La infraestructura pesada ha sido tradicionalmente un ecosistema de sombras para las mujeres, un territorio de cascos y botas donde el mando parecía reservado a otros.
Sin embargo, el Patio Taller del Metro está demoliendo ese techo de cristal, la presencia femenina en la supervisión técnica no es un adorno institucional, sino una ventaja estratégica, que aporta una rigurosidad que humaniza la escala monumental de la obra, demostrando que la excelencia en las cimentaciones especiales no entiende de géneros, sino de disciplina y visión.
De la academia al Patio Taller
Lersy Cruz es el rostro de esta transformación, desde sus días en el SENA, donde se forjó como la única mujer en ambientes técnicos, hasta su rol actual en la Empresa Metro, su camino ha sido una carrera de fondo contra los estereotipos.
Para Lersy, «brillar» en un gremio masculino ha requerido una preparación técnica inquebrantable. Su labor no es fortuita; es la culminación de un sueño que nació desde 2017, cuando el Metro era todavía un boceto en el horizonte de Bogotá.
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La Emoción del Primer Tren
Para un espectador, los vagones son máquinas; para Lersy, son seres orgánicos que llegan para cambiar una historia.
Al relatar la llegada de los primeros trenes al puerto, su voz abandona la frialdad del cálculo: «Es como cuando tienes un hijo y lo ves allá por primera vez bailando».
Esa conexión visceral otorga sentido a las 150.000 toneladas de acero estructural que sostienen el proyecto —el peso equivalente a 375 aviones Boeing 747 cargados—. Cada bloque del Patio Taller ha sido erigido para dar cobijo a ese momento de epifanía técnica.
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El Miedo como Motor
Lersy no teme al futuro, lo diseña, se enfrenta al desafío de la tecnología GoA4, el estándar más alto del mundo que permite que los trenes operen al 100% sin conductor a bordo.
Donde otros ven incertidumbre, ella ve un reto profesional para dejarle un legado a sus hijos.
Por eso, trabaja para que ellos comprendan que su madre no solo participó en una obra, sino que domó la tecnología más avanzada del planeta para conectar a su gente, transformando el miedo en la solvencia de quien sabe que está haciendo historia.
La ingeniería, al final del día, es el arte de unir destinos, preparando el terreno para que una ciudad dividida empiece a reconocerse en un mismo espejo de progreso.

