En la escena independiente bogotana pocos proyectos suenan tan auténticos y honestos como el de Laura Pérez. Una artista que en cada letra captura la esencia de la ciudad, para convertirla en canciones que se pueden dedicar en cualquier esquina de la ciudad a un amor, a los amigos e incluso a uno mismo.
En sus canciones suena esa ciudad de extremos, soleada, lluviosa, ruidosa y silenciosa, al ritmo de diversos géneros por los que sabe transitar con expertise sin perder esa esencia que caracteriza su proyecto.
El ascenso de una carrera con alma
Laura se graduó en ejecución musical con énfasis en músicas latinoamericanas y desde entonces materializó aquel sueño de capturar el sonido de la ciudad que, para ella, tiene una encantadora mezcla de la música colombiana y de distintas partes del continente y del mundo.
Es así, como ha experimentado con el pop, la balada, el jazz y los ritmos latinoamericanos, para darle vida a su proyecto musical que honra sus raíces y el lugar donde nació.
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Su autenticidad y letras que ponen en palabras lo que no es tan fácil de expresar, le ha abierto las puertas a grandes escenarios como el Festival Estéreo Picnic en 2024 y el Festival Cordillera.
Así mismo, Laura ha sido telonera de figuras internacionales como Camilo, El Kanka y Pimpinela, oportunidades en las que ha dejado en firme que una propuesta acústica y minimalista es suficiente para conectar los corazones de los asistentes.

‘La Chinita’: un álbum sobre el amor, el desamor y Bogotá
En su álbum debut ‘La Chinita’, Laura Pérez mezcló el bossa nova, boleros, indie y groove, para hacer poemas que suenan a lo cotidiano, sin palabras difíciles y sin caer en los espacios comunes.
Con canciones como ‘Apartamento’ le canta a la simplicidad y a la experiencia entrañable de los espacios compartidos. Con ‘Quiero ser yo’ le canta al deseo de amar y de cuidar a esa persona especial. En ‘Envidia’ se une a Juan Pablo Vega, para cantarle a los sentimientos humanos.
Por otro lado, en ‘En esta vida no fue’ le canta a los amores imposibles. En ‘Tontería mía’ a la rutina y a la monotonía que agobian una relación. Y en ‘Quisiera odiarte’ abraza el duelo y le envía un mensaje a esa persona con la que las cosas acabaron aunque aún haya sentimientos.
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¿Y Bogotá? Bueno, la ciudad está presente en cada composición, Laura Pérez honra el lenguaje local en cada canción.
“La manera en la que yo podía hacer que mi música sonara a Bogotá era llamándola a través del lenguaje”, comentó la cantautora en una entrevista para un medio alternativo.
Bogotá como musa y como escenario
Para Laura, Bogotá no solo es el lugar donde nació, es su motor creativo. Es por esto que a través de su música quiere darle una connotación diferente a la capital, hacer que las personas la vuelvan a ver con ojos de amor y cambiar la tendencia de ver siempre el lado no tan amable.

Ese orgullo rolo se siente en sus menciones a la changua, en sus videos que destacan la belleza de los barrios tradicionales, del centro, las cafeterías, las calles y en su insistencia por representar el sonido de una ciudad que, para ella, suena a una mezcla de todo el continente.
Su música representa a toda una generación de bogotanos que eligen la sensibilidad, la autenticidad y el sentimiento de orgullo de sus raíces capitalinas.
Laura Pérez en La Nevera Sesiones
La participación de Laura Pérez en La Nevera Sesiones honra la belleza de la sencillez que se vuelve música. Su interpretación desde El Paraíso, en Ciudad Bolívar, acompaña con cada acorde el bello paisaje que solo es posible disfrutar desde este punto de la ciudad.
“Para mí siempre será una fortuna conocer lugares nuevos de Bogotá, es una ciudad gigante que no sé si me alcance la vida para conocerla toda, pero estoy muy orgullosa de poder hacer sonar mi voz aquí y que mi voz se decore con esta vista tan preciosa”, expresó la artista.
Descubra más sobre La Nevera Sesiones
Su interpretación en este mirador se siente como el destino natural de una artista que ha hecho de la sencillez y la sensibilidad su mayor fortaleza. Su música transformará por 20 minutos las calles en un espacio íntimo en el que cada canción se siente como un abrazo al corazón o un secreto compartido.

