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Etiqueta: Educación eureka

  • Día de las Familias: más allá del festejo, una apuesta por la inclusión y el bienestar social

    Día de las Familias: más allá del festejo, una apuesta por la inclusión y el bienestar social

    Un llamado de las Naciones Unidas

    El inicio de esta celebración se remonta a la década de los 80, cuando las Naciones Unidas comenzaron a notar que las estructuras familiares estaban enfrentando desafíos profundos debido a la rápida urbanización y los cambios económicos globales, siendo este el punto de partida para reconocer que el bienestar de la sociedad depende directamente de la estabilidad y el apoyo que reciben los hogares.

    Ante la necesidad de poner estos temas en la agenda pública, la Asamblea General proclamó en 1989 el ‘Año Internacional de la Familia’, y se declaró oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993 con el objetivo de, no crear simplemente un día festivo, sino sensibilizar a los gobiernos y a la sociedad sobre los procesos sociales, económicos y demográficos que afectan a las unidades familiares en todo el mundo.

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    Desde entonces, la efeméride sirve para resaltar que no existe un modelo único de familia, pues la diversidad de familias monoparentales, homoparentales, extensas o reconstituidas, es hoy la norma y no la excepción.

    De la preocupación a la acción

    Sin embargo, para asegurar que la reflexión no se limitará a un evento de un solo año, la ONU decidió establecer una fecha permanente. Fue así como, mediante la resolución 47/237 del 20 de septiembre de 1993, se instituyó formalmente el 15 de mayo como el Día Internacional de las Familias. Esta decisión buscaba que cada año los Estados miembros evaluarán sus políticas internas y promovieran el respeto a la diversidad de los hogares, entendiendo que la familia evoluciona junto con la cultura y la historia.

    Desde su primera celebración en 1994, el propósito ha trascendido lo simbólico, pues la organización utiliza esta plataforma para visibilizar problemas específicos como la pobreza extrema, la falta de acceso a la educación y la desigualdad de género dentro del ámbito doméstico, y así, el origen de este Día no responde a una lógica comercial, sino a un esfuerzo diplomático y social por garantizar que todas las personas, sin importar cómo esté conformada su familia, cuenten con las condiciones necesarias para desarrollarse plenamente.

    ¿Por qué es importante celebrar el Día de la Familia?

    Lejos de ser solo un concepto romántico, la celebración tiene pilares fundamentales para el desarrollo de las comunidades, como la visibilidad de derechos, dando una oportunidad para exigir políticas públicas que favorezcan la conciliación entre la vida laboral y familiar.

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    Muchas veces también se habla de la protección de la infancia, donde se busca fortalecer los entornos donde las niñas, niños y adolescentes crecen, garantizando espacios seguros y libres de violencia, guiándonos cada vez más a esa adaptación al cambio, recordando que cada año, la ONU propone un tema central. En los últimos años, el enfoque se ha centrado en el impacto del cambio climático, las nuevas tecnologías y las tendencias demográficas en el hogar.

    Algunas ideas para conmemorar esta fecha en Bogotá

    Celebrar el Día de las Familias no requiere necesariamente de grandes presupuestos, sino de acciones que fortalezcan el vínculo y promuevan la pedagogía, aquí te dejamos  algunas ideas para diferentes entornos:

    1. Rutas culturales y pedagógicas:

    Bogotá ofrece una red de espacios ideales para el aprendizaje colectivo, como visitar el Planetario o recorrer la Red Distrital de Bibliotecas Públicas, BibloRed, son planes que permiten tanto a grandes como a chicos descubrir intereses comunes, y estos lugares suelen tener programación especial que utiliza el juego como herramienta para entender la diversidad familiar.

    2. El hogar como espacio de diálogo:

    Una actividad poderosa es la creación de un «Mapa de historias familiares», que consiste en sentarse a conversar sobre los orígenes de cada miembro, las tradiciones que quieren conservar, creando una oportunidad perfecta para que todos puedan conocerse un poco más y para documentar tú propia historia.

    3. Reconexión en el espacio público:

    Aprovechar la infraestructura de la ciudad, como los parques zonales o la ciclovía, permite salir de la rutina digital, donde el objetivo es el «ocio activo» realizando una actividad física suave o un picnic donde el celular quede en segundo plano y la observación del entorno sea la prioridad.

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    4. Voluntariado y solidaridad:

    Dado que muchas familias enfrentan situaciones de vulnerabilidad, una forma de honrar el día es participar en jornadas de apoyo comunitario, cómo donar libros, ropa en buen estado o colaborar en huertas urbanas enseña a las nuevas generaciones que la «gran familia» también es la comunidad que nos rodea.

    Un enfoque local y actual

    En contextos urbanos y rurales, el Día de las Familias invita a mirar cómo las redes de apoyo mutuo son las que sostienen la economía y el bienestar emocional, especialmente en tiempos de crisis o transformación social.

    En ciudades como Bogotá, esta fecha suele acompañarse de actividades culturales y pedagógicas que buscan integrar a las nuevas generaciones, recordándoles que la familia es, ante todo, el primer escenario de aprendizaje democrático y afectivo, por eso te recomendamos ver este video de Mundos Cercanos donde podrás aprender sobre otro tipo de familias como las familias Monoparentales.

    Si quieres saber más de las familias o de otras más cosas que te podrían interesar síguenos en @eurekatucanal y aprende mientras te diviertes 

  • Bogotá se convierte en una gran biblioteca: Colegios se toman la FILBo en la Semana del Idioma

    Bogotá se convierte en una gran biblioteca: Colegios se toman la FILBo en la Semana del Idioma

    En el marco de la celebración de la Semana del Idioma Español 2026, la Secretaría de Educación del Distrito ha consolidado una alianza para transformar las aulas en espacios de exploración literaria. Bajo el lema de fortalecer la lectura crítica y la identidad cultural, estudiantes de instituciones oficiales y privadas se preparan para desembarcar en Corferias y en los diferentes espacios de FILBo Ciudad y FILBo Colegios, además de tener algunas actividades en otras localidades de la ciudad.

    Una cita con las letras y la identidad

    La Semana del Idioma, que este año pone especial énfasis en el valor de la lengua castellana como puente de saberes, coincide con la apertura de las jornadas escolares en la FILBo. El objetivo no es solo visitar la feria, sino integrar la experiencia en el currículo académico.

    «Buscamos que la lectura no sea una obligación, sino un encuentro con la imaginación y la realidad del país», señaló la Secretaría de Educación.

    La participación de los colegios en la FILBo 2026 representa un laboratorio de aprendizaje fuera del aula. En el contexto de la Semana del Idioma Español, esta cita busca reivindicar el español, no solo como una estructura gramatical, sino como un organismo vivo que evoluciona con las nuevas generaciones.

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    ¿Cómo están participando los colegios?

    Para este 2026, la logística se ha optimizado para garantizar que la experiencia sea pedagógica y segura:

    • Rutas Pedagógicas: Los colegios cuentan con franjas horarias especiales y recorridos diseñados según la edad de los estudiantes, desde primera infancia hasta grado once.
    • Talleres de Creación: En el marco de la Semana del Idioma, se han programado encuentros con autores nacionales e internacionales donde los jóvenes pueden debatir sobre el futuro del español y las nuevas narrativas digitales.
    • Incentivos a la Lectura: Se han habilitado programas de mediación para que los docentes cuenten con herramientas antes, durante y después de la visita a la Feria.

    El impacto en la comunidad educativa

    La invitación «Asiste a la FILBo con tu colegio» se ha convertido en el pilar de la agenda cultural bogotana de este mes. Se espera que este año la participación supere las cifras anteriores, consolidando a Bogotá como una ciudad que lee y que valora su patrimonio lingüístico en un mundo globalizado. 

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    Contando con la participación durante toda la Semana del Idioma, el Bibliobús estará recorriendo las localidades de Bogotá, haciendo que la celebración de la lengua no se limite a los recintos cerrados, llevando con ella una colección seleccionada de libros y actividades de mediación lectora a parques y plazas, sigue su ruta aquí:

    La cultura del libro en Bogotá

    Desde la Giralda en Fontibón hasta la Casa de la Cultura en Sumapaz, este esfuerzo busca que el libro salga al encuentro del ciudadano, permitiendo que tanto niñas, niños y jóvenes como padres, madres y cuidadores disfruten de la lectura al aire libre en su propio entorno, y en paralelo a las visitas y recorridos, también se fortalece la invitación para que las y los estudiantes y docentes de todas las instituciones educativas de la ciudad participen en el Concurso Distrital de Escritura «Leer y Escribir», siendo la plataforma ideal para que los talentos emergentes de Bogotá se conviertan en los protagonistas de la cultura, permitiéndoles expresar sus ideas, cuentos y reflexiones a través de las letras.

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    Para entender el impacto de estas iniciativas, en este capítulo de ‘Chema te lo cuenta’ Chema nos invita a recorrer uno de los tesoros arquitectónicos y literarios de la ciudad: la Biblioteca Manuel Zapata Olivella, ubicada en El Tintal. Este espacio, que antes era una planta de transferencia de basura, es hoy un puente hacia la imaginación.

    Si quieres saber más de qué hacer en esta semana del idioma síguenos en nuestras redes de @eurekatucanal y aprende mientras te diviertes.

  • Historia de Isabel Allende para niñas y niños

    Historia de Isabel Allende para niñas y niños

    Si alguien te dijera que una escritora famosa empezó su carrera en medio del exilio, lejos de su país y con una simple carta, probablemente pensarías que es parte de una novela. Pero así comenzó la historia de Isabel Allende.

    Nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú, aunque su identidad siempre ha estado muy ligada a Chile. Su familia tenía relación con la política: era sobrina de Salvador Allende, quien gobernó Chile hasta 1973, cuando todo cambió. Pero antes de ese momento, su vida ya era muy distinta a la de la mayoría de los niños.

    Desde pequeña, Isabel creció viajando de un país a otro debido al trabajo diplomático de su padrastro. Vivió en Chile, Bolivia, Líbano y otros lugares, y estudió en colegios internacionales, muchos de ellos de estilo estadounidense. Esa infancia en constante movimiento la marcó profundamente: aprendió a adaptarse, a observar y a escuchar. Mientras otras niñas y niños crecían en un solo lugar, ella conocía culturas distintas, idiomas y formas de ver el mundo. Todo eso, años después, aparecería en sus libros.

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    Cuando volvió a instalarse en Chile siendo joven, comenzó a trabajar. No empezó como novelista, sino como periodista. Escribía en revistas dirigidas a mujeres, colaboraba en publicaciones infantiles e incluso participaba en televisión. Tenía un estilo cercano, con humor y muy atento a las historias de las personas, especialmente de las mujeres. También trabajó en la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, lo que le permitió viajar por Europa y seguir ampliando su mirada del mundo.

    En esos años también formó una familia. Se casó con Miguel Frías y tuvo dos hijos: Paula y Nicolás. Su vida parecía estable, entre el trabajo, la escritura periodística y su familia. Pero la historia volvió a interrumpirlo todo.

    El golpe de Estado y el inicio de una nueva vida para Isabel Allende

    En 1973 ocurrió el Golpe de Estado en Chile, liderado por Augusto Pinochet. Fue un momento muy duro: su tío murió y comenzó una dictadura que transformó el país. Para Isabel significó tener que abandonar Chile. Se exilió en Venezuela junto a su familia, dejando atrás su hogar y gran parte de su vida.

    En Venezuela empezó de nuevo. Trabajó como periodista en el diario El Nacional y continuó escribiendo, pero algo estaba cambiando. Un día, al saber que su abuelo estaba muy enfermo, comenzó a escribirle una carta y esa carta fue creciendo, llenándose de recuerdos familiares, de personajes, de historias, hasta convertirse en su primera novela: La casa de los espíritus.

    El éxito fue inmediato y enorme, pues la novela que mezcla historia familiar, memoria y elementos mágicos, se convirtió en un fenómeno internacional. Fue traducida a muchos idiomas e incluso llevada al cine y al teatro. A partir de ese momento, Isabel entendió que su camino estaba en la literatura.

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    Desde entonces, no dejó de escribir obras como: De amor y sombra, Eva Luna, Cuentos de Eva Luna, La isla bajo el mar o Inés del alma mía muestran cómo combina la historia de América Latina con relatos llenos de emoción, personajes inolvidables y, muchas veces, mujeres fuertes que enfrentan situaciones difíciles.

    Sus libros hablan de exilio, memoria, amor, injusticias y esperanza. Aunque trata temas profundos, su forma de escribir es clara y cercana, como si estuviera conversando con quien lee. Con el tiempo también exploró otros géneros, como el policial en El juego de Ripper o historias más íntimas como El amante japonés. Además, escribió cuentos infantiles, obras de teatro e incluso historias de aventuras para jóvenes, como la trilogía iniciada con La ciudad de las bestias, donde mezcla viajes, naturaleza y misterio, mostrando que su imaginación no tiene límites.

    El dolor, la memoria y la escritura como refugio

    Uno de los momentos más difíciles de su vida llegó años después, cuando su hija enfermó gravemente. Paula cayó en coma y permaneció así durante meses. Isabel se quedó a su lado todo ese tiempo, hablándole, recordando su vida juntas, intentando mantener un vínculo incluso en el silencio.

    En medio de esa situación tan dura, comenzó a escribirle, pues quería contarle su historia, sus raíces, su familia, como si las palabras pudieran acompañarla. De ese proceso nació Paula, una de sus obras más personales.

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    Este libro es distinto a sus novelas, no hay ficción, es su vida contada con total sinceridad. Isabel recorre su infancia, sus viajes, su familia, su matrimonio, el exilio tras la dictadura y su camino como escritora, mientras narra al mismo tiempo la enfermedad de su hija. La escritura se convierte en una forma de resistir, de no olvidar, de sostenerse en medio del dolor.

    Cuando Paula muere, el libro se transforma en una despedida, pero también en un homenaje lleno de amor. No es solo una historia triste, es también una reflexión sobre la memoria, el vínculo entre madre e hija y la fuerza que puede tener la escritura en los momentos más difíciles.

    Más adelante escribió La suma de los días, donde cuenta cómo reconstruye su vida después de esa pérdida, cómo vuelve poco a poco a encontrar alegría y cómo sigue adelante sin olvidar.

    Con el paso del tiempo, Isabel Allende se ha convertido en una de las escritoras más leídas en español. Sus libros han sido traducidos a decenas de idiomas y han vendido millones de ejemplares en todo el mundo. En 2010 recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile, uno de los reconocimientos más importantes de su país.

    Después de vivir en Venezuela, se trasladó a Estados Unidos, donde reside actualmente. Aunque vive lejos de Chile, ese país sigue presente en casi todas sus historias, como si lo llevara siempre consigo.

    Hoy continúa escribiendo con una disciplina muy especial: comienza cada libro el 8 de enero, como un ritual que marca el inicio de una nueva historia. Su vida demuestra que incluso los momentos más difíciles pueden transformarse en algo poderoso. Porque al final, eso es lo que hace Isabel Allende: tomar la memoria, el dolor, el amor y la historia, y convertirlos en relatos que llegan a personas de todo el mundo.

    Isabel Allende, sin duda, inspira a muchas chicas a hacer lo que les apasiona. ¿Quieres conocer a otras mujeres que han dejado historia? No te pierdas No me etiquetes. Descubre otros contenidos como este en nuestras redes sociales, nos encuestas en Facebook, Instagram, YouTube y TikTok como @eurekaTuCanal

  • ¿Colegios en la pantalla? El gran debate de la educación virtual en Colombia

    ¿Colegios en la pantalla? El gran debate de la educación virtual en Colombia

    Después de la pandemia, el mundo cambió y la forma de estudiar también, pues muchos niños, niñas y jóvenes empezaron a preguntarse: ¿Y si estudio desde mi casa con un computador?”, aunque parece una idea del futuro, la realidad de la educación virtual en Colombia es un terreno lleno de retos, misterios y, sobre todo, muchas preguntas legales.

    El fenómeno post-pandemia

    Desde 2020, la idea de la educación virtual se instaló con fuerza en las familias colombianas, sin embargo, no todo lo que brilla en la pantalla es oro, pues según expertos y autoridades educativas, existe una diferencia enorme entre usar herramientas digitales para complementar las clases y pretender que todo un colegio funcione únicamente de forma digital.

    En una reciente entrevista para el informativo Hablemos Bogotá de Canal Capital, se analizaron cifras que muestran cambios importantes en la matrícula escolar y aunque algunos piensan que los jóvenes están abandonando los colegios físicos para irse a la virtualidad. Los datos revelan otros fenómenos, como la caída de la natalidad y cambios demográficos que afectan principalmente a la primera infancia.

    El vacío legal: ¿Son válidos los colegios virtuales?

    Aquí es donde la historia se pone interesante, pues muchos padres están optando por el homeschooling (estudiar en casa) o por «colegios virtuales» que encuentran en internet, pero hay un detalle que pocos conocen y es que en Colombia, la educación formal virtual para menores de edad no tiene un marco legal claro.

    La Secretaria de Educación, Julia  Rubiano, ha sido enfática en que esta modalidad no está regulada ni reconocida como válida dentro del sistema de educación formal obligatoria. Esto significa que, si un niño estudia en un colegio que es 100% virtual, podría tener problemas más adelante para validar sus grados, especialmente el décimo y el once.

    «Lo cierto es que en el país esto no tiene un marco legal, esto no está regulado, no es reconocido como válido», explicó la Secretaría de Educación en entrevista con Hablemos Bogotá, advirtiendo que se están realizando tareas de inspección para identificar estos casos

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    ¿Por qué es tan importante ir al colegio físico?

    Más allá de los libros y las tareas, el colegio es el lugar donde se aprende a vivir en sociedad y las autoridades defienden la educación presencial por tres razones fundamentales: 

    1. Relacionamiento: Aprender a convivir, resolver conflictos y hacer amigos cara a cara es algo que una pantalla no puede reemplazar.
    1. Desarrollo de actitudes: El trabajo en equipo y la inteligencia emocional se fortalecen en el patio de recreo y en el salón.
    2. Seguimiento real: Los profesores pueden notar mucho mejor las necesidades de cada estudiante cuando los tienen cerca.

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    ¿Hacia dónde vamos?

    La apuesta actual de Bogotá no es prohibir la tecnología, sino usarla como una aliada, pues la idea es que los colegios oficiales y privados puedan combinar la presencialidad con espacios virtuales que complementen el aprendizaje.

    La idea es que el futuro no es «o computador o salón», sino ambos, hacia dónde vamos es a un modelo donde los espacios virtuales complementan lo que pasa en el colegio físico, pues el colegio sigue siendo el centro para socializar, pero la tecnología se usa para investigar y crear de formas nuevas de aprendizaje.

    No se trata de odiar la tecnología, sino de encontrar un equilibrio, por eso en un divertido capítulo de Chema te lo cuenta, Chema se enfrentó al reto de dejar su celular en un «parqueadero» para descubrir qué pasa cuando nos desconectamos de las pantallas. Chema aprendió que actividades como las manualidades, el deporte y hasta cocinar activan la neuro plasticidad, que es la capacidad del cerebro para aprender y fortalecerse como si fuera un músculo.

    Por eso, aunque la educación virtual sea una herramienta poderosa, «despantallizarse» de vez en cuando es vital para que nuestro cuerpo y mente crezcan sanos y conectados con el mundo real.

    Si quieres saber más de este u otros temas sigue nuestras redes sociales en @eurekatucanal y recuerda que aquí construimos la ciudad que soñamos escuchando lo que tú tienes que decir.

  • Qué hacer en situaciones de riesgo en tres pasos: decir NO, alejarse y contar

    Qué hacer en situaciones de riesgo en tres pasos: decir NO, alejarse y contar

    Enseñar este protocolo es clave para que reconozcan riesgos y sepan cómo actuar.

     Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

    Cómo enseñar a niñas y niños a activar su protocolo de autoprotección para prevenir el abuso sexual infantil

    Enseñar a niñas y niños a protegerse no empieza el día en que aparece un riesgo, sino mucho antes: en cada conversación donde les recuerdas que su voz importa, que su cuerpo les pertenece y que nunca están obligados a tolerar algo que les incomode. El abuso sexual infantil se sostiene en el silencio, y el silencio se sostiene en el miedo, la confusión o la idea equivocada de que “no puedo hacer nada”. Por eso, ofrecerles un protocolo claro —decir NO, alejarse y contar— es una herramienta concreta de autoprotección que puede marcar la diferencia entre el peligro y la seguridad.

    Las cifras muestran lo urgente que es fortalecer estas habilidades. Según World Health Organization (2017), el abuso sexual infantil está enormemente subregistrado, y la mayoría de los casos nunca llegan al conocimiento de las autoridades. Esto significa que la mayoría de las agresiones permanecen ocultas durante años: niñas y niños que callan porque no saben cómo reaccionar, porque nadie les enseñó qué hacer o porque temen que un adulto no les crea o los culpe. El silencio no es falta de voluntad: es falta de herramientas.

    Una situación de riesgo puede aparecer disfrazada de juego, cariño o confianza. A veces es evidente —un intento de tocar partes privadas, una petición de guardar un secreto incómodo, un acercamiento insistente— y a veces es sutil, especialmente cuando quien cruza límites es una persona cercana. Por eso es crucial enseñarles a reconocer señales como incomodidad, confusión, tensión corporal, ganas de alejarse o la sensación de “esto no está bien”. Ese primer aviso es la señal para activar el protocolo

    Decir NO.
    El NO es la primera frontera de autocuidado. No es rebeldía ni desobediencia: es un límite protector. Enseñar a los niños a decirlo en voz firme y clara les recuerda que su cuerpo no es negociable. Ese NO, aunque tiemble, es suficiente, envía un mensaje poderoso al agresor: “Aquí hay un límite”. Y envía otro mensaje igual de importante al niño: “Tengo derecho a detener lo que no me gusta”.

    Alejarse.
    No necesitan quedarse a explicar, ni pedir permiso para alejarse. No necesitan justificar. Alejarse —dar pasos atrás, salir del lugar, buscar un espacio seguro— es una acción válida y protectora. Huir no es ser cobarde: es actuar con inteligencia y resguardar la propia seguridad. Un niño que comprende esto deja de sentirse atrapado y reconoce que siempre hay una salida posible.

    Contar.
    El paso decisivo. Contar lo sucedido a un adulto de confianza es lo que permite detener el riesgo y recibir protección. Esta es la parte del protocolo que más requiere de la presencia y acompañamiento del adulto: para que un niño pueda contar, necesita saber que será escuchado sin regaños, sin dudas, sin comentarios que aumenten su miedo. Un adulto que minimiza, juzga o pregunta “¿qué hiciste tú?” o “¿estás segura de que pasó así?” cierra la puerta de la protección. Uno que escucha, cree y actúa, la abre de par en par.

    Recordemos algo esencial: ninguna situación de riesgo es culpa de la niña o del niño. El problema nunca está en su reacción — haya logrado decir NO o no haya podido hacerlo, haya podido alejarse o no, haya contado de inmediato o después—, sino en la conducta del adulto que cruzó límites. Por eso el protocolo enseña acciones concretas, pero también construye una verdad emocional: los niños no están indefensos, tienen capacidad de actuar, y siempre debería haber adultos responsables capaces de hacerse cargo de la situación y proteger al menor.

    Practicar este protocolo en casa y en la escuela refuerza su eficacia. Juegos de rol, dramatizaciones guiadas y conversaciones sencillas ayudan a que los niños integren estas respuestas de manera natural. Representar situaciones cotidianas —como rechazar un abrazo incómodo, pedir distancia, salir de un lugar que no se siente seguro o decir ‘NO’ con firmeza— permite que los niños ensayen sin presión, en un entorno protegido. Las dramatizaciones también pueden incluir ‘qué harías si…’ para que exploren alternativas y entiendan que siempre pueden buscar ayuda. Las conversaciones breves y frecuentes, sin tono alarmista, consolidan la regla: su voz importa, su cuerpo es suyo y pueden actuar para cuidarse. Ensayar no es exagerar ni sembrar miedo: es preparar a la infancia para actuar con claridad cuando su instinto protector se active.

    Recomendaciones para propiciar en la práctica el protocolo de autoprotección contra situaciones de riesgo de abuso sexual:

    1. Refuerce que tienen derecho a decir NO, incluso frente a personas mayores, conocidas o queridas o figuras de autoridad.
    2. Practique con ellos cómo alejarse y buscar espacios seguros cuando algo los incomode.
    3. Promueva que cuenten siempre lo sucedido, sin importar lo pequeño que parezca.
    4. Evite educar desde el miedo; los gritos, amenazas o castigos intimidantes debilitan la confianza y dificultan que un niño pida ayuda cuando realmente lo necesita, especialmente en situaciones de riesgo.
    5. Ayúdeles a identificar a sus adultos de confianza. Recordar quiénes son esas tres personas a quienes siempre pueden acudir refuerza la seguridad interna del niño. Saber a quién contar facilita activar el protocolo incluso en situaciones de confusión o miedo.
    6. Esté disponible: escuchar con calma, creer sin reservas y actuar con responsabilidad es lo que convierte a un adulto en un verdadero protector.

    Hablar de prevención del abuso sexual infantil es un acto de amor y de responsabilidad. Cada palabra que dices, cada límite que enseñas, cada vez que escuchas sin juzgar, estás construyendo un mundo más seguro para la infancia. Un niño que sabe decir NO, alejarse y contar es un niño que crece con más dignidad, libertad y seguridad. Cada vez que un adulto acompaña este aprendizaje, la prevención deja de ser teoría y se convierte en protección real. No olvides: tu presencia, tu voz y tu coherencia pueden detener un abuso antes de que ocurra. Actuar hoy, con claridad y valentía, es proteger su futuro.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
    Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
    Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

    Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

  • La autoestima: el cimiento invisible que protege a niñas y niños

    La autoestima: el cimiento invisible que protege a niñas y niños

    Fortalecer la autoestima desde casa y desde la escuela se convierte en una herramienta clave para la prevención del abuso sexual infantil.

    Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

    Cómo fortalecer la autoestima infantil como herramienta de autoprotección

    La autoestima es una de las defensas más silenciosas, profundas y poderosas que tienen niñas y niños frente al abuso sexual infantil. Cuando un niño se sabe valioso, capaz y digno de respeto, lleva dentro de sí una fuerza que lo acompaña dondequiera que vaya. Una fuerza que lo ayuda a poner límites, a decir “NO” cuando algo lo incomoda y a pedir ayuda sin miedo ni vergüenza.

    El estudio “Incidence of Self-esteem among Children Exposed to Sexual Abuse in Kenya” (Mutavi, 2018), realizado con niñas y niños sobrevivientes de abuso sexual, encontró que cerca del 75 % presentaba niveles bajos de autoestima. Este hallazgo evidencia que la autovaloración influye directamente en la vulnerabilidad infantil. Por eso, fortalecer la autoestima no es un gesto emocional opcional, sino una medida concreta y necesaria de prevención.

    La autoestima no es solo un sentimiento; es una estructura que se construye ladrillo a ladrillo en los primeros años de vida. Está formada por tres pilares que se desarrollan en casa, en la escuela y en cada relación significativa. Estos pilares son:

    1. El autoconcepto, que les permite saber quiénes son y sentir que tienen un lugar en el mundo.
    2. La autoeficacia, que les muestra que son capaces de enfrentar desafíos.
    3. La autovaloración, que les recuerda que merecen respeto, cuidado y dignidad simplemente por existir.

    Pero estos pilares no se levantan solos. Son las experiencias cotidianas —miradas, palabras, gestos, silencios— las que construyen o erosionan la autoestima infantil. Un comentario despectivo puede pesar tanto como una caricia. A veces, una burla puede borrar diez elogios y una validación honesta puede cambiar el rumbo de una historia.

    Entre los cinco y los ocho años, niñas y niños atraviesan un periodo crucial en la construcción de su identidad. Empiezan a compararse, a reconocer sus logros, a entender sus límites. Es en esta etapa cuando necesitan más que nunca voces adultas que les recuerden: “Lo estás intentando”, “Tu valor no depende de evitar errores”, “Lo que sientes importa”.

    La autoestima se alimenta de acciones que parecen pequeñas, pero que dejan huella profunda. Cuando una docente escucha sin impaciencia a un niño que dice “creo que no soy bueno para esto”, le está devolviendo la posibilidad de creer en sí mismo. Cuando un padre reconoce su propia equivocación y pide disculpas, está enseñando que la dignidad no depende de ser perfecto. Cuando una madre felicita un esfuerzo en vez de un resultado, está fortaleciendo la capacidad de persistir.

    Las tres dimensiones de la autoestima se moldean en la convivencia diaria:

    El autoconcepto se construye cuando los adultos escuchan, observan y reconocen la voz de niñas y niños. La autoeficacia crece cuando se les permite intentar, equivocarse, volver a intentar. La autovaloración florece cuando sienten que su existencia tiene importancia aun cuando fallan, lloran o están frustrados.

    Un niño que se percibe como valioso es menos vulnerable a amenazas, chantajes o manipulaciones. Un niño que confía en su capacidad para resolver problemas es más difícil de aislar o controlar. Un niño que sabe que merece respeto reconocerá más rápido cuando alguien cruza un límite. Por eso la autoestima protege: porque produce claridad emocional y fortalece la voz interior que dice “esto no me gusta”, “esto no está bien”, “necesito ayuda”. Todo lo mencionado anteriormente, por supuesto no es de interés de los abusadores infantiles, por ese motivo buscan con cuidado cuáles son los perfiles que serán más fáciles de abordar, abusar y manipularlos para mantenerlos en silencio y perpetuar su delito.

    La autoestima no transforma a niñas y niños en invencibles, pero sí les da herramientas para cuidarse. Les enseña a no aceptar tratos humillantes, a identificar dinámicas peligrosas y a confiar en que siempre pueden acudir a un adulto de confianza. Les permite diferenciar el afecto sano del vínculo dañino. Les da palabras cuando la manipulación quiere dejarlos en silencio.

    Prácticas cotidianas que fortalecen la autoestima de manera concreta y promueven la autoprotección:

    1. Valide las emociones. “Se vale sentir tristeza”, “Se entiende que tengas miedo”, “Lo que sientes importa”.
    2. Reconozca el esfuerzo, no solo el resultado. Esto refuerza la idea de que el valor personal no depende del rendimiento.
    3. Permita que intenten cosas nuevas sin intervenir de inmediato. La autoeficacia crece cuando enfrentan retos que pueden resolver.
    4. Modele autocompasión y respeto hacia usted mismo. Los niños aprenden más del ejemplo que de cualquier consejo. Revise qué palabras usa cuando está frente al espejo.
    5. Fomente espacios de expresión personal. Hablar, preguntar, equivocarse y opinar construyen identidad.
    6. Refuerce la idea de que pedir ayuda no es signo de debilidad. Es una forma de autocuidado.
    7. Evite etiquetas que definan su identidad. Nada de “tú eres tímido”, “tú eres difícil”, “tú eres problemática”. Tampoco etiquetas positivas como “tú eres el mejor” o “tú eres invencible”. Las niñas y los niños no necesitan que su valor quede atrapado en una palabra: las etiquetas, incluso las bien intencionadas, pueden generar presión y limitar la forma en que se ven a sí mismos.

    Acompañar la construcción de la autoestima es una de las formas más profundas de proteger a niñas y niños. No se trata solo de que se sientan bien consigo mismos, sino de que sepan que su voz vale, que su cuerpo merece respeto, y que tienen derecho a poner límites. Una autoestima sólida es una armadura invisible que los acompañará toda la vida, les permitirá reconocer riesgos con mayor claridad y buscar ayuda cuando algo no se siente bien.

    Su presencia, su coherencia y su forma cotidiana de nombrar —o callar— las cosas dejan huellas que pueden fortalecer o debilitar esa armadura. Y así como usted enseña a sus hijos, hijas o estudiantes a valorarse, también necesita hacerlo consigo mismo: tratarse con respeto, reconocer sus errores sin castigarse, recordar que aprender es un proceso. Su ejemplo es uno de los caminos más poderosos de educación emocional.

    La autoestima se construye todos los días, con gestos sencillos y constantes. Es un cimiento que sostiene, una estructura que acompaña, una luz interna que ayuda a niñas y niños a elegir el camino que los mantiene a salvo. Las niñas y los niños que se saben valiosos se cuidan mejor. Y quienes se cuidan mejor, están más protegidos.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:

    • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
    • Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

    Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

  • Las emociones: una brújula interna que protege a niñas y niños

    Las emociones: una brújula interna que protege a niñas y niños

    Enseñarles a reconocer lo que sienten en su cuerpo es una herramienta fundamental para la prevención del abuso sexual infantil.

    Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.


    Cómo enseñar a niñas y niños a reconocer sus emociones como parte de su autoprotección

    Las emociones suelen ser las primeras en llegar cuando algo nos pasa. No esperan a que pensemos ni a que entendamos; simplemente se manifiestan en el cuerpo como un aviso urgente: “Esto me gusta, esto no”. Estas señales internas funcionan como un sistema de alerta que permite acercarse a lo que les hace bien (y promueve su bienestar) y alejarse de lo que puede ponerlos en riesgo. Por eso, enseñarles a los niños y las niñas a escucharlas es una herramienta clave de prevención del abuso.

    Las emociones no solo aparecen, también orientan. Cada una cumple una tarea específica en nuestro bienestar: la alegría impulsa a conectar, el miedo advierte, la incomodidad detiene, la tristeza pide cuidado y la rabia ayuda a poner límites. Aunque algunas se sientan más agradables que otras, todas tienen un propósito y funcionan como mensajes que el cuerpo envía para ayudarnos a actuar de manera segura. En el programa de prevención de abuso sexual infantil de la Fundación Tita de Visita, se le explica tanto a los a adultos cuidadores, en las formaciones, como a las niñas y niños, en las obras de títeres y los talleres de arte, que todas las emociones son necesarias, están diseñadas para acompañarnos durante toda la vida para ayudarnos a sobrevivir.

    Por lo anterior, es fundamental no reprimir las emociones, ni las agradables ni las desagradables, todas hacen parte de la naturaleza humana y son importantes en diferentes momentos y procesos de la vida. Los adultos cuidadores deberían aprender a no reprimir sus emociones y asegurarse de no promover que otros las repriman, especialmente las niñas y los niños. Lo que podemos aprender y enseñar es a gestionarlas, es decir, a identificarlas en el cuerpo, a nombrarlas, a expresarlas adecuadamente y, en el mejor de los casos, a utilizarlas a nuestro favor.

    Durante los primeros años de vida, niñas y niños aprenden sobre emociones observando a los adultos que los acompañan. Si usted nombra lo que siente, explica cómo reacciona su cuerpo ante ciertas situaciones y habla con naturalidad de sus estados emocionales, les ofrece un mapa para comprender los propios. Frases sencillas como “mi cuerpo está tenso porque estoy preocupado” o “mi corazón está más ligero porque me siento tranquilo” les muestran que lo emocional también se aprende.

    Reconocer las emociones en el cuerpo es una habilidad clave. A esto se le llama interocepción: la capacidad de identificar señales internas como la respiración acelerada, la tensión muscular o el impulso de alejarse de algo o alguien. Una niña que dice “mi estómago se aprieta cuando él se acerca” ya está activando su sistema de alerta. Cuando niñas y niños reconocen estas señales, pueden distinguir entre comodidad e incomodidad, entre seguridad y riesgo. Esa diferencia puede protegerlos y, en una situación de riesgo de abuso sexual, puede cambiarles la vida.

    El sistema de alerta emocional funciona como una sirena interna que suena cuando algo no se siente bien. En situaciones de riesgo, esta alarma puede ser la herramienta que impulse a una niña o un niño a buscar ayuda, alejarse o decir “NO”. Por eso es fundamental enseñarles a confiar en estas señales, sin minimizar lo que sienten ni restar importancia a su intuición. Un cuerpo que se siente incómodo está enviando un mensaje crucial.

    Recomendaciones para fortalecer el reconocimiento de las emociones y el sistema de alerta como herramientas de autoprotección:

    1. Hable del cuerpo y las emociones con naturalidad.
      Comente lo que siente y cómo lo reconoce: “Mi pecho está apretado porque estoy preocupado”. Esto abre la puerta para que ellos también lo hagan.
    2. Ayude a poner nombre a las emociones.
      “Parece que estás triste”, “Eso que sentiste se llama incomodidad”. Nombrar es comprender.
    3. Valide lo que sienten sin juicio.
      Evite frases como “no es para tanto”. Mejor diga: “Entiendo que te incomodó, cuéntame más”.
    4. Explique para qué sirven las emociones.
      El miedo protege, la rabia pone límites, la tristeza invita al cuidado. Saber esto reduce la vergüenza y aumenta la comprensión.
    5. Enseñe a diferenciar comodidad e incomodidad.
      “¿Tu cuerpo se siente tranquilo o quiere alejarse?” Ayuda a identificar el sistema de alerta.
    6. Modele cómo se regula una emoción.
      “Necesito respirar profundo para calmarme”. El ejemplo es la lección más poderosa.

    Fortalecer la educación emocional de niñas y niños no es un lujo educativo, es una herramienta de protección que los acompañará toda la vida. La inteligencia emocional es una habilidad fundamental para su futuro: les permitirá relacionarse mejor, tomar decisiones más conscientes, poner límites, reconocer riesgos y buscar apoyo cuando lo necesiten. Pero este camino no es solo para la infancia.

    Como adultos, también necesitamos desarrollar nuestra propia inteligencia emocional —muchos no crecimos con estas herramientas— porque no solo mejora nuestro bienestar, sino que nuestro ejemplo es una de las formas más poderosas de enseñanza. Cuando los niños y niñas ven que un adulto reconoce lo que siente, pone nombre a sus emociones y se regula con respeto, comprenden que ellos también pueden hacerlo. Enseñarles a escuchar su mundo interior es darles un mapa para navegar el exterior, una brújula que podrán usar en la familia, en la escuela, en su adolescencia y en su vida adulta. Las emociones hablan; la prevención empieza por escucharlas.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger, puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:

    • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
    • Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

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  • Los adultos de confianza: fichas clave en la prevención de abuso

    Los adultos de confianza: fichas clave en la prevención de abuso

    Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

    Cuáles son las características de un adulto de confianza y cómo enseñarles a los niños a identificarlos

    El 90,1% de los abusadores sexuales de niños y niñas en Bogotá pertenece al círculo familiar de la víctima, según informe «¿Cómo va Bogotá en Violencia y Explotación Sexual Infantil?» presentado en el Concejo de Bogotá. La cifra es devastadora, no solo por su magnitud, sino por lo que revela: los adultos cercanos no necesariamente son adultos de confianza.

    Enseñar a niñas y niños a reconocer a un adulto de confianza es una de las herramientas más poderosas para su seguridad. Un adulto cercano —un familiar, un vecino, un docente, un conocido— no siempre resulta ser un adulto de confianza. Y esta distinción es crucial porque muchos padres y madres creen que basta con ser parte de la familia o un conocido para ser confiable, y esa confusión puede dejar a niñas y niños expuestos. La confianza no se hereda; se construye con acciones concretas.

    Un adulto de confianza es aquel que genera seguridad, escucha sin burla, respeta los límites y actúa cuando algo preocupa a un niño o una niña. No se comporta como un amigo complaciente ni ignora su rol de responsabilidad; reconoce que tiene poder y elige usarlo para proteger, nunca para confundir, presionar o manipular. También entiende que la cercanía no garantiza confiabilidad, y esto es importante recordarlo especialmente en el ámbito familiar: puede haber afecto, cariño o convivencia cotidiana, pero solo las acciones constantes definen si un adulto es realmente protector.

    Un ejemplo sencillo lo muestra con claridad:

    Una maestra escucha a un niño que le dice en voz baja “no me gusta cuando mi tío me abraza así” y actúa como una adulta de confianza: No minimiza, no duda de su palabra, no lo regaña por “exagerar”. En cambio, le agradece que lo haya contado, lo acompaña con calma y activa las rutas necesarias. Ese gesto construye confianza. Por el contrario, un adulto que responde “no sea exagerado”, “él solo está jugando”, “no diga bobadas” debilita el vínculo que los niños necesitan para sentirse seguros.

    Las características de un adulto de confianza no son abstractas ni lejanas. Son comportamientos cotidianos que niñas y niños pueden observar y que las personas adultas deben cultivar a lo largo del tiempo.

    El programa de formación para adultos protectores de la Fundación Tita de Visita utiliza cuatro metáforas que representan cuatro perfiles que deben desarrollar e integrar los adultos para ser protectores y de confianza:

    • Ser adulto antena: capta señales, se mantiene atento a cambios en el comportamiento, en la expresión emocional o en la forma de relacionarse.
    • Ser adulto puerto: ofrece refugio, vínculo seguro y una relación donde el niño o la niña sabe que será escuchado y respetado.
    • Ser adulto espejo: enseña con el ejemplo; modela límites, regula sus emociones y muestra formas sanas de relacionarse.
    • Ser adulto periodista: pregunta con cuidado, se informa, informa a otros y reporta cuando es necesario. No investiga, pero sí activa las rutas de prevención y protección.

    Estas cuatro figuras permiten de manera sencilla. que padres, madres y docentes comprendan que el vínculo no solo es confianza y que la confianza no es sólo afecto. Ser un adulto protector y de confianza es una práctica ética que se demuestra cada día. No se trata de ser perfectos, sino de estar presentes con coherencia.

    Algunas de las características más relevantes de los adultos de confianza son:

    • Respeta la autonomía sin ser permisivo.
    • Escucha de forma activa y sin burla; atiende tanto lo que el menor dice verbalmente como lo que el cuerpo expresa.
    • Valida las emociones sin minimizar (“se vale sentir miedo”, “entiendo que estés incómodo”).
    • Cuida la intimidad del niño o la niña sin invadir, pero permanece presente y disponible.
    • Cree en su palabra y, si tiene dudas, no lo interroga ni lo hace repetir lo ocurrido una y otra vez.
    • Pone límites claros y coherentes; enseña con el ejemplo.
    • No chantajea, no amenaza, no condiciona el cariño.
    • No pide guardar secretos.
    • Actúa ante señales de riesgo y busca ayuda profesional si es necesario.
    • Reconoce sus errores y pide disculpas, mostrando que la autoridad también se ejerce con humildad.

    La identificación de estos adultos no debe quedar al azar. Niñas y niños necesitan una red de apoyo, no una sola persona. Tener más de un adulto de confianza aumenta las posibilidades de protección: si uno no está disponible, no escucha o no actúa como se espera por cualquier motivo, pueden acudir a otro. Las niñas y los niños deberían construir, acompañados por sus cuidadores, una lista de tres personas a quienes acudir si sienten incomodidad, miedo o confusión. Este ejercicio se puede hacer en casa, en el aula o en un taller, y ayuda a fortalecer la red de seguridad.

    Educar a niñas y niños para que identifiquen a sus adultos de confianza no busca que desconfíen del mundo, sino que lo transiten con claridad. Que sepan diferenciar a quienes los cuidan de quienes podrían confundirlos. Que entiendan que si un adulto no escucha, minimiza o se burla, tienen derecho a acudir a otro. Y que la protección es un derecho, no un privilegio.

    Recomendaciones para enseñar a niñas y niños a identificar a sus adultos de confianza:

    1. Explique que un adulto cercano no necesariamente es un adulto de confianza.
    2. Converse sobre acciones concretas que evidencien confianza (escuchar, creer, actuar).
    3. Modele estas conductas en la vida cotidiana.
    4. Ayude al niño o la niña a elaborar una lista de tres adultos de confianza.
    5. Enseñe que si un adulto no escucha, pueden acudir a otro sin culpa y que siempre tienen el derecho a pedir ayuda.

    La prevención del abuso sexual infantil se construye en relaciones cotidianas que generan seguridad. Un adulto de confianza es una figura protectora, ética y coherente. No obstante, así como debe enseñarle a sus hijos e hijas a identificar sus adultos de confianza, tenga muy presente que usted debe hacer lo mismo, pues algunas de las situaciones de abuso sexual infantil se dan porque los padres y madres dejan a sus hijos al cuidado de agresores en potencia. Así que usted también haga su lista de adultos protectores y verifique que tienen las características necesarias para dejarlos al cuidado de sus hijos e hijas.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:

    • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
    • Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

    Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

  • El derecho a decir NO: herramienta esencial de protección

    El derecho a decir NO: herramienta esencial de protección

    Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

    El derecho a decir NO es una de las habilidades de autoprotección más importantes en la prevención del abuso sexual infantil. Enseñar a niñas y niños a usarlo con claridad y seguridad puede salvarlos de situaciones de riesgo.

    Cómo enseñar a niñas y niños a decir NO de manera segura y respetuosa

    Hay palabras que pueden cambiar el rumbo de una historia. Para muchos, una de esas palabras es un simple NO. Un NO dicho con valentía, con el cuerpo erguido y firmeza en la voz, puede marcar la diferencia cuando se trata de prevenir el abuso sexual infantil.

    Aceptar que los niños y las niñas tienen el derecho a decir NO no siempre es fácil para los adultos. Muchos crecimos creyendo que la obediencia era una virtud absoluta y que cuestionar instrucciones era una falta de respeto. Pero hoy sabemos algo distinto: cuando niñas y niños pueden decir no sin miedo ni culpa, se fortalecen su autonomía, su seguridad y su capacidad de pedir ayuda. Un niño que sabe decir no también puede identificar con mayor claridad cuándo algo no está bien.

    El derecho a decir NO no compite con la crianza ni resta autoridad; al contrario, la vuelve más sólida y confiable. Cuando un adulto permite que un niño exprese un límite en las situaciones adecuadas, no pierde control: está enseñándole a reconocer su propia dignidad y a confiar en su criterio. La infancia que puede poner límites desarrolla mejores habilidades de comunicación, se siente más segura para expresar lo que le pasa y comprende que el respeto funciona en doble vía.

    Este tipo de acompañamiento no debilita la disciplina; la hace más inteligente. Un niño que sabe que su voz es escuchada es más receptivo a las normas, menos impulsivo y más capaz de pedir ayuda cuando lo necesita. Y este equilibrio es esencial para la prevención del abuso. Obedecer ciegamente no es un valor: es una vulnerabilidad. Aprender a decir NO cuando algo incomoda es una herramienta poderosa de protección. Y cuando los adultos respetan ese límite en los momentos adecuados, enseñan un mensaje fundamental: tu bienestar es más importante que la obediencia automática.

    No todos los NO funcionan igual. Hay momentos en los que el límite debe ser respetado sin discusión: si un niño no quiere un abrazo, no quiere jugar a algo que le incomoda o no desea guardar un secreto, ese NO es una señal de autocuidado y debe validarse. En cambio, existen otros NO que no pueden ser aceptados y necesitan ser redirigidos, ojalá con cuidado y explicación. Un ejemplo claro es cuando está en juego la seguridad: un niño puede decir “no quiero mirar a ambos lados antes de cruzar la calle”, en ese momento el deber del adulto es protegerlo y explicarle al menor que ese NO es inaceptable porque pone en riesgo la seguridad.

    Lo mismo ocurre con ciertas normas de convivencia. Por ejemplo, si una madre le pide a su hija que baje los pies de la mesa del comedor y la niña contesta “NO”, esa respuesta es un intento válido de poner límites, sin embargo, no es adecuado para ese contexto, así que el límite del adulto debe predominar y debe exigirle bajar los pies de la mesa, idealmente explicándole la razón, no obstante no será negociable. La clave está en diferenciar cuándo estamos cuidando su bienestar y cuándo pedimos obediencia solo por costumbre.

    Una estrategia muy poderosa para ayudar a que las niñas y niños entiendan y acepten los NO que son no negociables es explicarles el por qué de esa norma o límite, de esta manera promovemos su pensamiento crítico y les enseñamos a respetar las reglas no a través de la imposición sino gracias a la comprensión. Y, si hay una regla que usted promueve pero en realidad no la encuentra del todo lógica más allá que la costumbre de la regla per se, vale la pena darse la pela y reflexionar la exigencia de esa norma. Justamente en ejercicios como estos es que modelamos cómo debe utilizarse el pensamiento crítico.

    Educar para que niñas y niños puedan decir NO es también educar para que respeten el NO de los demás. La empatía se vuelve práctica cuando detienen un juego porque alguien lo pide, cuando no insisten en un abrazo o cuando escuchan a quienes ponen un límite. Esta doble vía es esencial para construir relaciones más seguras y respetuosas.

    Recomendaciones para fortalecer el derecho a decir NO como herramienta de autoprotección:

    • Dé valor al NO cuando sea un límite legítimo. Cuando un niño expresa “prefiero no hacerlo”, escúchelo con atención y valide su derecho a sentirse seguro.
    • Modele cómo se ponen límites. Los adultos también pueden decir “no quiero un abrazo ahora” o “prefiero no jugar en este momento”. El ejemplo es una lección poderosa.
    • Explique cuándo un NO no puede aplicarse.
      Si se trata de seguridad o convivencia, acompáñelo con claridad y calma: “Sé que no quieres, pero debo ayudarte porque es peligroso. Luego hablamos de lo que sentiste”.
    • Invite a buscar ayuda después de decir NO.
      Recuérdeles siempre que después pueden acudir a un adulto de confianza para sentirse acompañados y protegidos.

    Fortalecer el derecho a decir NO es una forma concreta de proteger a la infancia. No implica desconfianza, sino cultivar seguridad interior. No promueve rebeldía, sino respeto propio y ajeno. No genera miedo, sino claridad. Cuando niñas y niños saben que su voz tiene peso, también saben que pueden pedir ayuda cuando la necesitan. Esa certeza es uno de los pilares más sólidos de la prevención del abuso sexual infantil.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger, puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:

    • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
    • Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

    Le invitamos a ver el segundo capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

  • Descubrir que su cuerpo es suyo: la base de la prevención del abuso

    Descubrir que su cuerpo es suyo: la base de la prevención del abuso

    Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

    Enseñar a niñas y niños que su cuerpo les pertenece y que pueden proteger sus límites fortalece su seguridad, su confianza y su capacidad de pedir ayuda cuando la necesitan.

    Cada niña y cada niño habita un territorio único: su cuerpo. Un territorio que tiene fronteras, señales, puertas que se abren con permiso y espacios que solo les pertenecen a ellos. Cuando descubren que pueden decidir quién entra y cómo, empiezan a desarrollar una herramienta fundamental para su protección. Acompañar ese descubrimiento no exige discursos complejos; exige presencia, escucha y el gesto sencillo de mostrar que ese territorio merece respeto.

    Comprender que el cuerpo es un territorio propio es una de las bases más fuertes para la prevención del abuso sexual infantil. No porque niñas y niños deban vivir desconfiando, sino porque necesitan crecer con la tranquilidad de saber que tienen un límite, una voz y un derecho: el derecho a sentirse seguros. En la publicación «Por una justicia a la altura de la infancia» (Save the Children, 2023), alrededor del 80% de los casos de violencia sexual infantil son cometidos por personas conocidas por la víctima, lo que refuerza la importancia de enseñar estas herramientas desde la confianza y no desde el miedo.

    En el aula, en el parque o en la casa, esta comprensión empieza a tomar forma de maneras muy simples. Entre los cinco y los ocho años, niñas y niños descubren qué cosas son privadas, reconocen qué contacto les gusta y cuál no, y afinan esa sensibilidad silenciosa que les dice “esto se siente bien” o “esto no se siente bien”. Cuando una persona adulta les explica con calma que hay partes del cuerpo que nadie puede tocar sin permiso, o que hay momentos específicos en los que un adulto de confianza puede ayudarles (como en el baño o en una consulta médica), les está entregando una brújula para orientarse en situaciones que podrían confundirlos.

    La autonomía corporal no se enseña con discursos solemnes, sino con gestos que niñas y niños pueden sentir: cuando alguien pregunta antes de tocarlos, cuando un adulto no se molesta ante un “no quiero saludar de esa manera”, cuando se respeta su espacio, su ritmo, su voz. Estos actos cotidianos les dicen sin palabras: “tu cuerpo importa, tu incomodidad importa, tú importas”.


    A veces, las familias y docentes sienten temor de fomentar esta autonomía por miedo a que niñas y niños rechacen normas o interacciones afectivas. Pero ocurre lo contrario. Un niño que entiende sus propios límites aprende a respetar los de los demás. Una niña que reconoce cuándo algo no se siente bien será también más cuidadosa con quienes la rodean. La autonomía corporal no rompe vínculos: los vuelve más sanos.

    Además, es importante recordar que criar y acompañar no siempre es sencillo. Las rutinas, los afanes y las expectativas pueden hacernos pasar por alto señales pequeñas. No se trata de hacerlo perfecto, sino de estar lo suficientemente presentes para mostrarles que lo que sienten es válido y que pueden pedir ayuda sin miedo ni vergüenza.

    Recomendaciones para integrar la protección del cuerpo de manera natural y progresiva:

    1. Pida permiso antes de establecer contacto físico.
      No importa si es un abrazo, una caricia o un gesto cotidiano como ayudar a vestirse. Pedir permiso es enseñar respeto.
    2. Ofrezca alternativas para saludar.
      Permita que niñas y niños elijan cómo quieren saludar: abrazo, apretón de manos, puñito o un saludo a distancia. El acto de saludar es importante; la forma puede ser elegida con libertad.
    3. Reconozca su incomodidad sin minimizarla.
      Cuando note retraimiento o molestia, diga con calma: “parece que no te sentiste cómodo; gracias por mostrarlo”. Nombrar lo que sienten les ayuda a entenderse.
    4. Hable del cuerpo sin misterio ni miedo.
      Las conversaciones abiertas reducen el tabú y aumentan la confianza. Hablar de intimidad es un acto de cuidado.
    5. Valide sus decisiones sobre su cuerpo.
      Elegir su peinado, decidir dónde sentarse o preferir una prenda puede parecer menor, pero construye identidad y seguridad emocional.
    6. Enseñe que los límites también se cuidan hacia afuera.
      Cada persona tiene su propio cuerpo, su territorio personal, se debe aprender a cuidar la propia corporalidad y también la ajena. Esta comprensión fortalece la convivencia, la empatía y el respeto mutuo.

    La ética del cuidado nos recuerda que acompañar no es vigilar; es estar presentes, escuchar, sostener, permitir que niñas y niños crezcan con la convicción de que su voz tiene un lugar. Cuando descubren que su cuerpo es valioso y que merece respeto, no solo se protegen mejor: también se vuelven más capaces de cuidar el mundo que los rodea.

    Prevenir el abuso sexual infantil no es vivir a la defensiva. Es cultivar un ambiente donde niñas y niños crezcan con seguridad, claridad y libertad. Donde puedan confiar en los adultos que los acompañan. Donde la intuición se escucha, la incomodidad se respeta y la autonomía florece sin miedo.

    Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger, puede salvar una vida.

    En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:

    • Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
    • Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

    Le invitamos a ver el primer capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema: