¿Qué hago si un artista que me gusta promueve ideas o ideales que no comparto, o que van en contravía a mi línea de pensamiento? Tema complicado pero apasionante, ¿no?
Y es que por estos días, con el fallecimiento de, ojo, uno de mis artistas favoritos de toda la vida, volvió este eterno debate a mi cabeza. Willie Colón fue, es y será una de las influencias, inspiraciones, acompañantes y figuras más importantes de mi consumo musical, y de mi formación como melómano, pero ajá, ciertas de sus posturas no dejaron de incomodarme y hacerlo un poco insufrible, sobre todo durante los últimos años…

¿Qué hacer? ¿Dejar de escuchar sus canciones? No creo, por lo menos no sabría cómo. No sabría cómo, de un momento a otro, podría desarraigar de mi ser el amor, las emociones, los recuerdos y todo lo que su obra artística ha hecho de mí como persona. No sabría cómo a menos de que se descubriera que fue un criminal o alguien que violentó de muchas maneras. ¿Dejar de seguirlo en redes?, tal vez, una buena solución si lo que se quiere es distraer el asunto, hacer como si nada. ¿Odiarlo y cancelarlo? mm pues no, tampoco me da para tanto.

Siempre que me debato esto, dependiendo del caso claro, lo primero que pienso es que la separación de obra/artista es un dilema de conciencia individual, no es una norma universal. Es un debate moral que me incumbe solo a mí, y que no debería ser motivo de señalamiento ni inquisición. Reconocer y disfrutar el valor de una obra no siempre implica admirar a su autor. Claro, seguramente la obra representará su cosmovisión del mundo, pero de este lado, esa misma obra también puede significar muchas otras cosas que nada tendrán qué ver con sus posturas, al final de cuentas es mi interpretación la que le da el valor a la obra del artista, con su luz pero también con su oscuridad, y siempre entendiendo que el debate tendrá varios puntos de partida: el emocional, el racional, el ético, el político, el estético…

Eso sí, soy fiel defensor de la idea de NO tener ídolos, esos que defienden enceguecidamente, sin cuestionarse absolutamente nada; porque una cosa es eso y otra muy distinta es disfrutar de una obra con un panorama responsable, ético, crítico y muchas veces, inseparable.
Como siempre, muchas preguntas: ¿Es objetivo principal del artista con su obra dejar el rastro de su comportamiento? ¿De su parecer? ¿Qué es censurable y qué no? ¿Es deber nuestro conocer la biografía de nuestros artistas? Muchas pruebas más de que estamos condenados a vivir en contradicción, por siempre. ¿Ustedes cómo lo ven?
Imagen de portada generada con inteligencia artificial.

