Lo que comenzó como el sueño musical de cuatro amigos de colegio se convirtió, con los años, en un proyecto artístico que ha sabido encontrar su propia voz dentro del rock colombiano. Con más de una década de trayectoria, Oh’laville ha demostrado que la constancia, la experimentación y la fidelidad a su esencia pueden abrirse camino en la industria independiente.
Una amistad que se convirtió en banda
La historia de Oh’laville comienza mucho antes de los escenarios. Mateo París, Andrés Toro, Andrés Sierra y Luis Lizarralde se conocieron en el colegio y desde muy jóvenes descubrieron que, además de la amistad, compartían una profunda conexión con la música. Ese interés común los llevó a aprender a tocar instrumentos casi al mismo tiempo y a reunirse inicialmente para interpretar canciones de otros artistas.
Lo que empezó como encuentros casuales entre amigos pronto mostró un potencial creativo propio. La química musical era evidente y decidieron dar el paso hacia la composición de material original, sentando así las bases de una banda que con el tiempo se consolidaría dentro de la escena alternativa colombiana.
Desde sus primeros ensayos entendieron que su fortaleza no estaba solamente en el talento individual, sino en la confianza y el conocimiento mutuo construido durante años de amistad, una relación que hoy sigue siendo uno de los pilares de su identidad artística.




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Un recorrido musical en constante evolución
Desde su formación en 2009, la banda ha construido una discografía que refleja su crecimiento artístico y personal. Su primer álbum, Pedazos de Papel (2011), presentó una propuesta más acústica y orgánica, donde las melodías suaves y las atmósferas íntimas marcaron su punto de partida.
Años después llegaría Anaranjado (2015), un trabajo donde exploraron sonidos más eléctricos y arriesgados, incorporando nuevas texturas y ampliando su identidad sonora. Este proceso continuó con Soles Negros (2019), un disco que consolidó su madurez musical y les permitió ampliar su alcance dentro y fuera del país.
Más recientemente, con Movimientos para soltar el alma (2025), el grupo propone una reflexión sobre los retos de la vida y la forma en que las personas los enfrentan, retomando la energía de sus primeros trabajos pero con una mirada más madura y experimental.
Un sonido que no quiere etiquetas
Hablar del sonido de Oh’laville implica reconocer que se trata de una propuesta difícil de encasillar en un solo género. Su música transita entre el rock alternativo, el folk, la electrónica, el blues e incluso elementos del post-punk y el trip-hop.
Más que definirse por una etiqueta, la banda ha preferido construir un lenguaje propio donde conviven guitarras atmosféricas, bajos profundos, percusiones expresivas y letras que buscan generar imágenes más que contar historias lineales.
Otro rasgo distintivo es su interés por los momentos instrumentales largos, donde la música toma el protagonismo y permite crear paisajes sonoros que dialogan con lo visual. Esta aproximación, cercana a lo cinematográfico, es parte esencial de la experiencia que proponen tanto en sus grabaciones como en sus conciertos.
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Influencias e inspiración: del cine a la vida cotidiana
Las referencias de Oh’laville son tan diversas como su sonido. Entre sus influencias aparecen bandas internacionales de rock alternativo, pero también géneros latinoamericanos y exploraciones sonoras más experimentales.
Sin embargo, más allá de las referencias musicales, una de sus principales inspiraciones ha sido la vida misma: los cambios personales, las giras, el paso a la adultez y los retos propios de sostener un proyecto independiente. Todo esto se traduce en canciones que buscan transmitir emociones profundas y construir atmósferas cargadas de significado.
También hay una intención clara de entender la música como una obra integral donde el sonido, la imagen y el concepto narrativo conviven, lo que explica su interés por los elementos audiovisuales y la construcción estética alrededor de cada disco.
Bogotá como escenario y punto de partida
La relación de la banda con Bogotá no es solamente geográfica sino también creativa. La ciudad ha sido el escenario donde crecieron, ensayaron y comenzaron a tocar, pero también una fuente constante de inspiración.
Sus canciones, de alguna manera, reflejan los contrastes de la capital: la melancolía y la energía, la velocidad y la introspección, el caos y la belleza. Además, han sido parte activa del fortalecimiento de la escena independiente, participando en festivales, creando espacios propios y apostando por el crecimiento colectivo del circuito alternativo.
Su trayectoria también evidencia los retos de ser una banda independiente en Colombia y la importancia de construir público a través de la constancia, los conciertos y la evolución artística.
Oh’laville llega a La Nevera Sesiones
Como parte de ese recorrido musical, Oh’laville también será protagonista de La Nevera Sesiones, un espacio que permite conocer a los artistas desde un formato cercano y auténtico, donde la música y la ciudad se convierten en el centro de la conversación.
Será una oportunidad para descubrir la esencia de una agrupación que ha hecho de la exploración sonora, la amistad y la búsqueda artística, los motores de su trayectoria.

