Diccionario para mamás y papás: guía para entender la neurodivergencia

Entender qué pasa en el cerebro de una niña o niño cuando se dispersa en clase o confunde la «b» con la «d» es el primer paso para entender en casa o en el colegio las particularidades de cada uno y los posibles motivos.

Diccionario para papás sobre temas de neurodivergencia

En esta versión del Diccionario para mamás y papás,  veremos algunos tipos de neurodivergecia con una guía rápida que busca traducir la terminología clínica a un lenguaje cotidiano, permitiéndoles comprender mejor la forma en que se percibe y procesa el mundo en los cerebros que funcionan de formas distintas. 

Hablar de neurodivergencia no es hablar de enfermedades, sino de configuraciones cerebrales distintas y valiosas, pues el primer paso para apoyar es entender su lenguaje, por eso compartimos información clara y accesible para que puedas contar con esta herramienta fundamental para las familias y para todas las personas que tienen un rol de cuidado. 

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A continuación, compartimos los conceptos clave para entender estas condiciones y formas de lenguaje:

TEA (Trastorno del Espectro Autista)

Según la liga de La Liga Colombiana de Autismo (LICA), el TEA no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo que afecta la forma en que una persona se comunica, interactúa socialmente y percibe el entorno. Se le llama “espectro” porque se manifiesta de manera única en cada niño o niña, algunos pueden tener grandes desafíos verbales, mientras que otros poseen una memoria brillante o intereses muy profundos y enfocados. 

Cuando los profesionales hablan de “espectro”, no se refieren a que un niño tenga “mucho” o “poco” autismo, más bien significa que el TEA se compone de diferentes dimensiones del desarrollo, y cada persona presenta un nivel de necesidad de apoyo distinto en cada una de ellas.

La forma de conectar con el mundo sigue reglas diferentes, y en algunas niñas, niños y adolescentes pueden ser no verbales, o sea que no usan el habla para comunicarse, aunque sí se expresan de otras formas, mientras que otros tienen un vocabulario avanzadísimo para su edad, y su cerebro puede percibir los estímulos del entorno con una intensidad distinta.

TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)

El TDAH va mucho más allá de ser una persona inquieta o distraída, el TDAH es una diferencia en el sistema ejecutivo del cerebro, y a las niñas, niños y adolescentes con TDAH les cuesta regular su atención, o sea que pueden distraerse fácilmente, y suelen gestionar la impulsividad y la energía de una manera más intensa.

El término “Déficit de Atención” suele confundir, porque las personas con TDAH no carecen de atención, al contrario, lo atienden todo al mismo tiempo, es decir el cerebro típico tiene un filtro que decide qué es importante; por ejemplo, la voz de la profesora, y lo qué no, en este caso, el camión que pasa por la calle, pero en el TDAH, ese filtro es muy borroso.

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Es común que en adolescentes y adultos, la hiperactividad no siempre se vea por fuera, y se viva por dentro como un montón de pensamientos que no para, lo que suele causar fatiga mental o ansiedad, y en ocasiones genere que actúen sin pensar en las consecuencias

Según Disfam (Asociación Dislexia y Familia) cuando poseen este trastorno, pueden llegar a interrumpir conversaciones, responder preguntas antes de terminar de formularlas y en ocasiones llegar a frustrarse de un momento a otro.

Dislexia

Es una condición neurobiológica que afecta el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero una niña, niño o adolescente con dislexia no es menos inteligente, simplemente su cerebro procesa los sonidos y las letras de forma diferente. 

Esto hace que descifrar las palabras requiera un esfuerzo doble, lo que puede provocar omisiones, rotaciones o inversiones de letras al leer o escribir, lo que hace que la lectura en voz alta sea pausada, silábica y propensa a que “adivinen” la palabra basándose solo en la primera letra, por ejemplo, al leer “casa” donde dice “carro”, como lo describe Disfam.

La dislexia es una forma diferente de procesar el lenguaje en el cerebro, es decir que la persona ve las letras perfectamente bien, pero el desafío ocurre cuando su cerebro intenta conectar de forma rápida el símbolo visual, o sea la letra escrita. Quienes la tienen, usualmente pueden omitir, invertir o sustituir letras.

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Discalculia

A menudo llamada la “dislexia de los números”, lo que es la dificultad específica para comprender y trabajar con conceptos matemáticos. A los niñas y niños con discalculia les cuesta, saber qué número es mayor que otro, memorizar tablas de multiplicar, contar en sentido inverso o manejar el sentido del tiempo y el dinero.

Un niño o niña con discalculia puede ser brillante expresándose, dibujando o en las clases de ciencias, pero bloquearse por completo ante una resta sencilla. Esto no es un problema de estudio, memoria general o lógica, solo es una dificultad específica para codificar los símbolos matemáticos.

Es importante señalar que las dificultades persisten a pesar de la enseñanza repetida, lo que diferencia la discalculia de un simple retraso en el aprendizaje, como lo menciona la Asociación para la Dislexia y la Familia (Disfam)

Dispraxia (o Trastorno del Desarrollo de la Coordinación)

Afecta la planificación y coordinación de los movimientos motores. Puede manifestarse en la motricidad gruesa, con tropiezos frecuentes, dificultad para andar en bicicleta o patear una pelota; o en la motricidad fina como la dificultad para abrocharse los botones, usar cubiertos o escribir a mano. 

No es torpeza, es un desfase entre la orden del cerebro y la respuesta del cuerpo. El cerebro de un niño o niña con dispraxia funciona perfectamente al planificar una idea, pero encuentra un “teléfono roto” en los canales de comunicación nerviosa que envían las órdenes a los músculos.

Lo que quiere decir que el cerebro sabe exactamente qué quiere hacer, pero el cuerpo no recibe las instrucciones de secuenciación y fuerza correctas. La dispraxia no afecta la inteligencia, afecta la automatización de los movimientos.

Para una persona neurotípica, andar en bicicleta, usar las tijeras o amarrarse los zapatos son acciones que, una vez aprendidas, se hacen en piloto automático, para una persona con dispraxia, cada uno de estos movimientos requiere una planificación consciente, concentración y un gasto de energía monumental cada vez que los ejecuta.

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Recuerda evitar las etiquetas negativas como “flojo” o “distraído”, cuando una mamá, papá o cuidador cambia el “no quiere hacer la tarea” por un “su discalculia le está costando el doble de esfuerzo hoy”, el entorno familiar se transforma de un campo de batalla a un espacio de apoyo seguro. 

Para acompañar este aprendizaje con historias reales y cercanas, te invitamos a seguir la serie de Divergente, que a través de capítulos cortos y dinámicos se explican distintas formas en las que niñas, niños y jóvenes viven y afrontan algún tipo de discriminación. 

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