Enseñar este protocolo es clave para que reconozcan riesgos y sepan cómo actuar.
Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.
Cómo enseñar a niñas y niños a activar su protocolo de autoprotección para prevenir el abuso sexual infantil
Enseñar a niñas y niños a protegerse no empieza el día en que aparece un riesgo, sino mucho antes: en cada conversación donde les recuerdas que su voz importa, que su cuerpo les pertenece y que nunca están obligados a tolerar algo que les incomode. El abuso sexual infantil se sostiene en el silencio, y el silencio se sostiene en el miedo, la confusión o la idea equivocada de que “no puedo hacer nada”. Por eso, ofrecerles un protocolo claro —decir NO, alejarse y contar— es una herramienta concreta de autoprotección que puede marcar la diferencia entre el peligro y la seguridad.
Las cifras muestran lo urgente que es fortalecer estas habilidades. Según World Health Organization (2017), el abuso sexual infantil está enormemente subregistrado, y la mayoría de los casos nunca llegan al conocimiento de las autoridades. Esto significa que la mayoría de las agresiones permanecen ocultas durante años: niñas y niños que callan porque no saben cómo reaccionar, porque nadie les enseñó qué hacer o porque temen que un adulto no les crea o los culpe. El silencio no es falta de voluntad: es falta de herramientas.
Una situación de riesgo puede aparecer disfrazada de juego, cariño o confianza. A veces es evidente —un intento de tocar partes privadas, una petición de guardar un secreto incómodo, un acercamiento insistente— y a veces es sutil, especialmente cuando quien cruza límites es una persona cercana. Por eso es crucial enseñarles a reconocer señales como incomodidad, confusión, tensión corporal, ganas de alejarse o la sensación de “esto no está bien”. Ese primer aviso es la señal para activar el protocolo
Decir NO.
El NO es la primera frontera de autocuidado. No es rebeldía ni desobediencia: es un límite protector. Enseñar a los niños a decirlo en voz firme y clara les recuerda que su cuerpo no es negociable. Ese NO, aunque tiemble, es suficiente, envía un mensaje poderoso al agresor: “Aquí hay un límite”. Y envía otro mensaje igual de importante al niño: “Tengo derecho a detener lo que no me gusta”.
Alejarse.
No necesitan quedarse a explicar, ni pedir permiso para alejarse. No necesitan justificar. Alejarse —dar pasos atrás, salir del lugar, buscar un espacio seguro— es una acción válida y protectora. Huir no es ser cobarde: es actuar con inteligencia y resguardar la propia seguridad. Un niño que comprende esto deja de sentirse atrapado y reconoce que siempre hay una salida posible.
Contar.
El paso decisivo. Contar lo sucedido a un adulto de confianza es lo que permite detener el riesgo y recibir protección. Esta es la parte del protocolo que más requiere de la presencia y acompañamiento del adulto: para que un niño pueda contar, necesita saber que será escuchado sin regaños, sin dudas, sin comentarios que aumenten su miedo. Un adulto que minimiza, juzga o pregunta “¿qué hiciste tú?” o “¿estás segura de que pasó así?” cierra la puerta de la protección. Uno que escucha, cree y actúa, la abre de par en par.
Recordemos algo esencial: ninguna situación de riesgo es culpa de la niña o del niño. El problema nunca está en su reacción — haya logrado decir NO o no haya podido hacerlo, haya podido alejarse o no, haya contado de inmediato o después—, sino en la conducta del adulto que cruzó límites. Por eso el protocolo enseña acciones concretas, pero también construye una verdad emocional: los niños no están indefensos, tienen capacidad de actuar, y siempre debería haber adultos responsables capaces de hacerse cargo de la situación y proteger al menor.
Practicar este protocolo en casa y en la escuela refuerza su eficacia. Juegos de rol, dramatizaciones guiadas y conversaciones sencillas ayudan a que los niños integren estas respuestas de manera natural. Representar situaciones cotidianas —como rechazar un abrazo incómodo, pedir distancia, salir de un lugar que no se siente seguro o decir ‘NO’ con firmeza— permite que los niños ensayen sin presión, en un entorno protegido. Las dramatizaciones también pueden incluir ‘qué harías si…’ para que exploren alternativas y entiendan que siempre pueden buscar ayuda. Las conversaciones breves y frecuentes, sin tono alarmista, consolidan la regla: su voz importa, su cuerpo es suyo y pueden actuar para cuidarse. Ensayar no es exagerar ni sembrar miedo: es preparar a la infancia para actuar con claridad cuando su instinto protector se active.
Recomendaciones para propiciar en la práctica el protocolo de autoprotección contra situaciones de riesgo de abuso sexual:
- Refuerce que tienen derecho a decir NO, incluso frente a personas mayores, conocidas o queridas o figuras de autoridad.
- Practique con ellos cómo alejarse y buscar espacios seguros cuando algo los incomode.
- Promueva que cuenten siempre lo sucedido, sin importar lo pequeño que parezca.
- Evite educar desde el miedo; los gritos, amenazas o castigos intimidantes debilitan la confianza y dificultan que un niño pida ayuda cuando realmente lo necesita, especialmente en situaciones de riesgo.
- Ayúdeles a identificar a sus adultos de confianza. Recordar quiénes son esas tres personas a quienes siempre pueden acudir refuerza la seguridad interna del niño. Saber a quién contar facilita activar el protocolo incluso en situaciones de confusión o miedo.
- Esté disponible: escuchar con calma, creer sin reservas y actuar con responsabilidad es lo que convierte a un adulto en un verdadero protector.
Hablar de prevención del abuso sexual infantil es un acto de amor y de responsabilidad. Cada palabra que dices, cada límite que enseñas, cada vez que escuchas sin juzgar, estás construyendo un mundo más seguro para la infancia. Un niño que sabe decir NO, alejarse y contar es un niño que crece con más dignidad, libertad y seguridad. Cada vez que un adulto acompaña este aprendizaje, la prevención deja de ser teoría y se convierte en protección real. No olvides: tu presencia, tu voz y tu coherencia pueden detener un abuso antes de que ocurra. Actuar hoy, con claridad y valentía, es proteger su futuro.
Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.
En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106
Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

