Aunque muchos no lo noten al caminar, por el centro de la ciudad bajo el concreto de Bogotá sigue fluyendo un río.
Se trata del río San Francisco, un afluente que alguna vez fue vital para la vida urbana y que hoy se ha convertido en parte del paisaje de la capital.
Este afluente, que era conocido por los muiscas como Vicachá, que significa “resplandor de la noche”, nace en los cerros orientales, específicamente en el páramo de Cruz Verde, y desciende hasta atravesar el corazón histórico de Bogotá.
El río que presenció la fundación de la ciudad
Su importancia se remonta a la fundación de la ciudad en 1538 por Gonzalo Jiménez de Quesada, cuando el perímetro urbano de Bogotá aún conservaba los límites del antiguo casco colonial, que comprendía el perímetro entre la calle 1.ª hasta la calle 26, y desde el Paseo Bolívar hasta la estación de la Sabana.
En aquel entonces sus aguas eran una de las principales fuentes de abastecimiento para los habitantes y un eje clave en el crecimiento de la ciudad.
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Pero con el crecimiento de Bogotá en el siglo XIX y comienzos del XX, el río empezó a contaminarse y a generar problemas sanitarios. Pues en sus riberas se establecían:
- Baños públicos
- Las lavanderas fregaban la ropa y vertían aguas enjabonadas
- El cauce, usado como botadero de desperdicios.
Un río bajo el cemento
Ante esta problemática, las autoridades decidieron canalizarlo y cubrirlo, convirtiéndolo en una estructura subterránea para controlar inundaciones y malos olores.

Foto: Archivo de Bogotá
Algunos expertos en urbanismo analizaron que en esa época habría surgido una idea predominante en la que se ligaba la modernización de la ciudad con la higiene y el comportamiento de los habitantes, el cual debía ser acorde con los de una “ciudad civilizada”.
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El proceso tomó forma legal a partir de la Ley 10 de 1915, que planteó por primera vez la canalización como un proyecto urbano.
Posteriormente, el Acuerdo 10 de 1916 promovió estudios para la construcción de avenidas modernas, y un año más tarde el Acuerdo 31 de 1917 nombró como Avenida Jiménez de Quesada a la calle que reemplazaría el río.
El río renace en el Eje Ambiental
Con el paso de las décadas, el lugar continuó evolucionando hasta convertirse en lo que hoy se conoce como el Eje Ambiental, una intervención urbana diseñada por el arquitecto Rogelio Salmona e inaugurada en 2001.
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Este proyecto buscó recuperar el espacio público y, al mismo tiempo, devolverle a la ciudad parte de la memoria del río, integrando elementos de agua y la reintroducción de la palma de cera.
Actualmente, esta obra declarada Bien de Interés Cultural, sirve como el eje central para entender el impacto del desarrollo urbano en la ciudad e invita a una importante reflexión sobre cómo los bogotanos se relacionan con la naturaleza y algunos elementos esenciales de su identidad.
*Foto: Instituto Distrital de Turismo – Juan Amarú Rodríguez

