El cuerpo no solo es una herramienta de expresión, también puede convertirse en un espacio de transformación, identidad y diálogo con la ciudad.
Esa fue una de las principales reflexiones del más reciente episodio del videopodcast de Artescopio, donde Sharon Guzmán conversó con el artista plástico y fotógrafo Manu Mojito y el actor, escritor y director Beto Urrea sobre la manera en que sus disciplinas han encontrado en el cuerpo un lenguaje capaz de comunicar más allá de las palabras.
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La identidad, el performance y la búsqueda de nuevas formas de habitar el cuerpo
En esta conversación, Manu Mojito compartió cómo la construcción de su alter ego nació como una forma de explorar su identidad y desafiar las normas sociales.
Inspirado por la escena nocturna de Bogotá, las drag queens y las historias de mujeres trans en el barrio Santa Fe, el artista explicó que el performance, la fotografía y el video le han permitido cuestionar los límites del cuerpo y convertirlo en un vehículo de creación, memoria y resistencia.
Un camino que ha llevado su trabajo a espacios históricos donde antes las expresiones diversas eran invisibilizadas.
“Para mí ha sido siempre muy importante como haber encontrado a estas personas que de alguna manera conectaban con una ideología o una manera parecida a la que yo quería verme y desde allí yo creo que me he resuelto, me he desenvuelto un poquito como en deconstruirme”, comentó Manu Mojito.

El teatro y el movimiento como formas de comunicación
Por su parte, Beto Urrea contó que su vínculo con el cuerpo surgió desde la infancia a través del juego, una experiencia que más adelante se consolidó con el teatro, la improvisación, el clown y el circo.
El actor destacó que el cuerpo es el primer medio de comunicación entre las personas y recordó cómo iniciativas de cultura ciudadana en Bogotá demostraron que el lenguaje corporal puede generar transformaciones sociales incluso con mayor impacto que los discursos tradicionales.
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Bogotá, una ciudad que inspira a través de sus historias
Los dos artistas coincidieron en que Bogotá ha sido un escenario fundamental para sus procesos creativos.
Mientras Manu encuentra inspiración en lugares como el Teatro Faenza y el Museo Santa Clara, espacios cargados de historia y simbolismo, Beto resaltó que las calles, los parques y los habitantes de la capital ofrecen relatos permanentes que alimentan la creación artística.
“Siento que en gran medida no paré de jugar o con las personas y las cosas que me encontraba no pararon de jugar y seguir usando el cuerpo para jugar, hasta que eso se vuelve pues una una forma de vivir, también de tenerse la vida”, comentó Urrea.
Ambos señalaron que la ciudad, con su diversidad y complejidad, invita a observar, cuestionar y contar nuevas historias desde el cuerpo, y dejaron una reflexión sobre el cuerpo como un espacio vivo que transforma, comunica y conecta el arte con la experiencia de habitar Bogotá.

