En una industria musical que se mueve a la velocidad de las tendencias digitales, Trueno (Mateo Palacios Corazzina) ha logrado destacar haciendo exactamente lo contrario: mirando hacia las raíces. Nacido el 25 de marzo de 2002 en el emblemático barrio de La Boca, en Buenos Aires, el joven artista se ha convertido en el puente definitivo entre la vieja escuela del hip-hop y las nuevas generaciones de la música urbana en América Latina.
Su relación con la cultura hip-hop no fue una casualidad, sino una herencia. Hijo de Pedro Peligro, un pionero del rap argentino de los años 90 y activista social, Mateo creció entre rimas, breakdance y graffitis. Desde muy chico, las plazas de su ciudad se convirtieron en su escuela, un terreno donde empezó a pulir su velocidad mental, su métrica y un «flow» característico que no tardaría en llamar la atención de la escena local.
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El salto desde el ‘underground’
El nombre de Trueno empezó a resonar con fuerza internacional en el circuito de las batallas de freestyle, y además su paso por competencias legendarias como El Quinto Escalón, la FMS Argentina y su coronación como campeón nacional de la Red Bull Batalla de los Gallos en 2019, lo catapultaron al estrellato.
Sin embargo, en la cumbre de su carrera como ‘freestyler’, tomó la decisión crucial de alejarse de las batallas para dedicarse por completo a su propia música.
Su álbum debut, Atrevido (2020), fue una declaración de principios, y con éxitos como «Mamichula» junto a Nicki Nicole y Bizarrap y «Sabor Azul», el disco demostró que el rapero de La Boca sabía cómo transformar la agresividad de las batallas en canciones con identidad de barrio.
Para el artista de La Boca, la música no se trata de imitar a los grandes maestros, sino de dialogar con ellos a través de una propuesta estética muy clara. Durante una entrevista con la Nevera Sonora, Trueno sintetizó su filosofía de trabajo con una frase que define a la perfección su sonido e inspiración actual: «Algo muy limpio, ensuciarlo; y algo muy sucio, limpiarlo«
El arte de romper el molde
Esta búsqueda de la imperfección controlada explica la riqueza sonora que ha caracterizado sus últimos trabajos. «Ensuciar lo limpio» donde implica agarrar bases perfectas, ritmos modernos o géneros tradicionalmente elegantes y estilizados, como lo son ritmos argentinos como Spinetta, Sandro, Cerati, Etc. y aportarles esa cuota de asfalto, distorsión y crudeza propia del hip-hop y de la vida de barrio.
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Por el contrario, «limpiar lo sucio» se traduciéndose en tomar sonidos de la calle, muestras de audio analógicas o ritmos populares marginados por la academia, como Los Wachiturros, West Cost, Pibes Chorros, Etc. y darles un tratamiento de producción de primer nivel, elevándolos a los grandes escenarios globales sin que pierdan su esencia original.
Con esta declaración de principios, el joven referente deja en claro que el secreto de su originalidad radica en saber habitar los extremos. En esa tensión constante entre lo limpio y lo sucio, entre lo sofisticado del estudio y la pureza de la calle, es donde Trueno encuentra, una y otra vez, su sonido más auténtico.
Identidad latinoamericana y proyección global
Este método de producción no solo funciona a nivel técnico, sino también conceptual. Trueno no esconde sus referencias, las procesa. Ya sea desde la herencia del rap de los 90 que le transmitió su padre, Pedro Peligro, hasta los ritmos latinoamericanos, la cumbia y el folclore, el artista utiliza este balance dinámico para que la nostalgia no suene vieja, sino completamente contemporánea.
El verdadero quiebre conceptual llegó con su segundo trabajo de estudio, Bien o Mal (2022), un album donde Trueno dejó claro que su propuesta iba más allá del entretenimiento.
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Con canciones como «Tierra Zanta» y «Argentina» que graba junto a Nathy Peluso, el artista alzó la voz para retratar las realidades, las luchas y el orgullo de vivir en América Latina. El proyecto fue un éxito rotundo, llevándose el prestigioso premio Gardel de Oro en su país.
A partir de allí, su proyección internacional no ha hecho más que crecer, ya sea desde colaboraciones icónicas con leyendas del rap como Cypress Hill, hasta giras masivas por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
El ritmo urbano como homenaje global
Trueno ha sabido ganarse el respeto de la crítica por su respeto absoluto a los cuatro elementos del hip-hop y su tercer álbum, El Último Baile (2024), reafirmó ese compromiso al rendir un homenaje explícito a los 50 años de la cultura hip-hop global, adaptándola a su propio lenguaje rioplatense.
Hoy en día, se ha consolidado como un artista maduro que domina los grandes festivales y estadios del continente, Trueno sigue siendo el mismo chico que rapeaba en la Comuna 4, pero su historia es el reflejo de que la música urbana, cuando tiene mensaje, memoria y respeto por sus orígenes, no conoce fronteras.
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Foto: Instagram @Trueno

