En Bogotá, planear el día implica considerar más de un escenario climático. No es inusual que una mañana soleada termine en una tarde de lluvia intensa. Por eso, para muchos ciudadanos es habitual salir con protección solar y, al mismo tiempo, llevar una sombrilla o impermeable. Esta variabilidad forma parte de la experiencia cotidiana en la capital.
Quienes se movilizan en motocicleta suelen percibir con mayor intensidad estos cambios. Al estar expuestos durante todo el trayecto, pasan con facilidad del calor fuerte característico de la sabana a precipitaciones repentinas que alteran la movilidad y las condiciones de seguridad en las vías.
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La geografía detrás del clima
De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), el comportamiento atmosférico de Bogotá responde a factores asociados a su ubicación en la zona tropical y a su altitud sobre el nivel del mar.
La interacción entre radiación solar, corrientes de viento y relieve montañoso explica buena parte de esa inestabilidad. Sin embargo, los especialistas advierten que los patrones tradicionales han venido cambiando.
El cambio climático ha introducido modificaciones que dificultan las predicciones diarias y alteran la duración e intensidad de las temporadas lluviosas y secas. La ciudad, como otras capitales del mundo, no es ajena a estos efectos. El reciente racionamiento de agua evidenció la vulnerabilidad frente a periodos prolongados de sequía y la necesidad de fortalecer la gestión del recurso hídrico.
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Más extremos, nuevos desafíos
Las proyecciones apuntan a una posible intensificación de los extremos: lluvias más persistentes en ciertos periodos y sequías más severas en otros. En ese contexto, comprender cómo funciona el sistema climático local resulta clave para la toma de decisiones públicas y para la adaptación ciudadana.
Más allá de la percepción de “imprevisibilidad”, el clima bogotano es el resultado de procesos físicos identificables y de la creciente influencia de la actividad humana. Analizarlo con rigor permite ir más allá de la anécdota diaria y entender los desafíos ambientales que enfrenta la capital en los próximos años.

