I.R.A. y Rock al Parque: 40 años de punk en una historia compartida

I.R.A. ya llevaba 20 años haciendo punk cuando pisó por primera vez el escenario de Rock al Parque, hoy celebran sus 40 años de trayectoria junto al festival.

I.R.A. celebra 40 años de trayectoria en Rock al Parque 2026

Era 2005 y la banda antioqueña llegaba a un festival que, para entonces, ya había construido buena parte de su historia en Bogotá. Dos décadas después, el encuentro vuelve a ocurrir en un momento particular: I.R.A. celebra 40 años de trayectoria y Rock al Parque celebra sus 30.

Desde aquella primera presentación, la banda ha regresado en diferentes momentos al festival, ha pasado por sus tarimas y ha compartido con distintas generaciones que han encontrado en Rock al Parque un espacio para escuchar, descubrir y vivir la música. En ese recorrido, también ha visto cambiar al festival, a sus públicos y a la propia escena del rock en Colombia.

Ahora, el festival reúne dos aniversarios y, para la banda, también una parte importante de la historia que ha construido alrededor de este importante escenario. En Canal Capital hablamos con David Viola y Mónica Moreno sobre sus experiencias.

Una historia que empezó antes del festival

Cuando I.R.A. llegó por primera vez a Rock al Parque no era una banda que estuviera dando sus primeros pasos. Llevaba dos décadas recorriendo escenarios, grabando canciones y construyendo una identidad propia dentro del punk colombiano. Para entonces, el festival ya se había convertido en un punto de encuentro fundamental para las músicas y las escenas alternativas de Bogotá.

Su participación marcó el comienzo de una relación que volvería a repetirse en diferentes momentos. Más que una sucesión de presentaciones, para I.R.A. Rock al Parque ha sido también una manera de encontrarse con distintas generaciones de músicos y públicos, mientras el festival ampliaba su propia historia.

Sus integrantes recuerdan aquella primera presentación como un momento de alegría, pero también de descubrimiento. La escala del escenario, la cantidad de público y la dimensión de la producción les mostraron que estaban frente a algo distinto a los espacios donde habían aprendido a tocar.

Y hubo un momento que terminó convirtiéndose en una de sus memorias más particulares. Durante el concierto de 2005, un problema técnico dejó sin sonido a las guitarras, la batería y la amplificación. Solo quedó funcionando el micrófono de Mónica en la batería.

“Yo cogí el micrófono y dije: «Entonces cantemos» Y empecé a cantar una canción y absolutamente todo el parque me contestó (…) Fue tanto que cuando volvió el sonido se escuchó que la gente dijo: «Ahhhh”, porque estábamos ahí en una cosa íntima, de 80.000 personas, pero era íntima”, recuerda Mónica.

Para ellos, esa primera participación también marcó un antes y un después. Rock al Parque les permitió encontrarse con nuevos públicos, con trabajadores de la cultura y con una infraestructura profesional que hasta entonces era desconocida para una banda acostumbrada a tocar en la calle y pequeños escenarios.

Rock al Parque como universidad

La relación de I.R.A. con el festival no se limita a las veces que han subido a sus tarimas. A lo largo de los años, la banda también ha tenido su propio stand, han participado como jurados, han sido parte de documentales, conversatorios, libros y otros espacios alrededor del festival. Incluso participaron en la versión virtual que llevó Rock al Parque a las casas durante la pandemia.

Pero uno de los aprendizajes que más recuerdan ocurrió precisamente en sus primeros años. Cuando les pidieron enviar un rider para su presentación, no sabían siquiera qué significaba la palabra. Venían de una lógica de autogestión en la que bastaba con encontrar un amplificador, una batería y un espacio para tocar. Rock al Parque los obligó a entender otras dimensiones del oficio:

“Tenés que aprender a hacer un rider, a conseguir un ingeniero, a controlar un setlist, a llevar unos tiempos, a tener un estacionamiento para contratación, para medios técnico logístico, a hacer toda la preproducción tuya, a insertarte bien en la producción del festival”.

Para I.R.A., todo ese proceso fue como entrar a una universidad. Una oportunidad para aprender a desenvolverse profesionalmente sin abandonar la lógica independiente que había marcado su trayectoria.

Un pogo que también cuenta una historia

Si hay una imagen que la banda asocia con Rock al Parque es la del público. En particular, los pogos que han acompañado algunas de sus presentaciones.

En 2014, uno de ellos se convirtió en una de esas escenas que permanecen en la memoria del festival: el pogo comenzó desde el foso y terminó extendiéndose por distintos sectores del público. Desde el escenario, la banda también ha aprendido a reconocer otras señales de esa conexión: una bandera con su logo, miles de personas coreando un nombre o un coro que empieza en algún lugar del parque y termina convirtiéndose en una sola voz.

Para I.R.A., esa relación con el público bogotano tiene una particularidad. Aunque la banda nació en Medellín, sienten que en Rock al Parque la reciben como si también perteneciera a Bogotá.

Esa conexión ayuda a explicar por qué el festival ocupa un lugar tan importante dentro de la historia del punk colombiano. Para la banda, que un género nacido y desarrollado también desde la autogestión, la calle y los espacios independientes encuentre una plataforma masiva significa abrir un lugar de encuentro para distintas generaciones y escenas.

Un festival que también transformó otras ciudades

La influencia de Rock al Parque, según I.R.A., no se quedó en Bogotá. Desde Medellín, la banda ha visto cómo el festival se convirtió en una referencia para otros procesos de gran formato.

Tanto Viola como Mónica recuerdan incluso que, durante la creación del Festival Altavoz, apareció una idea sencilla que resumía esa inspiración: en Medellín también debía existir un festival como Rock al Parque.

La relación, entonces, funciona en doble vía. Rock al Parque nació en Bogotá, pero su existencia ayudó a demostrar que era posible reunir artistas nacionales e internacionales, distintas escenas y grandes públicos alrededor de la música en otras ciudades del país. Para I.R.A., hoy existe una especie de red de festivales y espacios locales que crecieron siguiendo esa ruta en todo el país.

“Y también el público. Vea, aquí la gente es esperando el cartel de Rock al Parque para arrancar, para armar el tour, para coger los buses y a quiénes van a llevar y no sé qué. Todo el mundo está todo el tiempo pendiente también de qué va a pasar allá, porque la gente también quiere ir, no solamente las bandas, la gente también quiere ir”.

Cuarenta años, veinte canciones y una última torta

Después de 40 años de trayectoria, I.R.A. llega a esta edición con un repertorio que funciona como un recorrido por distintas etapas de su historia. Serán cerca de 20 canciones que comienzan en sus primeros años y llegan hasta un tema nuevo, incluyendo algunos de los himnos que han acompañado a diferentes generaciones.

Y esas generaciones son, precisamente, otra parte de la historia que la banda lleva consigo. Hay quienes conocieron a I.R.A. cuando estaban en el colegio, quienes llegaron a sus canciones durante la universidad y jóvenes que hoy, décadas después de que la banda comenzara, siguen cantando y pogueando sus canciones.

Por eso, la presentación de este año tiene un significado especial para la banda, pues no solamente llegará a Rock al Parque para tocar, también tendrá un stand durante los tres días, participará en espacios de conversación y memoria y llevará invitados especiales de Bogotá, cuyo nombre todavía mantienen en secreto.

La banda describe este encuentro como el cierre de la celebración de sus 40 años. Una última torta que, esta vez, quieren compartir con un festival que también consideran parte de su propia historia.

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