Desafíos en la salud mental de la juventud

El monstruo en el armario: experiencias de la juventud frente a los trastornos mentales

juan.uribe
Eureka
22 Noviembre, 2023

Escrito por Juan Pablo Otero Salazar.

Instagram: @juanotero2006

Jóvenes y salud mental

Camino por un centro comercial. Me detengo. Miro a las personas que pasan por mi lado, al señor que limpia la boca de su hija untada de helado, al grupito de niños que camina mientras hacen escándalo, a la pareja de abuelitos. 

De repente mi cabeza se nubla de una idea poco común, quizá poco deseable: naturalmente cada uno de nosotros vivimos nuestra vida, no le ponemos cuidado a los problemas de los demás, no les prestamos atención. 

A mi mente llega la siguiente frase que está marcada en mi corazón con hilos de oro a raíz de una experiencia: “Si no vives para servir, no sirves para vivir”

En efecto, una de las misiones que todos los seres humanos tenemos en este mundo consiste en ayudar a los demás, o por lo menos ponerse en sus zapatos; quizás no sólo eso, tal vez es necesario intentar caminar con esos mismos zapatos. Ojalá tan sólo las personas podamos ceder un poco nuestro tiempo para pensar en los demás: por lo que están viviendo, por lo que están atravesando.   

Confieso que no soy un experto en salud mental, que en realidad me costó muchísimo escribir este artículo, pero que mi único fin es llamar la atención a las personas que se detengan a leerme para hacerles una advertencia: decirles que a su alrededor hay gente que está sufriendo, que dentro de su habitación, llena de neuronas y emociones, se encuentra un monstruo escondido en el armario llamado depresión y ansiedad, con muchísimos nombres y apellidos más que se me escapa mencionar en este momento.

 

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Sin embargo, es importante hacerlo porque de esa manera sabemos de la existencia de aquel huésped problemático, y podemos tomar cartas en el asunto con el fin de que aquellos que lo albergan, puedan incrementar sus herramientas para hacerle frente, sabiendo que es mejor abrazar los problemas que huir de ellos. 

Es necesario entender que aquel monstruo, con el apoyo pertinente, no volverá a ser la bestia que era antes porque se logró un acuerdo con él. 

Este artículo expone las experiencias de jóvenes colombianos frente a la baja importancia que se le da a la salud mental, con el propósito de encender las alarmas e indicar que se deben fortalecer las estrategias en este asunto y no dejar solas ni solos a aquellos que requieren apoyo.

Hablemos de Jiménez, de 18 años, a quien le cambio el nombre para proteger su identidad. Él vive en un país europeo pero es colombiano. En una llamada me contó que, a causa del divorcio de sus padres, de la soledad que sufrió, de la ansiedad y de la depresión profunda, tomó la decisión de probar el alcohol y después la marihuana como una vía de escape, más o menos a los 13 años de edad. 

También me contó que acudió a la psicóloga del colegio, pero que ella no lo sabía orientar, que se sintió juzgado, rechazado y observó como todos se enteraron de sus problemas y por ese motivo ya no cree en los especialistas. Señala que a pesar de los valiosos avances, Colombia todavía tiene una baja conciencia al considerar que la salud mental no es tan importante como la salud física. 

De hecho, él dice que se suele ignorar el bienestar emocional y utilizar las redes sociales para manifestarle a todo el mundo lo felices que estamos, aunque en realidad no es así: muchas personas aparentan estar bien cuando en verdad necesitan ayuda

 

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Yo también creo que socialmente no se le ha prestado la suficiente atención a la salud mental, y por lo tanto es necesario mencionarla. Como él dice, todos y todas deberían considerar ir al psicólogo, pero a uno que en verdad sepa guiar con profesionalismo y así impulsar el crecimiento personal. 

Alejandro, de 17 años, vive en Bogotá. Él fue otra víctima más del bullying y a raíz de eso comenzó a desarrollar inseguridades, ansiedad, se alejaba de las personas, solía ser rebelde y eso hacía que se metiera en muchos problemas. Me dice que su colegio nunca hizo nada para detener los maltratos físicos y verbales provenientes de sus compañeros, al contrario, le decían que todo era su culpa. 

Cuando su primo de 15 años murió y su hermana se mudó a Europa, el ambiente familiar se tornó tenso y estresante, pues su tía y abuela estaban muy dolidas por el fallecimiento, y él muy triste porque su hermana, quien era su compañía, la persona que le ayudaba en sus problemas, se fue. 

Me dijo que la carga académica del colegio y el hecho de no tener a quien acudir desencadenaron una fuerte ansiedad que era liberada con el exceso de masturbación. Por último, indica que en este momento está medicado con ansiolíticos, que le molestan las críticas de los demás y que el futuro para él es incierto. 

Sin embargo, recomienda hablar con un especialista y personas de confianza, porque lidiar con los problemas sin compañía es muy difícil. Ahora, yo quiero volver a insistir en que el bullying es un grave elemento que aumenta las posibilidades de tener alguna afectación a nivel de nuestra salud mental.  

Mafe tiene 18 años y en un inicio, a modo de preámbulo, sostiene que a los niños y niñas no les toman en serio cuando advierten sobre su mala salud mental. Suelen decir que es cuestión de hormonas, una etapa o que está exagerando. 

También me dice que es muy molesto cuando las personas creen que ayudan al decirle a alguien con depresión que se ponga feliz, que la vida es bella. Al contrario, Mafe considera que para una persona así es difícil hasta levantarse de la cama o comer. 

Me dijo que en su adolescencia ella necesitaba citas con psicología y psiquiatría cada 15 días, pero que su EPS sólo se las daba cada 4 meses, y que es recurrente que un día antes se la cancelen. 

 

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Por último, Juan Ángel, de 19 años, me dice que de niño sufría tristeza, abandono, aburrimiento, intolerancia a la soledad y era impulsivo. Cuando cumplió los 17 fue al psicólogo y le diagnosticaron Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), y de ahí supo por qué sus emociones, en palabras de él, las siente tres veces más fuerte que los demás. 

Por esta razón, suele tener un miedo intenso a ser abandonado y sus cambios de humor son bastante drásticos. También cuenta que debido al estrés sufrido por la carga académica tuvo que internarse.

Juan Ángel también es un conocedor de las problemáticas políticas y sociales del país, y por eso me comentaba aspectos claves. Decía que la atención en salud mental es excluyente cuando no se tiene el dinero, y que eso implica que la población habitante de calle sea más vulnerable. 

A su vez, menciona que las personas han normalizado ser hostiles, por lo tanto, desde su experiencia indica la necesidad de que cada uno fortalezca su capacidad de tener empatía frente a los demás: entenderlos, saber que todos y todas, en lo más íntimo, dentro de nuestro cuarto y, específicamente, en el armario, se puede esconder un monstruo del que nadie se ha enterado. 

De esa manera recomienda prestar atención a cada una de las señales que den las personas que están en nuestro entorno, por más mínimas que sean. Concluye que todos y todas siempre debemos tener presente que no estamos sólos, que siempre va haber alguien dispuesto a ayudarnos, pero que también es necesario acudir a un psicólogo o psicóloga, porque eso no es de locos, al contrario, es sano exteriorizar las emociones en palabras.          

Si llegaste hasta el final y necesitas ayuda, te recomiendo consultar los siguientes recursos:

  • Línea SalvaVidas Fundación Sergio Urrego: 3117668666
  • Línea 106 "El poder de ser escuchados"

 Un Abrazo

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