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El viaje de la torcaza, la dueña silenciosa de los balcones de Bogotá

¿Sabías que las torcazas y las palomas no son iguales? Aquí te contamos algunas características de la torcaza común, protagonistas de Un Pájaro Más.

Un pájaro más torcazas

Bogotá es un escenario increíble para hablar de las torcazas: a diferencia de la paloma de plaza común: la gris europea, la torcaza es un ave nativa que ha sabido colonizar la capital, desde los Cerros Orientales hasta los balcones de los apartamentos en Suba o Kennedy.

En los últimos años, esta especie ha dejado de ser un ave exclusiva de los campos de la Sabana para convertirse en la copropietaria oficial de los balcones, macetas y ventanas de la capital y a diferencia de la paloma de plaza, que fue introducida desde Europa hace siglos, la torcaza es un ave silvestre originaria de nuestra región.

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Con su característico color pardo, destellos dorados en el cuello y una sutil línea negra detrás de los ojos, que le da el nombre de «torcaza orejuda», ha encontrado en las estructuras de concreto un ecosistema perfecto para prosperar.

Las torcazas: expertas en arquitectura improvisada

El auge de las torcazas en las zonas residenciales de Bogotá responde a su impresionante capacidad de adaptación, mientras la pérdida de árboles en algunas localidades limita el espacio para otras aves, la torcaza ha descubierto que los nidos se pueden armar en casi cualquier lugar plano.

Es común que los bogotanos compartan en redes sociales fotos de nidos «improvisados» con apenas tres o cuatro ramas mal puestas sobre una planta, una caja de herramientas olvidada o el motor de un aire acondicionado.

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Esta aparente falta de pericia arquitectónica no les impide ser increíblemente exitosas, pues ponen dos huevos por nidada y su ciclo de incubación es tan rápido, (apenas dos semanas), que pueden reproducirse múltiples veces al año aprovechando el clima de la ciudad.

Mitos, realidades y convivencia en las alturas

La cercanía de estas aves genera opiniones divididas en las propiedades horizontales, y por un lado, ver el crecimiento de los pichones se ha convertido en una ventana directa a la naturaleza para niñas, niños y adultos encerrados en la rutina urbana, pero por el otro, la limpieza de las fachadas y balcones genera retos de convivencia.

Los expertos en fauna urbana de la ciudad insisten en que la clave es la coexistencia responsable, a diferencia de las grandes concentraciones de palomas de plaza, las torcazas suelen moverse en parejas o grupos muy pequeños, lo que disminuye drásticamente los riesgos asociados a la acumulación masiva de residuos.

La recomendación de las autoridades ambientales es clara, es decir disfrutar de su presencia sin alimentarlas artificialmente para que mantengan su rol ecológico, el cual incluye el control de semillas y pequeños insectos en los parques urbanos.

Manual de convivencia: ¿Qué hacer si una torcaza anida en tu balcón?

Encontrar un nido en la ventana o la maceta de un apartamento en Bogotá es cada vez más común, y si una pareja de torcazas te eligió como vecino, los expertos recomiendan seguir estos tres pasos para llevar la fiesta en paz:

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  1. Respeta el ciclo, es más corto de lo que crees: Si el nido ya tiene huevos, lo ideal es no moverlo, ya que el proceso completo, desde la incubación hasta que los pichones aprenden a volar, toma alrededor de un mes y es un tiempo corto en el que puedes aprovechar para observar la naturaleza en primera fila junto a los más jóvenes de la casa.
  2. Mantén la higiene sin usar la fuerza: Para evitar molestias por suciedad sin hacerle daño a las aves, coloca un cartón o plástico protector debajo de la maceta o superficie del nido y una vez que los pichones se vayan definitivamente, limpia y desinfecta muy bien la zona con agua y vinagre o detergente.
  3. El secreto está en la prevención: Las torcazas son persistentes y si les gustó tu balcón, intentarán volver, así que si prefieres que no se instalen allí la próxima vez, el momento de actuar es apenas se vaya la primera camada: o sea limpia el lugar, retira las ramas viejas y coloca elementos físicos que les quiten espacio plano, como plantas más densas o un objeto decorativo en movimiento.

El paisaje sonoro y visual de Bogotá se está transformando, y la torcaza es el recordatorio diario de que la biodiversidad no se detiene en las fronteras de los Cerros Orientales, sino que toca, literalmente, a nuestra ventana, así como nos muestra la nueva serie ‘Un pájaro más’, dedicada a mostrarte la vida de una torcaza bogotana, que tras un accidente en la ciudad, encuentra refugio en la ventana de un niño que la cuida.

Para saber más de la biodiversidad de nuestra ciudad vista nuestras redes sociales en @eurekatucanal y aprende mientras te diviertes.

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