El Chorro de Quevedo, ubicado en La Candelaria, es quizá uno de los lugares más conocidos y visitados del centro histórico de la ciudad, esto porque allí se encuentra el punto cuyas calles transportan al origen de la capital.
Se dice que durante la fundación de Santafé, hoy Bogotá, mientras Gonzalo Jiménez de Quesada trazaba los límites y las calles de la ciudad, escogió el Chorro como punto inicial para sus planos de la ciudad colonial.
Para rememorar este hecho, se escribió en la fachada de una de las casas la fecha de fundación de la ciudad: el 6 de agosto de 1538.
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Thibsaquillo y el asentamiento Muisca
Dicha fundación se realizó con la instalación de 12 chozas y una iglesia en un territorio que, según explica Luis Alfredo Barón, historiador del Archivo de Bogotá, ya estaba habitado por los Muiscas que dominaban el territorio con cultivos y asentamientos.
Así mismo, Barón cuenta que en el punto en el que se encuentra hoy el Chorro de Quevedo se habría ubicado un asentamiento llamado Thibsaquillo, que traduce “tierra de descanso” en chibcha.
Este lugar fue entonces escogido por Jiménez de Quesada porque, al ser un punto alto en la sabana, resultaba estratégico para protegerse de ataques de los indígenas, pero al mismo tiempo al haber un asentamiento allí establecido previamente, tenía mano de obra para la construcción de las casas que iniciaron la ciudad.
La frontera entre el urbanismo español e indígena
Durante siglos, el Chorro fue una frontera entre dos mundos. De un lado estaba la ciudad española: organizada, planeada y trazada en forma de damero, con calles rectas y espacios definidos.
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Y del otro lado se encontraba la ciudad indígena, conocida por los españoles como «Pueblo Viejo». Un territorio que nunca apareció en los planos oficiales y donde las calles seguían la forma natural de las montañas y las quebradas. De este urbanismo espontáneo nació la conocida “Calle del embudo”.

Origen del espacio que conocemos actualmente
El nombre actual del lugar surgió en 1832, cuando el sacerdote agustino Francisco Quevedo instaló una fuente pública, también conocida como chorro, para abastecer de agua a los habitantes de la zona.
Por este hecho altruista la fuente heredó su apellido y posteriormente se ordenó hacer una estatua del fraile de la cual brotaba el agua por sus manos pero que, debido al vandalismo, se fue deteriorando, perdió la cabeza y finalmente fue retirada.
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Finalmente, otro hecho que transformó el Chorro de Quevedo que conocemos actualmente tiene que ver con la construcción de la iglesia en 1972 y que evoca la antigua ermita del Humilladero que fue demolida en el siglo XIX.
Así, el Chorro de Quevedo sigue siendo hoy uno de los lugares más representativos de Bogotá, no solo por su valor turístico y cultural, sino también por la historia que resguarda entre sus calles y fachadas.
*Foto tomada de la página web de la Alcaldía de Bogotá

