Rock al Parque no es solamente una sucesión de conciertos. Para Sergio Marchi, periodista argentino especializado en rock, el festival representa una experiencia cultural que combina música, público, periodistas, artistas y equipos técnicos alrededor de una misma celebración. Invitado a participar en el Foro Internacional de Periodismo de Rock – Rock al Parque 30 años, Marchi llega a Bogotá con curiosidad y con la mirada de quien viene de una escena donde no existe una tradición comparable de festivales públicos y gratuitos.
Un festival que encontró su propia identidad
Marchi reconoce que parte de su aproximación a Rock al Parque comienza desde una confesión: no conoce en detalle sus 30 años de historia. Esa distancia, sin embargo, le permite observar aquello que diferencia al festival colombiano de buena parte de los encuentros musicales que conoce en Argentina.
En su país existen festivales privados y algunos eventos gratuitos, pero, según explica, no hay una tradición sostenida durante tres décadas como la que representa Rock al Parque. Para él, esa característica ya marca una diferencia y ayuda a explicar por qué el festival terminó construyendo una identidad propia.
“Lo bueno de Rock al Parque es que se ha vuelto como una especie de institución.”
A esa identidad se suman los artistas internacionales, los encuentros entre periodistas de distintos lugares y la posibilidad de que diferentes escenas musicales entren en contacto. Para Marchi, todo ese movimiento alrededor de la música también hace parte de lo que convierte a un festival en un espacio cultural y no únicamente en una programación de conciertos.
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Su reconocimiento va más allá de la ciudad. Después de dos años viviendo en Colombia, el periodista asegura que le resulta significativo comprobar cómo el nombre de Rock al Parque ha cruzado las fronteras de Bogotá y del país hasta convertirse en una referencia para los círculos roqueros de otras latitudes.
El público, el periodismo y las bandas que todavía no conocemos
Uno de los asuntos que más le interesa a Marchi es la relación entre el festival y la formación de públicos. El espectador tiene sus preferencias, llega buscando determinadas bandas y difícilmente puede ser conducido por completo hacia nuevos sonidos. Pero ahí aparece, considera, una responsabilidad para quienes cuentan la música.
Los periodistas pueden poner sobre la mesa nuevas propuestas, explicar por qué vale la pena escucharlas y ampliar la conversación alrededor de artistas que quizá todavía no hacen parte del radar del público.
“Los periodistas tenemos un poquito de responsabilidad, pero también el público no lo podés manejar.”
Esa será parte de la conversación que Marchi llevará al Foro Internacional de Periodismo de Rock – Rock al Parque 30 años, donde participará como primer orador. El desafío, reconoce con humor, es preparar una charla que consiga decir algo interesante sobre un oficio que también cumple una función dentro de la escena musical.
Pero su mirada sobre Rock al Parque no termina en la prensa ni en las bandas. Para Marchi, cada festival es una oportunidad de encuentro en la que también participan quienes hacen posible que la música llegue al escenario: sonidistas, iluminadores, técnicos, productores y equipos provenientes de diferentes lugares.
Una reunión de tribus y una memoria por construir
Esa dimensión colectiva es, precisamente, otra de las características que encuentra en Rock al Parque. Marchi describe los festivales como una suerte de reunión en la que nunca se sabe completamente qué ocurrirá cuando todas esas personas coincidan en un mismo lugar.
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La experiencia, dice, no depende solamente de los músicos y del público. También está determinada por la disposición de quienes trabajan detrás del escenario, por su voluntad de colaborar y por el objetivo común de que cada artista pueda entregar el mejor espectáculo posible.
“Es como la reunión de las tribus.”
Para Marchi, formar parte de esta edición es apenas una pequeña pieza dentro de una historia mucho más grande. Su participación como periodista, invitado y espectador se suma a un legado que, después de tres décadas, ya pertenece a varias generaciones del rock.
Y quizá esa sea una de las particularidades que más le interesan de su llegada a Bogotá, no solo venir a escuchar bandas, sino encontrarse con una historia que ya tiene 30 años sonando y que ahora le permitirá sumar su propia mirada a la memoria de Rock al Parque.
*Foto: Nicolás Romero

