Posicionándose como el segundo show de medio tiempo más visto en la historia, y rompiendo el récord de 4.000 millones de visualizaciones durante sus primeras 24 horas en plataformas digitales, el espectáculo del artista puertorriqueño Bad Bunny marcó un precedente en uno de los escenarios deportivos más importantes del mundo.
Además de ser el primer artista latino masculino en encabezar el medio tiempo en solitario y de entregar un espectáculo mayoritariamente con letras en español, en medio de la tensión vivida por las duras políticas migratorias para los latinos impuestas en Estados Unidos, Bad Bunny entregó un poderoso mensaje a través de la representación de la cotidianidad puertorriqueña, destacando elementos de la cultura latinoamericana, ritmos propios del Caribe y brillando en el escenario junto a destacados actores, músicos y bailarines de distintas latitudes del continente.
María Díaz, la colombiana que brilla a ritmo de salsa
Allí estuvo María Díaz, bailarina bogotana de 33 años, quien al ritmo de la salsa dejó en alto el nombre de Colombia. Su presencia en el escenario fue el resultado de una trayectoria construida con disciplina, constancia y un profundo trabajo de confianza personal, consolidado durante el exigente proceso de selección para integrar el ensamble de más de 300 bailarines que acompañaría al ‘Conejo Malo’.
María migró de Colombia a Estados Unidos a los 10 años. En medio de ese cambio de vida, encontró en la danza una forma de permanecer conectada con sus raíces. Se profesionalizó en ritmos folclóricos colombianos y desarrolló una especial fascinación por la salsa caleña, el mismo ritmo que la llevó a destacar en el show de medio tiempo.
Un Super Bowl muy latino
Su participación quedó marcada en una de las escenas más memorables de la noche: la boda celebrada al compás de Die With a Smile, de Lady Gaga, reinterpretada en clave de salsa junto a la interpretación de Baile Inolvidable.
La terraza, convertida en una auténtica fiesta latina, ofreció imágenes con las que muchos espectadores se sintieron identificados: la gran reunión familiar, la presencia de una orquesta en vivo y el icónico instante del niño durmiendo entre las sillas.
“No solamente representó a Puerto Rico, representó a Latinoamérica como tal. Una Latinoamérica, que es una América que es multicultural”, comentó María sobre la emoción de ese momento. Para ella, el orgullo de haber sido parte de este espectáculo sin precedentes se tradujo también en la posibilidad de representar a miles de bailarines latinos que dejan sus países en búsqueda de oportunidades, persiguiendo sus sueños, y demostrarles que es posible alcanzar escenarios de esta magnitud.
El recorrido no ha sido fácil, María reconoce que detrás de la danza hay sacrificios que muchas veces no son vistos por los espectadores.
El estar lejos de su familia por años, crear una vida nueva en un país distinto y entregarse por completo a la meta final de ser la mejor en su disciplina, se vieron recompensados en un momento que, según ella, afortunadamente pudo disfrutar estando presente, sin preocupaciones externas y confiando en la memoria muscular lograda tras las arduas jornadas de ensayos previas al show.
María Díaz, una bogotana que brilla con luz propia
Toda esta experiencia le recordó a María los dos mundos que habitan en ella. Su infancia en Bogotá, como una ciudad en constante movimiento, la preparó para adaptarse al ritmo frenético de Los Ángeles.
La ciudad que hizo cada vez más grandes sus sueños y que hoy es testigo de sus casi 12 años de estudios profesionales en campos como la fisioterapia, la kinesiología y la danza, conocimientos que le aportan una perspectiva técnica y corporal a su trabajo como bailarina, un recorrido que además la acompañó a dar con seguridad lo mejor de sí junto a Bad Bunny.
Sintiendo aún la emoción recorrer su cuerpo al recordar cada una de las canciones que interpretó en el show de medio tiempo, María no solo celebra haber izado la bandera de Colombia con su danza.
También destaca el significado cultural de ese momento: una celebración vibrante de la identidad latinoamericana en un contexto global donde los discursos de odio hacia la diferencia siguen causando profundas fracturas.
No fue casualidad que uno de los instantes más poderosos del espectáculo llegara con El Apagón. “Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón, batería y reggaetón”, resonó en la secuencia final previa a que Bad Bunny nombrara a los países del continente.
Allí, entre luces, música y banderas, María también sostuvo una de ellas, participando en una escena que rápidamente se convirtió en uno de los momentos más emotivos del show, replicado miles de veces en redes sociales por la comunidad latina dentro y fuera de Estados Unidos.
La bailarina lo resume desde una mirada íntima y profundamente humana: “Todo el mundo quiere buscar la manera de conectarse un poquito a lo que somos, sea a nuestra alegría, a nuestra manera de vivir, a nuestra amabilidad (…) Mucha gente ve a los latinos con ojos de esperanza, de familia, de unión, y es muy lindo ver eso. Yo sí podría decir que todo el mundo quiere ser latino”.
Y quizás allí radica la verdadera trascendencia de aquella noche, más allá del espectáculo, fue una afirmación colectiva de identidad, orgullo y pertenencia.

