La música llanera siempre ha sido un territorio de identidad, raíz y emoción. Para la cantante Lizeth Vega, esa conexión con el folclore de la Orinoquía colombiana ha marcado cada paso de su carrera artística.
«Siempre he sido una embajadora comprometida con todo lo que tiene que ver con mi región», afirma con orgullo.
Junto a Joropo Indomable, la propuesta es clara: educar al público sobre la riqueza cultural que encierra esta música.
Además, quieren mostrar cómo conceptos como Paraguá significan identidad, raíces y diversidad.
Joropo con lenguas nativas y electrónica
La apuesta de Joropo Indomable no se limita a la interpretación del folclor. Su diferencial está en la integración de lenguas indígenas como el sicuani, saliva y peapoco, propias de la Orinoquía, dentro de sus composiciones. A esto se suma la experimentación con sonidos electrónicos, creando un puente entre tradición y modernidad.
Lizeth Vega explica que Bogotá ha sido un escenario fértil para esta propuesta: «Aquí cabemos todos: la música clásica, el buyerengue, el joropo, la música andina».
“Esa diversidad nos inspira a componer con temáticas universales que conectan con las realidades de quienes habitan la ciudad”, aseguró.
Bogotá, ciudad de encuentro cultural
La capital se convierte en un espacio donde las músicas regionales dialogan con otras sonoridades del país y del mundo.
Para Vega y Joropo Indomable, esta acogida ha sido clave para consolidar un proyecto que no solo preserva las raíces llaneras, sino que también las proyecta hacia nuevas audiencias.
“Sabemos que todo lo que componemos debe conectar con las realidades de las personas que viven aquí, pero sin dejar de lado nuestras raíces y la conexión con la naturaleza”, señala la artista.

