Algunos proyectos musicales se construyen desde una estrategia clara de mercado. Otros surgen como resultado de procesos creativos que, con el tiempo, encuentran forma colectiva.
LosPetitFellas se consolidaron a partir de este segundo camino. El proyecto comenzó en 2012 alrededor de la escritura y la voz de Nicolai Fella, y posteriormente evolucionó hacia un formato de banda. Lo que inició como una propuesta centrada en la palabra se transformó en un ensamble instrumental donde batería, bajo, guitarra, teclados y vientos dialogan con el rap y amplían su estructura sonora.
Desde sus primeras canciones, el grupo articuló una propuesta que integra elementos del hip hop con influencias del jazz, el funk y la música alternativa. La combinación de estos lenguajes no responde a una etiqueta específica, sino a una construcción progresiva de identidad musical.
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A lo largo de más de una década, la banda ha desarrollado una trayectoria que incluye producción discográfica, circulación nacional e internacional y participación en distintos formatos escénicos y audiovisuales.
La palabra como punto de partida
Letras cargadas de introspección, ironía, vulnerabilidad y crítica urbana empezaron a circular con gran honestidad poco común en la escena. Pero muy pronto la palabra pidió compañía. Y lo que pudo haber sido un proyecto solista se transformó en banda.
Ahí apareció el giro fundamental. Con batería, bajo, guitarra, teclados y vientos, LosPetitFellas dejaron de ser rap acompañado para convertirse en un ensamble que dialoga. Cada instrumento opina, los arreglos modifican la intención de un verso, y cada silencio pesa.
El resultado es una música que piensa mientras suena.

Bogotá no como postal, sino como pulso
En su universo creativo, Bogotá no es paisaje romántico ni telón de fondo turístico. Es tensión, lluvia, concreto, ansiedad, tránsito, contradicción. Las canciones de LosPetitFellas hablan del amor sin filtros, del miedo a no ser suficiente, de la fragilidad emocional de una generación que aprendió a narrarse a sí misma sin solemnidad.
Hay crudeza, pero también ternura.
Hay desencanto, pero también esperanza.
La ciudad aparece no como cliché, sino como experiencia vivida.

Discografía: una evolución consciente
A lo largo de más de una década, la banda ha construido un catálogo coherente, donde cada lanzamiento representa una etapa distinta de maduración sonora y narrativa.
Historias Mínimas
El punto de partida formal. Canciones íntimas, directas, donde la mezcla entre rap y ensamble instrumental comenzaba a definirse. Un disco que instaló el tono confesional que marcaría su identidad.
Formas para Perderse o I.D.E.A.S.
Mayor ambición conceptual. Arreglos más arriesgados, estructuras menos previsibles, una banda más consolidada. Aquí el sonido se expande y la narrativa adquiere profundidad.
Souvenir (y edición Deluxe)
Una etapa de exploración atmosférica. Más densidad instrumental, mayor madurez lírica y una sensación de introspección que atraviesa el álbum. La banda demuestra que puede sofisticar su propuesta sin perder cercanía.
777
Un proyecto desplegado en entregas que rompe la lógica tradicional del álbum. Aquí la banda juega con el formato, amplía su universo creativo y reafirma su interés por experimentar más allá de lo convencional.
El Plan Nuestro de Cada Día
Una etapa de consolidación. Menos necesidad de demostrar, más claridad estética. La experiencia se convierte en virtud y el sonido alcanza un equilibrio entre riesgo e identidad.
Cada disco no contradice al anterior: lo expande.
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El escenario: donde todo se transforma
Si en estudio construyen con precisión, en vivo liberan.
LosPetitFellas se han ganado el respeto de la escena por conciertos que no son reproducción exacta del disco. Improvisan, estiran canciones, permiten solos instrumentales, modifican dinámicas.
El público no asiste a una copia: asiste a una versión irrepetible.
Esa potencia escénica los llevó a consolidarse en Colombia y a cruzar fronteras. Han participado en circuitos internacionales en Latinoamérica y Estados Unidos, llevando su propuesta a audiencias que quizá no comprendían cada palabra, pero sí la intensidad, el groove y la honestidad.
Salir del país no diluyó su esencia bogotana. La reforzó. La identidad no se negoció; se exportó.
En una industria que clasifica para vender, LosPetitFellas eligieron la mezcla. No como estrategia, sino como reflejo natural de su formación musical y emocional. Su sonido puede tener la cadencia del hip hop, la libertad del jazz, la energía del rock y la sensibilidad de la canción alternativa, pero lo que realmente los define es su coherencia estética.
Más de diez años después de su formación, LosPetitFellas no son una promesa ni una moda pasajera. Son una banda consolidada que ha sabido crecer sin perder el centro.

La Nevera Sesiones: continuidad, no excepción
Su presencia en La Nevera Sesiones no representa un experimento aislado dentro de su trayectoria, sino una extensión natural de su identidad.
La serie propone llevar la música en vivo a espacios no convencionales de Bogotá, resignificando lugares cotidianos a través del sonido. Y LosPetitFellas son una banda que entiende el espacio como parte del discurso.
En este formato, la cercanía no intimida: potencia. La arquitectura dialoga con la música. El entorno no es decorado, es resonancia.

