¿Has escuchado alguna vez ‘What a Wonderful World’ y te ha conmovido mucho? Tal vez la has oído en una película, en un video, en un momento especial o simplemente mientras alguien la ponía de fondo. Detrás de esa voz profunda y tranquila había un hombre que se llamaba Louis Armstrong.
Louis nació el 4 de agosto de 1901 en Nueva Orleans, Luisiana, una ciudad muy musical. Allí, en el barrio The Battlefield, Louis empezó su historia al lado de su madre Mayann. Louis tuvo que dejar la escuela muy temprano y empezó a trabajar para ayudar a conseguir dinero para su hogar y uno de esos primeros empleos fue con la familia Karnofsky, quienes le ayudaron a reunir el dinero para comprar su primera corneta.
Ese no fue su único acercamiento a la música en la infancia, de hecho hubo uno que lo marcó por completo; sucedió en una celebración de Año Nuevo cuando tenía 11 años. Debido a un accidente en una acción no premeditada tuvo que ingresar al New Orleans Home for Colored Waifs, un reformatorio para niños afroamericanos, y aunque todo parecía muy complejo, y seguramente lo era, allí conoció una banda de música y gracias al músico Peter Davis aprendió a tocar la corneta, practicó y practicó hasta convertirse en líder.
Cuando salió del reformatorio, en 1914, Louis ya tenía claro que quería ser músico. Regresó a las calles de Nueva Orleans sabiendo tocar y gracias a eso empezó a trabajar con distintas agrupaciones.
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Así Louis fue haciéndose cada vez más bueno y conociendo más del jazz, en medio de esto conoció a un artista que comenzó a admirar mucho: Joe “King” Oliver, uno de los grandes trompetistas de la ciudad, quien terminó convirtiéndose en una especie de maestro para Louis, y en 1922, cuando Oliver estaba tocando en Chicago con su Creole Jazz Band, llamó a Armstrong para que se uniera a la agrupación. Louis aceptó, era casi como un sueño, así que dejó Nueva Orleans para comenzar una nueva etapa.
Chicago era uno de los grandes centros del jazz y allí empezó a hacerse conocido entre músicos y público. Armstrong y Oliver llegaron a ser una pareja muy llamativa porque ambos tocaban la trompeta y podían responderse musicalmente dentro de las canciones y esa buena conexión los llevó a realizar grabaciones juntos que fueron como un trampolín para la carrera de Louis.
Muestra de lo anterior fue cuando en 1924 Louis recibió una invitación para viajar a Nueva York y tocar con la orquesta de Fletcher Henderson, una de las agrupaciones más importantes de la ciudad. Esto fue todo un reto, pues Louis venía de una tradición musical en la que la improvisación tenía un papel central y ahora debía tocar en una gran orquesta donde los músicos trabajaban con partituras y arreglos muy precisos, pero a pesar de los nervios todo le salió muy bien. ¡Louis 1 – Síndrome del impostor 0!.
Durante ese tiempo también grabó junto a artistas como Bessie Smith y trabajó con otros grandes músicos, sin embargo, después de aproximadamente un año regresó a Chicago, y allí comenzó a grabar bajo su propio nombre con los Hot Five. El grupo reunía a Louis Armstrong en la trompeta, Kid Ory en el trombón, Johnny Dodds en el clarinete, Johnny St. Cyr en el banjo y Lil Hardin Armstrong, su esposa, en el piano. Pero Louis no solo era un teso con su trompeta, también tenía una forma de cantar muy particular y chévere, de hecho podía dejar de tocar y luego comenzar a cantar, y eso también le dio un plus que hizo que durante los años siguientes el nombre de Louis Armstrong comenzara a salir de los clubes de jazz y a llegar a un público cada vez más grande: viajó, grabó discos, apareció en la radio y comenzó a participar en películas.
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Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1947, el artista creó Louis Armstrong and His All Stars, con quienes recorrió el mundo durante décadas, fue a Europa, África, Asia, Australia y América, por eso recibió el apodo de ‘Ambassador Satch’, una referencia a su papel como embajador internacional del jazz. En medio de esa escalada de su fama hizo una de sus colaboraciones más recordadas con Ella Fitzgerald, juntos grabaron ‘Ella and Louis’ en 1956, ‘Ella and Louis Again’ en 1957 y ‘Porgy and Bess’ en 1959.
Llegaron los años sesenta y allí apareció otro de sus logros más importantes, pues en 1964 grabó ‘Hello, Dolly!’, una canción que llegó al número uno de las listas estadounidenses y desplazó a The Beatles del primer lugar. Tres años después apareció una canción que terminaría convirtiéndose en el sonido con el que millones de personas recordarían su nombre, la misma con la que empezamos este artículo: ‘What a Wonderful World’.
Lo curioso es que la canción no se convirtió inmediatamente en el gran éxito que conocemos hoy, su popularidad creció con los años y nuevas generaciones comenzaron a descubrirla. Más adelante apareció en películas y programas de televisión, y terminó convirtiéndose en una de las canciones más reconocidas, que hoy te sabes tú, yo y seguramente muchas de las personas que conoces, así no sean fans del jazz, es casi imposible que alguien no haya escuchado esta canción en su vida.
Louis siguió viviendo a través de la música hasta su último día en la tierra: el 6 de julio de 1971. Tenía 69 años cuando su vida se apagó, pero dejó un legado inmenso a través de sus composiciones que nos acompañan hasta el día de hoy, pasando de generación en generación.
Una canción de Louis Armstrong seguro sería una melodía perfecta para que Isa baile ballet. Mira este capítulo de Modo Yo y compruébalo.
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