Hay personas que despotrican de la cumbia y la música autóctona colombiana, pero cuando muere uno de sus artistas insignia, salen orgullosos a hacer homenajes a lo que nos representa y a hablar de la importancia de su obra. Y luego también están los que por querer “salvar las buenas costumbres y tradiciones” terminan segregando nuevas manifestaciones folclóricas que lejos de borrar tradición buscan un lugar de respeto y visibilidad.
Que la tradición no pelee con la diversidad. Que las músicas tradicionales de nuestro país, habitadas y lideradas principalmente por hombres, no sean ajenas a lo que hasta hoy se conoce como lo diferente, “lo raro”. Que cada vez el respeto por las raíces musicales y culturales de la cumbia, el currulao y el bullerengue no signifique el desprestigio por afrotravestis artistas y minorías dentro de las minorías que buscan un lugar dentro de este universo. Y que tampoco nos acordemos de que existe el folclor colombiano cada vez que muere uno de sus más grandes exponentes…
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Hace ya unos días que falleció doña Totó La Momposina y desde su partida hay algo que me ha llamado la atención particularmente. Y es que claro, con la triste noticia, la manifestación de amor por nuestras tradiciones musicales floreció con un ímpetu que pareció diluirse fácilmente con el paso de los días.
¿Qué tanto conocemos de nuestra música, de sus raíces, de sus exponentes, corrientes o manifestaciones? ¿Qué tanto apoyamos el folclor hecho en Colombia? ¿Qué tan interesados estamos en visibilizar, promulgar, perpetuar y consumir músicas tradicionales de nuestro país?
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Esta es una autocrítica, es un llamado a descubrir o preocuparnos más por conocer la música tradicional y folclórica de un lugar que, en cualquier parte de su territorio es rico en tradición oral y musical; Ojalá demostráramos ese orgullo por lo que nos atraviesa culturalmente siempre, sea usted el más acérrimo de los metaleros, una apasionada de la electrónica o un fanático del rap; y no solo cuando los pioneros empiezan a irse de este mundo, haciedo videos o posts de algo que antes criticaban o poco les importaba.
He tenido la dicha de participar activamente en muchas ediciones del Festival Colombia al Parque y en espacios como ese es donde logro entender muchos de los retos que enfrenta este sector de la música local, pero, al mismo tiempo, también comprendo el poder que tiene, la cantidad de propuestas valiosas, competentes, de buen nivel, que más allá de figurar en escenarios mainstream o comerciales, luchan por preservar identidad, por contar historias propias, por llegarle a nuevos públicos y por mostrar que no hay que apoyar lo nuestro por ser nuestro, sino porque es bueno.

