Cuando niñas y niños entienden qué es privado, qué es íntimo y qué merece protección, están más preparados para cuidarse.
Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.
Por qué y cómo enseñar a niñas y niños a nombrar, cuidar y proteger sus partes privadas
Existe un mito frecuente en contextos latinoamericanos: la idea de que la educación sexual “despierta” la sexualidad infantil o acelera comportamientos. Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario. Una publicación de UNESCO afirmó que la Educación Integral de la Sexualidad retrasa la iniciación sexual y reduce conductas de riesgo. Hablar del cuerpo no destruye la inocencia; la protege. A quienes les incomoda, en realidad, es a muchos adultos, pero cuando se hace con naturalidad —sin tabúes ni silencios tensos— las niñas y los niños entienden que su cuerpo no es un secreto, sino un territorio valioso que merece cuidado.
Las cifras muestran la urgencia de este aprendizaje. Según el Boletín Estadístico de la Dirección de Protección del ICBF (corte a septiembre de 2024), se reportaron 1.017 casos de abuso sexual infantil en niñas y niños de 0 a 6 años y 3.581 casos entre los 6 y 12 años. Cada número representa una historia que, en muchos casos, pudo haberse evitado. Y una parte fundamental de esa prevención empieza aquí: con el conocimiento, el lenguaje y los límites claros.
Conocer y nombrar el cuerpo es el primer paso. Las partes privadas —pene, testículos, vulva, vagina, senos, pezones y ano— son zonas que normalmente se cubren con la ropa interior o el vestido de baño. No se muestran ni se tocan en público, no porque sean vergonzosas, sino porque son sensibles y valiosas. Cuando los adultos usan los nombres correctos y hablan sin dramatizar, niñas y niños entienden mejor qué sienten, cómo pedir ayuda y cómo poner límites.
Una metáfora sencilla ayuda a comprender este concepto: el cuerpo es como una casa.
Hay espacios públicos —como la sala o el jardín— donde todos pueden estar. Otros son privados —como las habitaciones— donde sólo pasan algunas personas. Y existe un lugar profundamente íntimo, el baño, al que nadie entra sin permiso. Las partes privadas son ese espacio íntimo: no son un tabú ni un misterio; simplemente requieren un cuidado especial.
La intimidad se aprende con el tiempo. A medida que crecen, niñas y niños desarrollan pudor, necesitan privacidad y comienzan a comprender que no todo se debe mostrar o compartir. Los adultos cumplen un papel clave en este proceso: pedir permiso antes de ayudar, ofrecer explicaciones claras, evitar burlas acerca del cuerpo, no obligar a dar muestras de afecto físico, y respetar su privacidad al bañarse, vestirse o ir al baño. Estas acciones enseñan que la intimidad es un derecho.
Hablar con claridad y calma sobre sexualidad es esencial. Si niñas y niños no reciben esta información de sus adultos protectores y de confianza, la buscarán en sus pares o, peor aún, en internet, un lugar poco adecuado para aprender sobre estos temas. La Fundación Tita de Visita, enfocada en la prevención de abuso sexual infantil, ofrece algunas recomendaciones para los adultos para conversar sobre sexualidad con los niños y las niñas, una de las más importantes es evitar el uso de eufemismos o sobrenombres para los genitales, porque tienen a transmitir mensajes ambiguos como “de esas partes no se habla” o que deben ocultarse detrás de palabras inventadas. Pero además, porque si un niño o una niña necesita expresar una duda o describir una situación por la que está transitando, esos sobrenombres pueden generar confusión en el adulto que escucha. Por eso es fundamental no usar términos como “pajarito”, “cosita”, “palito” o “florecita”, y mucho menos nombres de alimentos como “manzanita” o “banano”. Nombrar el cuerpo con precisión es una forma directa de enseñarle a protegerlo.
También es importante explicar los únicos momentos en que un adulto puede tocar las partes privadas: durante la higiene cuando son pequeños y todavía no pueden hacerlo solos, o en un examen médico. Siempre con una razón clara, siempre con cuidado, siempre en presencia de un adulto de confianza. Y siempre deben saber que pueden decir si algo les incomoda. Este mensaje disminuye la confusión y da seguridad emocional.
Una de las estrategias más potentes de prevención es enseñar a niñas y niños a ir solos al baño a la menor edad posible. Esto reduce la necesidad de que otro adulto o un par toque sus genitales para limpiarlos, disminuye escenarios de vulnerabilidad y fortalece la autonomía corporal. La supervisión no invasiva —estar cerca sin entrar— también ayuda a equilibrar protección y privacidad.
La educación integral de la sexualidad empieza en edades muy concretas. Entre los 3 y 4 años, niñas y niños ya pueden nombrar partes del cuerpo, reconocer diferencias corporales, comprender reglas sencillas y distinguir entre “mi cuerpo” y “tu cuerpo”. Es un momento ideal para introducir los nombres correctos y explicar que nadie puede tocar sus partes íntimas sin motivo de higiene o salud.
Entre los 5 y 7 años, adquieren más autonomía y lenguaje. Entienden mejor la intimidad, los límites y la diferencia entre secretos dañinos y sorpresas sanas. Es la etapa en la que con mayor claridad comprenden la importancia de decir “NO” cuando algo les incomoda.
Esta franja entre los 3 y 7 años es una ventana de aprendizaje clave: tienen gran plasticidad emocional, confían en los adultos protectores, son menos vulnerables a manipulaciones complejas y están formando su mapa corporal. La evidencia indica que la educación temprana incrementa significativamente la capacidad de los niños para detectar y reportar situaciones inapropiadas antes de que ocurran hechos graves.
Después de los 8 años no es tarde para hablar del tema, pero se vuelve más retador: aparece el miedo al ridículo, aumenta el pudor, crece la exposición digital y ya pueden haber ocurrido experiencias incómodas. Nunca es tarde para educar, pero la prevención temprana es más efectiva.
Recomendaciones concretas para enseñar sobre cuerpo, partes privadas e intimidad:
- Nombre el cuerpo con precisión, sin eufemismos ni apodos.
Las palabras correctas protegen y permiten pedir ayuda con claridad. - Explique qué es la intimidad y respete la suya.
No obligue a dar muestras de afecto ni invada sus espacios sin aviso. - Aclare cuándo un adulto puede tocar sus partes privadas y por qué.
Siempre con explicación, acompañamiento y sin secretos. - Fomente la autonomía en el baño.
Reduce riesgos y fortalece autoconfianza. - Refuerce que su cuerpo es suyo.
Tienen derecho a decir “no” si algo les incomoda. - Enseñe a respetar el cuerpo de los demás.
Sin juegos invasivos, toques indebidos ni burlas sobre las diferencias corporales.
Conocer el cuerpo también implica respetar el de los demás. Así como nadie puede ver o tocar sus partes privadas, niñas y niños tampoco pueden hacerlo con otras personas. Este aprendizaje no solo protege; también fortalece la convivencia y los límites sanos.
Hablar del cuerpo, de las partes privadas y de la intimidad no debería ser un tema incómodo; es un acto de cuidado profundo. Cuando los adultos acompañan estas conversaciones con calma, claridad y coherencia, niñas y niños aprenden que su cuerpo les pertenece, que merece respeto y que su voz tiene valor. Enseñarles a cuidar ese territorio íntimo es una forma concreta de protegerlos, fortalecer su confianza y recordarles que siempre pueden buscar ayuda.
Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.
En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106
Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

