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¿Vergüenza y culpa? Cómo proteger a los niños de la manipulación

Enseñar a niñas y niños que la vergüenza y la culpa pueden ser estrategias de manipulación cuando otra persona las provoca, es clave para prevenir la violencia sexual infantil y contrarrestar las estrategias de los abusadores.

Cómo enseñar a niñas y niños a contar lo sucedido a un adulto de confianza a pesar de sentir vergüenza o culpa.

Escrito por: Eduardo Ordóñez, cofundador de la Fundación Tita de Visita y asesor pedagógico de Un río de preguntas.

Cómo enseñar a niñas y niños a contar  lo sucedido a un adulto de confianza a pesar de sentir vergüenza o culpa.

La vergüenza y la culpa son emociones poderosas. Tan poderosas, que pueden llevar a un niño o a una niña a guardar silencio incluso cuando algo les incomoda profundamente. En muchos casos de abuso, el secreto no empezó con una amenaza directa, sino con la sensación de que “yo lo provoqué”, “fue mi culpa”, “me van a juzgar”, “me da mucha pena contarlo”. Esa es la trampa emocional que muchas veces sostiene el abuso.

Y las cifras muestran lo urgente que es acompañarlos. Según la Secretaría Distrital de Integración Social, en 2023 19.000 casos de violencia sexual infantil fueron reportados, y Kennedy, Suba, Ciudad Bolívar, Bosa y Engativá concentraron el mayor número de casos en el entorno familiar en Bogotá. Detrás de estos números hay personas con emociones confusas que no les permiten moverse libremente por la vida.

La culpa y la vergüenza aparecen también en situaciones normales: cuando dicen una mentira, rompen algo, hieren a alguien sin querer. Pero cuando estas emociones surgen por algo que otra persona hizo, especialmente un adulto, no son señales de responsabilidad: son señales de manipulación.

La culpa se centra en la acción: “yo hice algo malo”, “lo provoqué sin querer”, “si hablo, pasará algo terrible por mi culpa”. Se siente como un peso en el pecho, un nudo en el estómago o un deseo de arreglar algo que no entienden del todo. Muchos agresores la alimentan con frases como: “si hablas, me meterán preso y será tu culpa”, “si no hubieras hecho eso, nada habría pasado”.

La vergüenza se centra en la identidad: “hay algo malo en mí”, “soy sucio”, “soy culpable por ser como soy”. Se manifiesta como calor en la cara, evitar la mirada o ganas de esconderse.
Generar vergüenza es una de las estrategias favoritas de quienes desean mantener silencio: “nadie te va a creer”, “si cuentas, se reirán de ti”, “van a pensar que tú lo buscaste”.

Un ejemplo sencillo lo ilustra con claridad: Un niño quiere contarle a su madre que algo lo hizo sentir incómodo, pero antes de hablar baja la mirada, juega con sus manos y dice en voz baja: “me da pena”. Ella, en vez de presionarlo, se inclina, lo mira con calma y dice: “Puedes contarlo aunque te dé vergüenza. No hiciste nada malo”. Esa frase abre una puerta. Esa reacción le devuelve su voz.

Por el contrario, cuando un adulto responde juzgando —“¿por qué no lo dijiste antes?”, “¿cómo dejaste que pasara?”, “¿qué hiciste tú?”— se refuerzan exactamente las emociones que silencian. La culpa se hace más profunda. La vergüenza se vuelve más pesada.

La manipulación emocional funciona porque explota el vínculo. No siempre necesita amenazas. A veces basta con hacerlos sentir responsables del bienestar de alguien más: “si hablas, tu familia se sentirá muy mal”, “si dices algo, me voy a poner muy triste”. Este tipo de chantaje altera la noción de responsabilidad y hace que la niña o el niño piense que proteger al agresor es la decisión “correcta”.

Por eso es tan importante que los menores sepan algo con absoluta claridad: En el abuso sexual infantil nunca hay responsabilidad compartida. Nunca es culpa de la niña o el niño lo que otra persona decide hacer.

Reconocer la vergüenza y la culpa como señales de alerta es una herramienta de protección. Si un niño siente que algo lo hace esconderse, bajar la mirada o creer que no vale, es precisamente el momento en el que más necesita hablar con un adulto de confianza.

El rol adulto es determinante. No solo en lo que se dice, sino en la forma en que se escucha. Cuando un niño se atreve a contar algo que le avergüenza, está dando un paso enorme. Necesita calma, contención y un mensaje inequívoco: “Gracias por contarlo. Estoy contigo”. Necesita sentir que su valentía es reconocida, no castigada. Necesita saber que puede hablar incluso cuando le da pena, incluso cuando cree que fue su culpa, incluso cuando no entiende del todo lo que siente.
La vergüenza y la culpa pueden ser utilizadas como herramientas de control, pero también pueden transformarse en señales que permiten pedir ayuda, siempre que alguien adulto acompañe con cuidado y claridad.

Recomendaciones para prevenir que la vergüenza y la culpa sean armas de manipulación contra niños y niñas:

  1. Repita con claridad que nunca es su culpa. Nada de lo que otra persona haga puede convertirse en responsabilidad del niño, sin importar lo que haya dicho el agresor.
  2. Permita hablar incluso si sienten vergüenza. Frases como “puedes contarlo aunque te dé pena” o “hiciste bien en decirlo” funcionan como puentes.
  3. Evite respuestas que aumenten la vergüenza. No pregunte “¿por qué no hablaste antes?” ni “¿cómo dejaste que pasara?”. Estas preguntas cierran puertas.
  4. Acoja la emoción sin juzgar. Si un niño baja la mirada, tiembla o llora, acompañe. No minimice con “no es para tanto” ni exija que se calme para hablar.

Acompañar la vergüenza y la culpa no se trata de evitar que niñas y niños las sientan, sino de enseñarles a reconocer cuándo estas emociones no nacen de ellos, sino de alguien que quiso manipularlos. Hablar, incluso cuando duele, es un acto de valentía que puede detener el abuso y reparar el daño.

La prevención del abuso sexual infantil se construye en relaciones donde niñas y niños saben que pueden hablar sin miedo, donde su voz tiene peso y donde la presencia adulta no juzga, sino que protege. Escuchar con sensibilidad, creer sin reservas y actuar con responsabilidad puede ser la diferencia entre el silencio y la ayuda.

Recuerde, hablar de prevención del abuso sexual infantil es una tarea profundamente valiosa. No solo ayuda a reducir el sufrimiento de niñas y niños en el presente, sino que también aporta a la construcción de un futuro con adultos más libres, seguros y capaces de liderar una sociedad más justa y sana. Lo más importante es actuar: Escuchar, creer, reportar y proteger puede salvar una vida.

En caso de sospechar una situación de presunto abuso sexual infantil, no dude en reportar:
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar: Línea 141, atencionalciudadano@icbf.gov.co
Línea de Emergencias de Colombia: Línea 123
Secretaría Distrital de Salud de Bogotá: Línea 106

Le invitamos a ver este capítulo de Un Río de Preguntas, en el que abordamos el tema:

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