Cuando el carnaval se encuentra con el rock: Lucio Feuillet en Rock al Parque

Desde Nariño hasta Bogotá, Lucio Feuillet lleva los sonidos del sur a los 30 años de Rock al Parque. Hablamos con el músico sobre sus raíces, su encuentro con la ciudad y lo que espera dejar en este escenario.

Lucio Feuillet en los 30 años de Rock al Parque

Un viento musical del sur del país llega a Bogotá. Trae sonidos de montaña, memoria de Carnaval y una forma de entender la música como encuentro. En las canciones de Lucio Feuillet, Nariño no es solo un lugar de origen: es una raíz que sigue sonando a cientos de kilómetros de distancia.

“Para mí la murga, por ejemplo, o los desfiles del Carnaval son completamente punkeros”, dice. En esa idea también cabe Rock al Parque como un espacio donde distintas músicas, territorios y formas de entender el escenario se encuentran.

En sus 30 años, el festival recibe a Lucio con esa mezcla de tradición y distorsión que atraviesa su música. Conversamos con él sobre su paso por esta edición y lo que representa para su proyecto.

De Nariño al pogo

Cuando Lucio llegó por primera vez a Rock al Parque en el 2022, llevó consigo algo más que sus canciones, llevó la fuerza del volcán que lo vio crecer en su natal Pasto.

Recuerda cómo el público comenzó mirando con curiosidad, preguntándose qué iba a pasar, hasta terminar bailando y pogueando un son sureño. Un encuentro que quedó encapsulado al ritmo de ‘La Guaneña’, una canción profundamente ligada a la cultura nariñense que, quizá para muchos de los asistentes, sonaba por primera vez.

Ese momento terminó siendo mucho más que una presentación. Fue una especie de comprobación de que los sonidos del sur podían entrar al universo de Rock al Parque sin pedir permiso para dejar de ser lo que eran.

«Simplemente eso ya evidencia esa conexión tan fuerte que hay entre entre dos lugares, entre dos territorios. Y asimismo, una canción como ‘El Chumado’, como ‘La Guaneña’, tocada con guitarra eléctrica, con un bajo distorsionado. Entonces, el festival se convierte como un hervidero potente de cultura», comenta.

Cuando la provincia se ve en el escenario

Antes de estar sobre esa tarima, Lucio también la miró desde abajo.

Desde Nariño, Rock al Parque podía parecer un lugar lejano, enorme, casi improbable. Hasta que comenzaron a aparecer allí sonidos de su territorio. Bandas como Banbarabanda o Acid Yesit demostraban que las músicas atravesadas por el carnaval y por la montaña también podían encontrar un lugar en Bogotá.

“Uno desde, digamos, desde la tierrita, desde la provincia, pues ve este festival como juepucha, algo muy importante, muy poderoso”, cuenta.

Ver a esos proyectos nariñenses desde el público le dejó una idea sencilla pero poderosa: “Sí se puede”. Porque si esos sonidos estaban allí, también había una posibilidad para los que venían detrás.

Rock al Parque se convirtió así en una especie de horizonte, en lugar al que había que llegar, pero también un espacio que demostraba que las músicas de un territorio distante a la capital podían viajar sin perder el vínculo con su origen.

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Treinta años para abrazar los caminos

Ahora Lucio vuelve a esa tarima en una edición particularmente simbólica: Rock al Parque cumple 30 años. Para él, llegar al festival en este aniversario significa algo que va más allá de sumar una presentación a su trayectoria. Es detenerse un instante y mirar el camino recorrido.

“Estar pisando esta tarima en estos 30 años pues no puede simbolizar algo pequeño, sino todo lo contrario, es como un hito en la carrera y también, siento yo, un momento de abrazar mucho los caminos. Tanto para el festival que se está abrazando a los 30 años y para el público (…) todos disfrutarnos de de este regalo que nos da esta ciudad, esta capital, este país y este continente tan potente».

Abrazar las canciones, los discos, las giras y los escenarios que lo trajeron hasta aquí, pero también abrazar la historia de un festival que, durante tres décadas, ha reunido a públicos y artistas alrededor de la música.

“Es un momento de celebrar, de celebrar nuestra música y de mirar un poquito para atrás y decir gracias por esto, gracias por tantos caminitos”, comparte.

Por eso, esta presentación no será una repetición de la anterior. Este aniversario exige otra mirada y otro nivel de preparación. El show fue concebido como una celebración de los 30 años, con nuevas visuales, nuevas versiones, tres canciones nuevas e invitados especiales.

Todo se multiplica en una tarima como esta: las luces, las pantallas, los visuales, la técnica, el repertorio y hasta la energía de compartir cartel con artistas de distintas generaciones y sonidos.

“Se asume con una mirada muy particular y muy linda también”, dice Lucio.

El carnaval también sabe poguear

Hay una idea que atraviesa toda esta conversación con el artista nariñense: la de que el carnaval y el rock no necesitan encontrarse porque, en el fondo, nunca estuvieron tan separados. Ambos ocupan la calle, ambos convocan a una comunidad, ambos tienen algo de ritual y ambos pueden convertir la música en una manera de decir que un territorio está vivo.

Por eso su presentación en Rock al Parque no busca simplemente llevar los sonidos del sur del país a Bogotá. Busca compartirlos, hacerlos circular, ponerlos a dialogar con otras músicas y con un público dispuesto a descubrirlos.

Lucio lo resume en esta invitación:

«Invitamos a la gente a que apoyen la música local, a que se sumen a esta locura, lleguen y con la única disposición de ofrecer este ritual, que es un ritual muy potente, que nosotros armamos para conectarnos, para bailar, para sacar las penas y también para decir que aquí estamos».

Porque también hay algo político en ocupar el espacio público con una canción que habla de la tierra de donde uno viene. En recordar que una melodía nacida en Nariño puede llegar a Bogotá y terminar convertida en pogo.

“Estamos celebrando nuestra tierrita, nuestra música, nuestro continente y eso es supremamente poderoso”, dice.

Y quizás ahí está la imagen que mejor resume el paso de Lucio Feuillet por Rock al Parque: una murga que sale de las montañas del sur, cruza carreteras, llega a Bogotá y termina encontrándose con miles de cuerpos saltando frente a un escenario.

Este año en el festival el carnaval no dejará de ser carnaval, y el rock tampoco dejará de ser rock. Simplemente se encontrarán en un frenético pogo al ritmo de nuestros sonidos propios.

Foto: Juan Pablo Forero.

*Contenido financiado por el Fondo Único de TIC.

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