“Fui descubriendo el festival a través de una pasión”: Simona Sánchez y su historia con Rock al Parque

Del pogo a los micrófonos, Simona Sánchez ha recorrido Rock al Parque desde distintas orillas y ha sido testigo de su evolución.

Simona Sánchez y una historia que comenzó entre el público de Rock al Parque

Simona Sánchez conoció Rock al Parque antes de tener un micrófono en las manos. Primero estuvo entre el público, después llegó el periodismo, más tarde la presentación y, con el tiempo, la gestión de artistas. En cada una de esas estaciones encontró una manera distinta de relacionarse con un festival que, como ella misma ha contado, fue descubriendo desde la música.

“Fui descubriendo el festival a través de una pasión”, recuerda Sánchez al hablar de aquellos primeros años en los que llegaba como espectadora, permanecía durante toda la jornada y se mezclaba con los públicos que convertían el parque en un territorio de guitarras, amplificadores y encuentros. Antes de narrar Rock al Parque, lo vivió desde adentro: como quien aprende un festival caminándolo.

Su relación con el evento cambió cuando comenzó a acercarse desde el periodismo. Ya no se trataba solamente de escuchar a las bandas o vivir el pogo, sino de conversar con sus protagonistas, entender las escenas y encontrar las historias que ocurrían alrededor de los escenarios. Esa transición le permitió mirar el festival desde otro ángulo sin dejar atrás la experiencia de quien alguna vez estuvo al otro lado de la tarima.

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Una voz entre muchas escenas

Cuando llegó a la presentación, el reto fue distinto. Rock al Parque reunía públicos con códigos, lenguajes y maneras de vivir la música muy diferentes. No era lo mismo hablarle a un público de metal que a uno de punk, hardcore, reggae o cualquier otra escena. La tarea consistía en leer esas diferencias y encontrar la forma de comunicarse con cada una sin convertirlas en una sola.

“Ser conscientes de la diversidad de públicos que había”, explica Sánchez al recordar uno de los aprendizajes centrales de esos años. 

La presentación, en ese sentido, no consistía únicamente en anunciar una banda; también implicaba entender qué estaba pasando frente al escenario, reconocer la energía de cada público y saber cuándo acompañar ese momento con una palabra y cuándo dejar que la música hiciera el resto.

Durante años, además, las jornadas de presentación se extendieron por los tres días del festival. Mientras una banda podía tener 45 minutos o una hora sobre el escenario, quienes estaban al frente de la conducción permanecían durante buena parte de la jornada, atravesando cambios de público, sonidos y estados de ánimo. Esa experiencia terminó convirtiendo la voz de quienes presentaban en otra capa de la memoria de Rock al Parque.

“Presentar Rock al Parque ha sido de las experiencias más potentes que yo he tenido en mi vida”, dice Sánchez. Y quizá esa potencia tenga que ver precisamente con haber conocido el festival desde tantos lugares: primero como espectadora, después desde el periodismo y finalmente como una de las voces que acompañaron sus escenarios.

Un festival que también cuenta a Bogotá

Para Sánchez, esa diversidad no es un detalle alrededor del festival, sino parte de lo que Rock al Parque ha construido en Bogotá. Durante sus primeras décadas, escenas que no necesariamente compartían espacios, metal, punk, hardcore, reggae, ska, rap y otras músicas, encontraron en el parque un lugar para coincidir, escucharse y, a veces, simplemente aprender a convivir.

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Por eso, su historia con Rock al Parque también puede leerse como una historia de la ciudad. El festival ha cambiado junto con sus públicos, sus formas de escuchar música y sus maneras de encontrarse. Hoy buena parte del descubrimiento musical ocurre a través de plataformas y pantallas, pero la experiencia de compartir un espacio físico con miles de personas sigue teniendo un significado particular.

Después de haber estado en distintos lados del escenario, Sánchez entiende Rock al Parque como un festival hecho de muchas capas: las bandas, los públicos, las voces, los oficios y las memorias que se van acumulando edición tras edición. Una relación que comenzó entre el público y que terminó llevándola al micrófono, pero que nunca dejó de tener la música como punto de partida.

*Foto: Nicolás Romero

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