Eimy Parra, la jugadora revelación de la Copa Nottingham que corre por su familia y por sus sueños

Eimy Parra juega para ser feliz: a los 19 años fue elegida revelación de la Copa Nottingham y sueña en grande.

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Eimy Parra juega como las futbolistas que crecieron en barrio, colegio y escuela… con hambre, con alegría y con el corazón siempre por delante. Tiene 19 años, viste la camiseta de DICONO F.C. y fue elegida como la jugadora revelación de la Copa Nottingham, un torneo que durante un mes puso los ojos sobre el talento femenino que se forma, resiste y sueña en Bogotá y sus alrededores.

Su historia con el fútbol no comenzó con una decisión consciente, sino como empiezan casi todas las historias verdaderas: jugando. Desde los 4 años, Eimy ya corría detrás del balón. Antes estuvo el patinaje, pero el fútbol siempre estuvo ahí, llamando más fuerte.

En el colegio jugaba con sus amigos, sin etiquetas ni diferencias, simplemente por el placer de hacerlo. “Siempre tenía la idea de jugar fútbol con mis amigos en el colegio, desde muy pequeña”, dice, como quien recuerda el origen de todo.

Cuando el juego se volvió camino

En Cajicá dio sus primeros pasos formativos en una escuela de fútbol, donde empezó a entender el entrenamiento como parte de un proceso. Con el paso del tiempo, el nivel competitivo con los hombres se volvió más exigente y el camino tomó otro rumbo. Fue entonces cuando llegó a un escuela formativa en Chía, un punto de quiebre en su historia, el juego dejó de ser solo diversión y comenzó a convertirse en un proyecto de vida que ha sostenido durante los últimos años.

A DICONO F.C. llegó siendo apenas una niña, a los 11 años. No llegó solo a un club, llegó a una idea. Un proyecto que entiende el fútbol como escuela de vida y no únicamente como resultado. En DICONO, Eimy aprendió que antes de ser jugadora hay que ser persona. “El proyecto no piensa en el resultado, sino en cómo vivimos la experiencia, cómo somos felices jugando y cómo llevamos el juego a la vida”. 

En la cancha, Eimy juega como volante, pero piensa como líder. Corre, se ofrece, se equivoca y vuelve a intentar.

Para ella, lo más valioso que le ha dado el fútbol no tiene que ver con trofeos ni aplausos, sino con la manera de pararse frente al día a día. “El fútbol me ha dejado ser feliz y vivir el hoy, sin mirar hacia atrás”, resume, con ese lenguaje simple y directo que solo tienen quienes entienden el juego desde adentro.

Competir también es aprender

Los retos nunca faltaron. Medirse con jugadoras de alto nivel, enfrentar rivales que ya han salido del país y exigirse para estar a la altura es parte del camino. No lo ve como una barrera, sino como una motivación constante. Saber que siempre se puede dar un poco más. Sus sueños están claros, seguir creciendo en el fútbol profesional, llegar a la Selección Colombia y, algún día, cruzar fronteras para jugar en el exterior.

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La Copa Nottingham fue una vitrina decisiva. Un torneo que, para Eimy, representa oportunidades reales. Allí el fútbol femenino se mide, se muestra y se proyecta. Ser elegida como la jugadora revelación no fue solo un premio individual, fue la confirmación de un proceso sostenido, de un trabajo silencioso que se construyó durante años.

Jugar entre hermanas

Detrás de cada partido, de cada entrenamiento y de cada viaje, está la familia. Vive en Cajicá y el esfuerzo ha sido constante. Sus padres han estado siempre, sacando tiempo, acompañando desde la tribuna o desde la pantalla.

Jugar también es correr por ellos, dedicarles cada balón dividido, cada partido disputado. Y en ese núcleo familiar hay una presencia especial: su hermana. Comparten la vida, los estudios y el fútbol. Aunque juegan en posiciones distintas, defensa y volante, en la cancha se sostienen mutuamente. Chocan, discuten, se exigen, pero también se anclan. Su hermana es quien la aterriza, la que le recuerda que puede, incluso cuando el partido pesa.

Cuando el público que siguió la Copa Nottingham durante un mes votó por ella como la jugadora revelación, Eimy lo sintió como un abrazo colectivo. Un reconocimiento que, fiel a su manera de entender el fútbol, no se quedó en lo personal. “Esto no es solo un reconocimiento individual, todo se lo debo a mi club y a mi equipo; gracias a ellas puedo resaltar como jugadora”, afirma.

Eimy Parra no juega para las estadísticas. Juega para ser feliz, para honrar el esfuerzo de su familia, para crecer como persona y para demostrar que el fútbol femenino se construye con procesos largos, con disciplina diaria y con sueños que se persiguen corriendo, siempre corriendo, detrás del balón.

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