María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, la provincia de Buenos Aires, era la hija menor de una familia donde se mezclaban distintas tradiciones, pues su papá tenía raíces inglesas e irlandesas y trabajaba como ferroviario, además de tocar el piano, y su mamá era argentina, hija de andaluces. En su casa siempre hubo canciones, cuentos y una gran curiosidad por aprender.
Desde muy pequeña, María Elena creció rodeada de palabras, le gustaba escuchar historias, leer libros y observar el mundo con atención. Su infancia estuvo llena de cosas que amaba; jugaba, exploraba y también pensaba mucho. Esa combinación de imaginación y mirada atenta fue muy importante para todo lo que haría después.
Cuando era adolescente, decidió estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires. Allí descubrió que lo que más le gustaba era escribir, y eso sí que quedó claro cuando tenía 15 años y publicó su primer poema en la revista El Hogar.
A los 18 años publicó su primer libro, Otoño imperdonable. Este libro llamó mucho la atención porque estaba escrito con una gran madurez, fue leído y elogiado por escritores muy importantes como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Juan Ramón Jiménez. Gracias a ese reconocimiento, Jiménez la invitó a viajar a Estados Unidos para seguir aprendiendo y desarrollando su escritura.
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Ese viaje fue una experiencia muy importante en su vida, pues le permitió conocer otros lugares, otras formas de pensar y nuevas ideas sobre la literatura. Sin embargo, al volver, María Elena sintió que quería buscar su propio camino, sin quedar encerrada en un grupo o en una sola forma de escribir.
Viajes, canciones y un gusto especial de crear para las infancias
Después de esa etapa, María Elena Walsh decidió explorar otros caminos; viajó a Europa y se instaló un tiempo en París, una ciudad llena de artistas, música y creatividad. Allí conoció a Leda Valladares, con quien formó un dúo llamado Leda y María, juntas cantaban canciones del folklore argentino en distintos escenarios y lograron mucho reconocimiento.
Esa experiencia la acercó al mundo de la música y gracias a eso María Elena descubrió que las palabras también podían cantarse, jugarse y compartirse de otra manera. En esos años también pasó algo muy importante, pues comenzaron a aparecer sus primeras ideas para escribir canciones y textos destinados a niñas y niños.
Fue cuando regresó a Argentina, allí empezó a crear un universo completamente nuevo dentro de la literatura infantil, publicó libros y canciones que pronto se volvieron muy populares, como El reino del revés, Tutú Marambá y Dailan Kifki. También creó canciones que todavía hoy se cantan, como Manuelita la tortuga, La vaca estudiosa, El twist del Mono Liso y Canción de tomar el té.
Lo que hacía especial su obra era su manera de jugar con el lenguaje, pues en sus historias, las cosas podían suceder al revés, los animales podían hablar y las situaciones eran sorprendentes y en medio deese “disparate”, como ella lo llamaba, ayudaba a pensar de otra manera, e invitaba a niñas y niños a imaginar, a hacerse preguntas y a mirar el mundo con curiosidad.
Además, María Elena Walsh se interesó mucho por la educación: trabajó junto a especialistas como Eva Giberti, Florencio Escardó y Arnaldo Rascovsky para reflexionar sobre la infancia; participó en encuentros donde explicó que la poesía, la música y el juego son muy importantes para el crecimiento, porque ayudan a desarrollar la imaginación y el pensamiento.
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María Elena Walsh, una voz libre que también hablaba para personas adultas
Aunque muchas personas la conocen por sus obras infantiles, María Elena Walsh también escribió para personas adultas. En sus canciones y textos habló sobre la libertad, la justicia y la importancia de pensar con independencia. Durante momentos difíciles en la historia de Argentina, sus palabras se transformaron en una forma de expresar ideas y sentimientos que muchas personas compartían.
Sus canciones fueron interpretadas por grandes artistas como Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat, lo que ayudó a que su obra llegara a muchísima gente. Para María Elena, la canción era otra forma de literatura, donde cada palabra tenía que estar bien pensada.
También fue una mujer que defendió sus ideas con claridad, leyó a autoras como Virginia Woolf y Doris Lessing, que reflexionaban sobre el lugar de las mujeres en la sociedad e inspirada en esas lecturas escribió artículos y opiniones donde hablaba sobre la importancia de la igualdad, la libertad y la independencia.
María Elena Walsh murió el 10 de enero de 2011, a los 80 años. Su legado sigue muy presente a través de sus libros y canciones continúan acompañando a niñas y niños, pero también a personas adultas que encuentran en sus palabras un refugio. Armadura, su obra cada día nos demuestra que jugar con las palabras es algo increíble, que la imaginación puede abrir puertas y que hacer preguntas es una manera de entender mejor el mundo.
En eureka siempre estamos buscando escritores que inspiren, y uno de los que pudimos entrevistar en Generación eureka pregunta fue a Lizardo Carvajal, quien como María Elena Walsh también crea libros para niñas y niños. Conócelo aquí.
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