En este episodio de La Nevera Sonora, el músico e intérprete Gustavo Santaolalla habló sobre el arte de componer para otros grandes artistas sin impregnarles un estilo propio y la magia detrás de fusionar el folclore latino con el rock.
Salir de Latinoamérica para hacer folklore latino
Ganador de dos premios Óscar a la mejor banda sonora original con Secreto en la montaña en 2005 y Babel en 2006, Gustavo Alfredo Santaolalla nació en 1951.
En una Argentina con pantalones acampanados y chaquetas de flecos, Santaolalla dio sus primeros pasos artísticos liderando Arco Iris, una banda de rock argentino pionera en fusionar música latinoamericana con rock. Pero también fue parte de una comunidad hippie, donde experimentó sus primeros amores con una mujer 13 años mayor que él, quien inspiró una de sus primeras canciones: ¿Quién es esa chica?
En 1977, a causa de la dictadura militar, la censura y la represión artística, tuvo que abandonar Argentina y emigrar a Los Ángeles, Estados Unidos. Aunque dice con gracia que fue un exilio «medio buscado»:
«Ya estaba cansado de que me metieran preso por tener pelo largo y tener guitarra eléctrica», contó Santaolalla en La Nevera Sonora.
Habló sobre la experiencia de vivir lejos de su lugar de origen y sus raíces, pero también sobre la convicción de no volver a un espacio donde la música y la cultura no sean libres.
En 1990, se posicionó como productor de pop-rock latino para Los Prisioneros, Café Tacvba, Molotov, Juanes y Julieta Venegas. Lanzó su primer álbum en solitario, GAS (1995), y Ronroco (1998), este último con el nombre de un instrumento andino con el que está profundamente conectado, pues ha hecho parte de su esencia y trayectoria como músico e intérprete.
«El tema de The Last of Us fue compuesto principalmente en ronroco. El ronroco es el instrumento principal (…) y jamás nadie ha venido y me ha dicho “qué lindo ese instrumento andino”, porque está muy bien integrado».
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El arte de no imprimir una identidad como productor
La fusión del rock con el folclore latino y los instrumentos tradicionales de la cordillera hacen parte de la identidad que ha formado como artista, aunque no de su trayectoria como productor musical, donde se caracteriza por proponer la esencia propia del artista.
«En realidad, trabajo mucho en plasmar lo que es ese artista y qué es lo mejor para lo que hace».
Aunque admira a Daniel Lanois, productor y músico canadiense, quien es muy contrario a su corriente profesional, asegura que prefiere trabajar con artistas con opinión y carácter fuerte, que lo obligan a estudiar su universo y le impiden imprimir un sonido propio.
«Llegado un momento de conflicto, de un cruce de caminos en donde uno piensa una cosa y otro piensa otra, yo siempre voy a ir con lo que piensa el artista».
Cuenta que está consciente de que brinda un servicio y cree fielmente que sus artistas siempre se han llevado el resultado deseado, aunque como músico prefiere impregnar sus piezas con sonidos propios que hablen de lo que hace y de dónde viene.
A sus 75 años, se enorgullece de su experiencia, pero también es fiel creyente de la inexperiencia y del aporte que hacen los nuevos artistas a la cultura, así como de su forma distinta de hacer las cosas de siempre.
*Foto: La Nevera Sonora

