Cuando 1280 Almas llegó por primera vez a Rock al Parque, el festival todavía era una experiencia nueva para la banda. Juan Rojas recuerda aquella presentación en lo que hoy conocemos como la Plaza Cultural La Santamaría como uno de sus recuerdos más claros de esa época, eran muy jóvenes y apenas descubrían cómo funcionaban el sonido, el montaje y los grandes escenarios.
Con los años, el festival también se convirtió en un espacio en el que las bandas nacionales tuvieron que defender su lugar. Rojas recuerda aguaceros que obligaron a cancelar presentaciones, cambios de horarios y ocasiones en las que la agrupación no pudo cerrar el festival como estaba previsto.
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Una ciudad que encontró su propio sonido
Para Rojas, lo ocurrido alrededor del festival hace parte de una transformación cultural más amplia que vivió Bogotá durante los años noventa. Las nuevas generaciones comenzaron a reconocerse desde sus propias expresiones y a entender la música como una forma de hablar de la ciudad y de lo que ocurría en ella.
«Rock al Parque se convirtió en una postal de Bogotá y convirtió a Bogotá en un epicentro de la música.»
Un espacio para no estar solos
En esa memoria aparece también La soledad criminal, una canción que Rojas relaciona directamente con Bogotá y con la experiencia de Rock al Parque. Mientras la canción habla de la soledad en la ciudad, el festival representa para él justamente lo contrario…la posibilidad de encontrarse alrededor de la música.
«Rock al Parque evita que estemos solos.»
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Treinta años después de aquella primera presentación, Rojas considera que la importancia del festival también está en su capacidad para conectar generaciones. Quienes asistieron a sus primeras ediciones hoy son adultos, pero el encuentro continúa con nuevos públicos y mantiene abierta una expresión cultural que, para 1280 Almas, nació de mirar hacia Bogotá y reconocerse en ella.
*Foto: Instagram 1280 Almas

