotana.
“Bogotá quizás es una de las ciudades con la cultura más vibrante que conozco. Sentir toda esa energía y todo lo que esa energía hace en el artista. Creo que es una ciudad muy rica y que nos entrega muchísimo material para poder explotar”, expresó.
Nacido en Kennedy y criado en los alrededores del barrio Techo, Pablo Watusi creció recorriendo distintos rincones de su localidad hasta que cumplió 19 años y empezó a descubrir más a fondo la ciudad.
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Desde muy joven supo que la música sería su camino y encontró en Bogotá un escenario ideal para desarrollar una sensibilidad artística que hoy se refleja en cada una de sus canciones.
De La 33 a una búsqueda personal
Su camino musical comenzó desde la infancia, impulsado por su interés por los instrumentos y la formación académica.
Luego, esa trayectoria musical lo llevó a convertirse en una de las voces más reconocidas de la orquesta La 33, una agrupación con la que compartió durante 12 años y donde fortaleció su faceta como compositor y arreglista.

Fue allí donde comenzó a escribir sus primeras canciones y donde entendió que quería explorar una voz propia dentro de la salsa.
“Cuando llegué a la 33 empecé a ejercer un poco más mi rol como compositor y como arreglista y fue ahí donde empezó a salir mi primera canción que se llama ‘Quiéreme na’ má’, la primera canción de salsa que escribí, que fue para ellos y de ahí en adelante fue otro bichito que me picó me picó bien fuerte porque hoy por hoy es una de las cosas que más disfruto hacer de este oficio también bonito, que es la música”, contó.
Una decisión que años después lo impulsó a emprender un proyecto como solista y a construir una propuesta artística conectada con sus raíces y su visión de ciudad.
Bogotá también es salsera
Aunque la salsa suele relacionarse con otras regiones del país, Pablo defiende la idea de que Bogotá también tiene una escena sólida y una identidad propia dentro del género.
La capital, asegura, es el resultado del encuentro de personas provenientes de todos los rincones de Colombia. Esa diversidad cultural ha permitido que la salsa encuentre un lugar en los barrios, los bares, los festivales y la vida cotidiana de la ciudad.
“Aquí venimos todos los provincianos, cada uno llega con su costumbre, cada casa huele a a de donde vienes. Entonces, claro, aparte de los de la sazón también se trae el gusto por las músicas”, añadió.
Para él, Bogotá es una metrópoli donde conviven múltiples sonidos y donde la creación artística surge precisamente de esa mezcla permanente de tradiciones, acentos y experiencias.
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Así mismo destaca que ha tocado en todos los barrios de Bogotá y que en cada uno de ellos hay siempre un bar dedicado a la salsa. Por lo que su experiencia recorriendo escenarios y barrios de la capital le ha permitido comprobar cómo este género forma parte de la vida cotidiana de miles de personas.
“Tenemos un bailecito ahí galleguito que fascina. Tenemos una forma diferente de entender la clave, tenemos una forma diferente de entender los ritmos que vienen del Caribe. Pero por eso mismo también, siento yo, que hay una riqueza que todavía merece ser explotada”, comentó.
Pablo Watusi y Los Afrocachacos: su visión de salsa
Actualmente, el artista lidera el proyecto Pablo Watusi y Los Afrocachacos, una apuesta musical que reivindica la influencia afro en la cultura bogotana y que explora nuevas formas de entender la salsa desde la capital.
“Ahora mismo acaba de salir mi primer disco como solista. Pablo Watusi y Los Afrocachacos, un disco de 14 canciones en las que mezclo un poco mi visión de la salsa clásica, mi visión de la salsa política, la salsa social, un poco de letra que genere conciencia”, comentó.

Su trabajo más reciente también refleja la relación que mantiene con la ciudad. Canciones como ‘Oscura Primavera’ funcionan como una carta de amor a una Bogotá que muchas veces pasa desapercibida entre el caos y la rutina.
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“Oscura primavera es una carta de amor a Bogotá. Es mi visión, mi descripción de cómo a veces no vemos la belleza que hay en esta ciudad andina y tropical y es un poco también la oportunidad para que el bogotano baile su ciudad”, dijo.
En sus letras aparece esa ciudad diversa, contradictoria y vibrante que lo ha acompañado durante toda su vida. Una Bogotá que inspira, transforma y que sigue demostrando que la salsa también se puede cantar con acento rolo.

