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Diferenciar secretos de sorpresas: herramienta clave de protección

Comprender la diferencia entre secretos y sorpresas es fundamental en la prevención del abuso sexual infantil.

Cómo enseñar a niñas y niños a diferenciar secretos y sorpresas en el marco de la prevención del abuso sexual infantil

Un silencio que da alegría y se revela pronto es una sorpresa; un silencio que pesa, incomoda y no tiene final es un secreto que debe contarse. Distinguirlos lo puede cambiar todo.

Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

Cómo enseñar a niñas y niños a diferenciar secretos y sorpresas en el marco de la prevención del abuso sexual infantil

El silencio es una de las armas más poderosas en manos de quienes dañan a la infancia. Según el Sistema de Alertas de la Secretaría Distrital de Educación de Bogotá, entre enero y septiembre de 2025 se registraron 10.856 casos de presunta violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, un promedio de 39 reportes diarios. Y estas son solo las situaciones reportadas; se presume que las cifras ocultas son mucho mayores. Detrás de muchos de esos casos hubo secretos impuestos, frases como “no le digas a nadie” o “este secreto es solo entre tú y yo”.
Por eso, enseñar a diferenciar entre secretos y sorpresas no es un detalle menor. Es una forma concreta de decirles que nada que haga daño debe permanecer en silencio.

Las sorpresas son mensajes que se guardan por poco tiempo para generar alegría: un regalo escondido, una fiesta de cumpleaños, una obra preparada en clase para las familias. Se sienten ligeras, emocionan, hacen sonreír. Y, sobre todo, tienen fecha de vencimiento: tarde o temprano se revelan y se comparten. Cuando niñas y niños piensan en una sorpresa, su cuerpo suele sentirse tranquilo o expectante de forma agradable.

Los secretos dañinos son lo contrario: pesan, no están pensados para hacer feliz a nadie, suelen ir acompañados de incomodidad, miedo o vergüenza y no tienen fecha de vencimiento, es decir, se deben guardar para siempre. Muchas veces se mantienen con frases de chantaje emocional: “si cuentas, me voy a enojar”, “nadie te va a creer”, “si lo dices, será tu culpa”. En estos casos, el secreto protege al agresor, no al niño o la niña que lo carga.

En la vida cotidiana, la diferencia se ve con claridad. Preparar un desayuno sorpresa para mamá es una alegría compartida que se revelará en poco tiempo. Pero cuando un vecino pide que nadie se entere de los dulces que entrega “a cambio de algo”, cuando un familiar insiste en que “esto se queda entre tú y yo” o cuando un adulto obliga a ver contenidos que no son adecuados y pide que no se cuente, ya no hablamos de sorpresa: hablamos de un secreto que pesa y hiere, y que debe ser contado.

Es importante, además, tener en cuenta la edad de los niños y las niñas. Antes de los cuatro años, tienen dificultad para entender la diferencia entre secreto y sorpresa, y suelen tomarlo todo de manera literal. Por eso, se recomienda evitar proponerles “guardar sorpresas” con papás o mamás; en esas edades, la apuesta más protectora es la transparencia total con sus cuidadores principales. A medida que crecen, entre los cinco y los ocho años, pueden empezar a comprender que una sorpresa se guarda solo por un tiempo y que cualquier cosa que les haga sentir mal debe contarse siempre.

En la prevención del abuso sexual infantil, los secretos cumplen un papel central. Muchos agresores se apoyan en ellos para sostener la situación en el tiempo: utilizan el miedo, la culpa o el afecto mal entendido para asegurar que niñas y niños no hablen. Por eso, una de las reglas más importantes que los adultos pueden enseñar es simple y directa: ningún adulto debería pedirles que guarden un secreto entre los dos, y si alguien lo hace, es una señal de alarma que debe contarse de inmediato.

El rol de las personas adultas cuidadoras es clave. No solo en lo que dicen, sino en lo que hacen. Cuando piden a un niño que no cuente algo a su madre o a su padre “para que no se molesten”, refuerzan el mismo patrón que usan quienes buscan ocultar situaciones dañinas. En cambio, cuando muestran coherencia y apertura —“si algo te preocupa, puedes contármelo”, “nada de lo que digas me hará quererte menos”—, construyen un ambiente donde los secretos pesados tienen más posibilidades de salir a la luz.

También es importante que los adultos se esfuercen por no convertirse en una figura intimidante. Si las niñas y los niños perciben a la persona adulta como alguien que grita, castiga sin escuchar o minimiza lo que sienten, es menos probable que se acerquen a contarles algo que les incomoda. La prevención pasa por decirles que pueden hablar, pero también por demostrar con la actitud diaria que serán escuchados sin burlas ni juicios desproporcionados.

Recomendaciones concretas para enseñar la diferencia entre secretos y sorpresas:

  1. Explique una regla sencilla y clara. Las sorpresas son para dar alegría y se cuentan en poco tiempo; los secretos que duelen, asustan o avergüenzan deben contarse siempre a un adulto de confianza.
  2. No pida nunca guardar secretos con niñas y niños. Evite frases como “que esto sea nuestro secreto”. Incluso cuando parezcan cosas pequeñas, estos pactos refuerzan la idea equivocada de que ocultar información entre un adulto y un niño puede ser normal.
  3. Invite a contar todo lo que incomode. Diga explícitamente: “Si alguien te pide guardar un secreto que te hace sentir incómodo, raro o triste, puedes contármelo. No te voy a regañar por decir la verdad”.
  4. Acoja lo que cuentan sin minimizar. Si un niño o una niña comparte algo que le preocupa, escuche con calma, agradezca que lo haya contado y busque apoyo profesional o institucional cuando sea necesario. Lo más importante es que sientan que no están solos.

Distinguir entre secretos y sorpresas no es solo un juego de palabras; es una forma de cuidar la infancia. Cuando las niñas y los niños aprenden que nada que les haga daño debe permanecer en silencio, se fortalece su capacidad de pedir ayuda y de reconocer situaciones que vulneran sus derechos. Y al asumir los adultos su responsabilidad de no pedir secretos, de escuchar con respeto y de actuar ante cualquier señal de alarma, se construyen entornos más seguros y protectores.

Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.

En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

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