Est producción se destaca por el humor y las ocurrencias de los entrañables – y no tan entrañables – vecinos que habitan en el edificio Salsipuedes.
Y es que este edificio, que nos transporta a la Bogotá de los años 2000 y está lleno de contrastes, pues esta producción reúne a un grupo de vecinos tan distintos como entrañables, cuyas diferencias sociales, económicas y personales dan pie a situaciones descabelladas, malentendidos inolvidables y discusiones vecinales, con las que más de uno se identifica y que siempre terminan sacando más de una risa.
Los años 2000 en Bogotá: convivir en una ciudad que estaba cambiando
A comienzos de los años 2000, Bogotá vivía una transformación profunda. La ciudad empezaba a dejar atrás una década marcada por el miedo y la desconfianza, y entraba en un periodo de reorganización urbana, convivencia forzada y redescubrimiento del espacio común. Surgían nuevas formas de habitar la ciudad: conjuntos residenciales, edificios compartidos, barrios que mezclaban generaciones, oficios, acentos y maneras de vivir.
Era una Bogotá donde vivir juntos no siempre era sencillo. Los vecinos se conocían —a veces demasiado—, los conflictos se resolvían cara a cara y la vida cotidiana se colaba sin filtros por las paredes del apartamento contiguo. La portería, las escaleras, los patios y las terrazas eran escenarios de encuentro, discusión y solidaridad, reflejando una ciudad que aprendía a convivir en medio de la diferencia.
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En esos años también cambiaban los códigos culturales: la televisión abierta seguía siendo un ritual colectivo, el humor se convertía en una forma de leer la realidad y las historias urbanas ganaban protagonismo frente a los grandes relatos épicos. La risa, muchas veces incómoda, servía para hablar de temas profundos: la soledad en la ciudad, las tensiones de clase, las relaciones familiares y la dificultad —muy bogotana— de ponerse de acuerdo.
Revisitar hoy una serie ambientada en la convivencia diaria no es solo un ejercicio de nostalgia. Es una forma de mirar cómo éramos cuando Bogotá se estaba reinventando y cómo muchas de esas preguntas siguen vigentes: ¿cómo convivimos?, ¿qué tanto conocemos al otro?, ¿qué significa compartir un mismo espacio en una ciudad tan diversa? Los años 2000 dejaron una huella clara en la manera de habitar la capital, y esas historias siguen dialogando con la Bogotá de hoy.

Conoce a los vecinos del Edificio Salsipuedes
Wilson Emilio Delgado: Este joven carismático, ingenuo y no muy brillante es el portero del edificio. Sus ocurrencias han sacado de sus cabales a más de uno de los vecinos, pero sin él, el edificio no sería lo mismo. Además de cuidarlo, él es el confidente y mensajero que conecta a todos los inquilinos.
Juan José Preciado y Yaneth de Preciado: Este matrimonio es la pareja dispareja perfecta. José es un profesor de colegio, correcto y de buen corazón, además es el administrador del edificio. Y como si esta última tarea no fuera poco, tiene que lidiar con la presión constante de Yaneth, su esposa dominante, que tiene el control del hogar… y del edificio.
Magola Fuentes de García: La casera implacable, dueña de varios apartamentos del edificio, chismosa, entrometida y severa. Magola Vigila la vida de todos los vecinos y, por su actitud, se convierte en una de las principales antagonistas cómicas de la serie, especialmente cuando se trata de cobrar arriendos o juzgar conductas.
Chavita y Finita: Son las hermanas del 201, dos mujeres mayores, inseparables y observadoras, sí, de esas que pasan gran parte del tiempo espiando y comentando la vida ajena, convirtiendo el chisme en su principal entretenimiento.
Mauri y Fer: La pareja del 202 que nos da una mirada diversa sobre las relaciones de pareja. Por un lado, Mauri vive su orientación sexual con libertad y seguridad, mientras Fer teme salir del clóset.
Carolina y Roberto: La pareja dispareja más linda del edificio. Carolina es dulce y moderna, y Roberto, bohemio, creativo e inmaduro. Ellos representan a la pareja que intenta construir un proyecto de vida en medio del caos del edificio, reflejando las dificultades de la vida en pareja y la convivencia diaria.
Verónica y Luz Amparo: Las inquilinas del 401 son dos jóvenes con personalidades opuestas pero complementarias. Verónica es extrovertida y desinhibida, mientras Luz Amparo es pesimista y desafortunada en el amor. Juntas protagonizan situaciones divertidas relacionadas con la rumba, el trabajo y la supervivencia económica.

