Rock al Parque y el periodismo cultural que ha contado sus 30 años de historia

Durante tres décadas, periodistas y medios han seguido la evolución de Rock al Parque, desde sus primeros años hasta la era del contenido digital.

Pepe Plata analiza la historia de Rock al Parque desde el periodismo.

Rock al Parque también tiene una historia fuera de las tarimas. Durante 30 años, periodistas, revistas, programas de radio, fanzines y ahora creadores digitales han registrado sus bandas, sus públicos, sus cambios y las discusiones que ha provocado. Para Pepe Plata, periodista y gestor cultural, ese ejercicio de documentación ha sido fundamental para entender qué representa el festival dentro de Bogotá.

Contar un festival antes de que existiera

El periodismo cultural comenzó a seguir el movimiento que terminaría dando origen a Rock al Parque incluso antes de que se realizara su primera edición. A comienzos de los años noventa, Bogotá tenía una escena independiente que encontraba espacios principalmente en bares y pequeños escenarios, mientras algunos medios empezaban a dedicarle atención.

Para Pepe Plata, periodista y gestor cultural, el periodismo ha acompañado a Rock al Parque desde antes de que el festival existiera. A través de crónicas, entrevistas y reportajes, los medios han registrado su evolución y, con ella, la transformación de una iniciativa que nació desde la gestión cultural de Bogotá y que con los años adquirió un lugar cada vez más relevante en la agenda de la ciudad.

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Ese registro también ha permitido seguir los cambios de la escena musical bogotana y las distintas formas en que el festival ha sido contado, analizado y discutido a lo largo de sus 30 años.

Antes del festival ya habían ocurrido distintas jornadas y encuentros que ayudaron a consolidar esa escena. Para Plata, Rock al Parque terminó reuniendo esas experiencias alrededor de una propuesta gratuita en la que las bandas tenían el protagonismo. Los medios de entonces encontraron allí un acontecimiento cultural que estaba relacionado directamente con algo que ya venía ocurriendo en la ciudad.

El contexto musical también era distinto. Plata recuerda que durante los años ochenta buena parte de los discos que circulaban entre los aficionados llegaban desde Caracas y Buenos Aires. Algunos trabajos que no tenían publicación o distribución en Colombia se conseguían allí, mientras artistas de esas ciudades y de otros lugares de Latinoamérica alimentaban las referencias musicales de una generación.

Con el tiempo, Bogotá empezó a tener mayor presencia dentro de ese circuito. La aparición de Rock al Parque coincidió con un momento en el que las bandas locales comenzaron a ocupar un espacio más visible y la ciudad pudo identificar una producción propia que ya no dependía únicamente de lo que llegaba desde otros lugares.

De las revistas y los fanzines al contenido en tiempo real

La manera de cubrir Rock al Parque también cambió de forma considerable. Durante sus primeros años, la información podía encontrarse en radio, televisión, prensa especializada, revistas y publicaciones independientes. Incluso la presentación de los carteles respondía a una lógica mucho más pausada y presencial.

Hoy el escenario es otro. Un celular permite grabar, editar, publicar y transmitir desde el mismo lugar donde ocurre un concierto. La cobertura dejó de estar concentrada en unos pocos medios y ahora participan múltiples personas que producen contenidos desde sus propias plataformas.

“Ahora con una cámara y con un celular cualquiera puede hacer casi que contenido en tiempo real”, señala Plata.

Esa transformación ha ampliado considerablemente la conversación alrededor del festival. Hay contenidos informativos, reseñas, transmisiones, recomendaciones y críticas que aparecen durante el desarrollo mismo de las jornadas. La velocidad se convirtió en una característica central de la cobertura.

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Pero para Plata también existe una tensión entre publicar rápido y desarrollar contenidos con mayor profundidad. La posibilidad de contar inmediatamente qué ocurrió no necesariamente significa que exista tiempo para explicar por qué ocurrió o qué significa dentro de la historia del festival y de la escena musical.

“Se puede ganar rapidez, que también mucha gente la demanda, pero a veces también el análisis o la capacidad de generar algún tipo de pensamiento crítico queda prácticamente olvidada”, afirma.

Un festival que también modificó la escena local

La evolución de Rock al Parque permitió que una escena que inicialmente tenía una circulación más reducida alcanzara públicos mucho mayores. El festival empezó a adquirir peso dentro de la programación cultural de Bogotá y también se convirtió en un espacio relevante para las propias bandas.

Plata señala una particularidad que ayuda a dimensionar ese impacto, para algunos artistas la presentación en Rock al Parque puede ser uno de los momentos en los que más público reúnen durante su trayectoria. El festival, en ese sentido, no solo exhibe una escena, también puede modificar las condiciones en las que esa escena llega a sus audiencias.

El público bogotano además ha desarrollado una relación particular con el festival. Plata lo define como una audiencia fiel, pero no necesariamente complaciente: “Así como aprecia, critica y cuestiona”.

Esa relación explica parte de las discusiones que Rock al Parque ha generado durante sus 30 años. Cada edición trae nuevas bandas, decisiones de programación, debates y lecturas sobre el estado de la música en Bogotá. El festival se convirtió así en un punto recurrente de conversación dentro de la agenda cultural de la ciudad.

Tres décadas después, el cambio no está únicamente en la música o en las plataformas. También está en la forma de documentar lo que ocurre. De las crónicas y los fanzines a los videos publicados desde un teléfono, Rock al Parque ha acumulado distintas maneras de ser contado. Esa suma de registros es, también, parte de su historia.

*Foto: Nicolás Romero

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