Entre el bullicio de Bogotá, existe un lugar donde la ciudad parece tomarse un respiro. El campus de la Sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia.
Con cerca de 120 hectáreas, este espacio combina historia, arquitectura y naturaleza en cada rincón. Sus edificios, muchos declarados Bienes de Interés Cultural y Patrimonial de la Nación, conviven con amplios jardines, senderos y zonas deportivas que invitan a estudiantes y bogotanos a detenerse un momento y disfrutar del día.
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Arquitectura patrimonial y espacios abiertos
Aunque en los años 80 se levantó un enmallado perimetral, que separó parcialmente el campus de la ciudad, la universidad sigue abierta para quienes buscan aprendizaje, cultura o simplemente un lugar para respirar aire puro. Pese a incidentes aislados durante protestas, La Nacho, como cariñosamente la llaman, mantiene su brillo como epicentro de la educación superior en Colombia, con 87 años de historia y cientos de miles de estudiantes que han pasado por sus aulas.
El campus es un escenario cultural en sí mismo. Desde los conciertos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en el Auditorio León de Greiff, hasta los museos de Historia Natural, Arquitectura, Arte, Ciencia y Juego, hay siempre algo que explorar.
La Cinemateca Sala Alterna, el Auditorio Olav Roots del Conservatorio y los cineclubes de las facultades completan un ecosistema cultural abierto a toda la ciudad. Los deportistas, a su vez, encuentran su espacio en el estadio Alfonso López, las canchas múltiples, la Concha Acústica o el anillo vial, haciendo del campus un lugar donde cuerpo y mente se ejercitan por igual.
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Un refugio urbano más allá de la universidad
Más que un campus universitario, La Nacho es un refugio urbano. Allí conviven jóvenes que sueñan con su futuro académico, melómanos que disfrutan de conciertos, lectores que se pierden entre los volúmenes de la Biblioteca Central y ciudadanos que buscan un respiro del ritmo acelerado de Bogotá.
Cada paseo bajo un árbol, cada banco ocupado por un lector, cada nota musical que se escucha en sus auditorios, recuerda que este lugar es mucho más que una universidad: es un símbolo de creatividad, curiosidad y vida compartida.
La Universidad Nacional sigue siendo un faro de inquietud intelectual y rebeldía juvenil. A pesar de los desafíos, mantiene su lugar en el corazón de Bogotá, recordando que el conocimiento y la cultura no son solo patrimonio de quienes estudian, sino de todos los que quieran detenerse un momento y conectar con la energía única de este ícono de la ciudad.

