Hace mucho tiempo, cuando Colombia todavía no existía como la conocemos hoy y estas tierras formaban parte del Virreinato de la Nueva Granada, nació una niña que con los años se convertiría en una de las heroínas más admiradas de la historia. Su nombre era Policarpa Salavarrieta Ríos, aunque el pueblo la recordaría para siempre como La Pola.
Los historiadores han encontrado distintas versiones sobre el lugar exacto donde nació, la mayoría señalan a Guaduas, Cundinamarca; otros mencionan a Mariquita, Tolima y hay quienes hablan de Santafé de Bogotá. Lo que sí se conoce con certeza es que su familia vivió durante muchos años en Guaduas, Cundinamarca.
Policarpa llegó al mundo alrededor del año 1795, era hija de Joaquín Salavarrieta y Mariana Ríos. Su padre trabajaba en actividades agrícolas y comerciales, mientras que su madre se ocupaba del hogar y de la crianza de sus hijos. Durante sus primeros años, Policarpa creció rodeada del cariño de sus padres y hermanos.
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La ubicación de Guaduas hacía que constantemente llegaran comerciantes, arrieros, militares y funcionarios que compartían noticias de lugares lejanos. Gracias a esas conversaciones, los habitantes conocían los acontecimientos que ocurrían en otras ciudades y en otros continentes y sin saberlo, aquellas historias fueron despertando en Policarpa un interés por los asuntos de su tiempo.
Cuando aún era una niña su familia decidió trasladarse a Santafé de Bogotá, la capital del virreinato, ahora nuestra ciudad. Allí la vida era muy diferente; las calles estaban llenas de actividad y el movimiento de personas era constante, y aunque todo parecía ir marchando bien, poco después ocurrió una tragedia que cambió por completo el destino de los Salavarrieta: ocurrió una epidemia de viruela se extendió por la ciudad, muchas familias sufrieron pérdidas dolorosas y la de Policarpa fue una de ellas, pues en pocos meses fallecieron su padre, su madre y dos de sus hermanos.
Tras la muerte de sus padres, los hermanos mayores buscaron la manera de salir adelante. Algunos ingresaron a comunidades religiosas, otros encontraron trabajo en diferentes regiones y Catarina, la hermana mayor, asumió la responsabilidad de cuidar a los más pequeños. De esta forma, Policarpa y su hermano Bibiano regresaron a Guaduas junto a ella.
El regreso al pueblo significó el comienzo de una nueva etapa de aprendizaje, Policarpa asistió a la escuela y aprendió a leer y escribir, también estudió doctrina religiosa, historia y diversas habilidades prácticas. Entre ellas destacó la costura, una actividad que dominaría con gran talento y que más adelante desempeñaría un papel fundamental en su vida.
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Por aquellos años comenzaron a difundirse ideas que hablaban de libertad, igualdad y autonomía. En América numerosas personas cuestionaban el dominio colonial y soñaban con construir gobiernos propios. Los acontecimientos ocurridos en Europa y las luchas que se desarrollaban en otros territorios despertaban el interés de quienes deseaban cambios para la Nueva Granada y Policarpa poco a poco comenzó a comprender que muchas personas aspiraban a un futuro diferente.
El papel de Policarpa Salavarrieta, La Pola, en la independencia de Colombia
Durante su juventud conoció a Alejo Sabaraín, un joven inteligente y valiente que compartía los ideales patriotas. Entre ambos surgió una relación de cariño y admiración mutua. Soñaban con construir una vida juntos y formar una familia, sin embargo, los acontecimientos políticos pronto transformaron esos planes… En 1810 estallaron los movimientos independentistas en varias ciudades de la Nueva Granada y el ambiente cambió rápidamente.
Alejo Sabaraín se incorporó a las fuerzas republicanas, además, otros familiares y conocidos de Policarpa también participaron en campañas militares, mientras ella observaba cómo hombres y mujeres asumían diferentes responsabilidades para apoyar la causa. Tiempo después, Policarpa regresó a Santafé de Bogotá y allí encontró trabajo como costurera en hogares importantes de la ciudad. Su habilidad con las agujas y los tejidos le permitió entrar en contacto con familias de diversos sectores sociales y aquella situación le ofreció una oportunidad extraordinaria, pues gracias a su inteligencia y capacidad de observación, comenzó a reunir información valiosa para los patriotas. Nadie imaginaba que aquella joven dedicada a la costura estaba realizando una de las labores más importantes de la resistencia.
Con el tiempo se convirtió en una pieza fundamental de las redes de información patriotas. Llevaba mensajes secretos, ayudaba a coordinar encuentros y transmitía noticias sobre movimientos de tropas, planes militares y decisiones de las autoridades españolas. Su trabajo requería gran valentía, pues cada mensaje debía llegar a destino sin despertar sospechas.
La joven también ayudaba a reclutar simpatizantes para la causa independentista y para eso conversaba con personas de confianza, identificaba a quienes compartían los ideales patriotas y facilitaba contactos para quienes deseaban unirse a la lucha,, y mientras tanto, la situación política se volvía cada vez más difícil; las autoridades españolas intensificaron las persecuciones contra los patriotas, se establecieron controles más estrictos y aumentaron las capturas de quienes apoyaban la independencia.
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A pesar de los peligros, Policarpa mantuvo su compromiso y junto a otros colaboradores organizó redes de apoyo para soldados y guerrilleros. Consiguió recursos, transmitió información estratégica y ayudó a mantener viva la comunicación entre distintos grupos patriotas. Por otro lado, su hermano Bibiano participaba activamente en estas tareas. Alejo Sabaraín también colaboraba en las actividades de inteligencia y los tres compartían el sueño de ver una patria libre y estaban dispuestos a realizar grandes sacrificios para alcanzarlo.
Sin embargo, las autoridades lograron descubrir parte de la red patriota, se hicieron capturas que permitieron obtener información sobre las personas involucradas y así varios colaboradores terminaron siendo descubiertos, lo que hizo que aumentara el peligro para todos ellos, pero la situación se volvió especialmente delicada cuando Alejo Sabaraín fue arrestado, tras esto las investigaciones avanzaron rápidamente y las sospechas comenzaron a dirigirse hacia Policarpa; un sargento conocido como Iglesias recibió la misión de localizarla.
La captura ocurrió en noviembre de 1817, Policarpa fue detenida y trasladada al Colegio Mayor del Rosario, que funcionaba como prisión. Allí enfrentó interrogatorios y un juicio militar, las autoridades la acusaron de colaborar con los patriotas y participar en actividades de espionaje. A pesar de las circunstancias, mantuvo una actitud firme, sus convicciones permanecieron intactas y durante los días de encierro mostró serenidad, dignidad y fortaleza.
El Consejo de Guerra la condenó a muerte junto con Alejo Sabaraín y otros patriotas. La fecha fijada para la ejecución fue el 14 de noviembre de 1817… Aquella mañana, numerosos habitantes de Santafé observaron el recorrido de los condenados hacia la Plaza Mayor. Policarpa caminó con paso seguro y cuando llegó el momento final le dirigió unas palabras al pueblo reunido.
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La ejecución de una mujer tan joven produjo una profunda conmoción, muchas personas comenzaron a verla como un símbolo del sacrificio realizado por quienes luchaban por la independencia. Su figura adquirió un significado especial porque representaba el valor, la inteligencia y la participación activa de las mujeres en la construcción de la nación.
El recuerdo de La Pola permaneció vivo y escritores, poetas, artistas e historiadores narraron su historia, su imagen apareció en pinturas, esculturas, monumentos y hasta en el antiguo billete de $10.000, y cada uno de esas formas de rendirle homenaje son maneras de seguir teniendo en el presente todo lo que hizo en el pasado.
Ahora que nos dimos una vuelta por el pasado, es momento de irnos al futuro con esta historia co-creada con la Generación eureka, con quienes hicimos este capítulo de eureka en acción.
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