
Foto by Bunkerglo- “Marcha de los antifaces”, Bogotá Agosto 21 de 2011
- Se acepta la corrupción porque siempre ha sido así
- Sociedad debe hacer más manifestaciones contra corrupción
- Contra la corrupción es necesario empoderar a la sociedad civil
- Ciudadanos tienen el poder de decir: ¡no voto por usted!
Por: Natalia Torres @natadelaleche
Si la corrupción es un fenómeno estructural en la mayoría de los países de América Latina, ¿por qué la ciudadanía no ejerce censura social a los corruptos?
Los días en que el expresidente Julio César Turbay Ayala pronunciara aquella famosa sentencia de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”[i], no parecen estar tan lejanos en Colombia ni en la región.
@HashtagIntl Julio Cesar Turbay dijo ” hay que llevar a la corrupcion a sus justas proporciones” , sera que Turbay tenia razon?
— laura aldana (@lmaldanaf) marzo 27, 2015
Mientras en Colombia el sonado caso de delitos vinculados con el magistrado Jorge Pretelt[ii] y la Corte Constitucional es materia de debate solamente en los medios de comunicación y las redes sociales, en México, Venezuela, Brasil, Argentina y Chile la corrupción es un asunto de la ciudadanía que se moviliza y protesta en distintos lugares y calles.
En Brasil millones de personas en decenas de ciudades, marchan y protestan contra la presidenta Dilma Rousseff por el caso de corrupción de Petrobras [iii].
En Chile ciudadanos convocaron a “que se vayan todos” para protestar contra el gobierno de Michelle Bachelet por el escándalo que involucra a su hijo Sebastián Dávalos [iv].
En Venezuela un estudiante se ató a un semáforo que decía: “Venezuela lleva una cruz a cuestas, impunidad, escasez, corrupción” y en todo el país no cesan los señalamientos de corrupción en contra del gobierno de Nicolás Maduro [v].
Además de la imparable protesta ciudadana desde septiembre de 2014 por la desaparición de 43 estudiantes en Iguala (Estado de Guerrero) y los hechos de corrupción asociados a la misma, en México la periodista Carmen Aristegui y su equipo de investigación fueron despedidos de una cadena radial [vi] por atreverse a denunciar hechos de corrupción como el caso de la ‘Casa Blanca’ del presidente Enrique Peña Nieto.
Según Transparency International, en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) global, Colombia ocupe el puesto 17 entre 30 países evaluados en las Américas y el número 37 entre 100 a nivel global.
Frente a este panorama, ¿por qué la corrupción parece como algo normal en nuestros países en los que, ante el fenómeno, no pasa nada? ¿Qué sanciones puede aplicar la ciudadanía?
¿Se volvió la corrupción un crimen transnacional en América Latina? #LatinoCorrupcion @HashtagIntl — Luis Camargo (@camargosky) marzo 27, 2015
@HashtagIntl la corrupción comienza desde casa indudablemente @Lauraggils — Daniel Bustos (@Wolvdan) marzo 27, 2015
@CanalCapital @Lauraggils En Colombia, Los Mas Corruptos,Tienen las Votaciones mas Altas,La Gente vota Con el Estomago.
— Roble#82 (@OctavioLopezSie) marzo 27, 2015
@HashtagIntl la corrupción históricamente es diferente en cada país. Politica y Economia van de la mano. En Colombia la vivimos diariamente. — Gabriela G Riaño (@GabrielaGRiao) marzo 27, 2015
@HashtagIntl @OisteVoss Miren Barranquilla, encuestas favorecen al #SpaceCurrambero Char, que dejo en la calle a 160 familias @Lauraggils
— Roble#82 (@OctavioLopezSie) marzo 27, 2015
Hay corrupción, porque siempre ha sido así Según el Índice de Percepción de Corrupción 2014 de Transparencia Internacional, no ha habido un avance significativo en materia de lucha contra la corrupción en América Latina y aunque se han llevado a cabo algunas reformas necesarias, el 2014 fue un año perdido en el proceso de fortalecer las instituciones.
“En América Latina, casi que todos comparten la corrupción estructural. Hay una aceptación institucional y social. Y eso es muy complicado. La gente lo justifica porque siempre ha sido así”, precisa Marcela Restrepo, directora del área de sector público de Transparencia por Colombia.
Además de una evidente impunidad legal en los casos de corrupción en América Latina, hay también un componente de impunidad social y de conciencia en la misma ciudadanía, asegura el antropólogo e investigador de Corpovisionarios Eduardo Gómez Carrillo.
“Esa percepción de que todo es corrupto, de que si yo no robo, soy bobo, nos construye una idea de la impunidad de conciencia de cada uno y predispone al aparato de control del Estado a no ser efectivo a la hora de capturar a todos los corruptos”.
Es por esta impunidad social y justificación por parte de la ciudadanía que en América Latina “pocas veces ocurre una manifestación anticorrupción”, comenta Claire Launay, historiadora y responsable del programa latinoamericano del Instituto Francés para la Gobernanza (IRG).
“Tal vez la gente está fatigada de ver tantos escándalos de corrupción y hay una crisis de confianza ante sus instituciones, sus actores políticos”, señala Launay, refiriéndose en particular a las protestas en Chile. Y el paradigma de que la región de América Latina era la más pobre [vii], con el cual los gobernantes podían justificarse para no hacer las inversiones que requerían sus países ya no convence a los ciudadanos. “El argumento de la escasez ya no justifica los malos gobiernos –sostiene Marcela Restrepo–. Hoy en día la gente dice: mi gobierno no me da agua potable porque se estaba perdiendo el dinero, no porque “pobrecito, no tiene plata”.
Para la socióloga Marcela Restrepo, la diferencia que existe es que Chile “ha desarrollado un sistema institucional que reacciona a los hechos de corrupción. Y reacciona inmediatamente. Miren lo que acaba de pasar con Bachelet”.
En contraste, en sociedades como la colombiana “donde el contexto socio-cultural permite que haya justificaciones que validan la corrupción, los funcionarios no ven que eso sea algo implícitamente malo, porque todo el mundo lo hace” [viii], afirma Gómez. Proteger al denunciante de corrupción Cambiar esa especie de adormecimiento de una sociedad acostumbrada a la corrupción no es suficiente con que haya leyes anticorrupción e instituciones fuertes.
Es necesario el empoderamiento de la sociedad civil en torno a su corresponsabilidad en el cuidado de lo público y en eso se ha basado el trabajo de organizaciones como Corpovisionarios, sostiene Eduardo Gómez.
“Si esperamos a que sea la Policía, la Procuraduría o la Contraloría los que van a detener la corrupción y yo como ciudadano no pongo de mi parte, no soy corresponsable con acabar la corrupción, vamos a generar un problema más grave del que ya tenemos”. En Colombia, desde la creación del Estatuto Anticorrupción, existen diversos mecanismos que permiten a los ciudadanos hacer seguimiento a la ejecución de los recursos públicos, precisa Marcela Restrepo.
“Cualquier ciudadano colombiano puede ser veedor, con su cédula”[ix].
Sin embargo lo que hace falta por consolidar, coinciden los analistas, es la protección al denunciante, tanto externos como los funcionarios que trabajan dentro de las entidades. “Culturalmente hemos construido la idea que el que denuncia es un ‘sapo’ y nadie quiere ser un ‘sapo’. Aquí la figura del ‘sapo’ no se protege. Así yo quisiera salir a denunciar, la posibilidad social de denuncia está condenada desde el principio. Como que todo el mundo me va a señalar”, opina Eduardo Gómez. Y la protección de los denunciantes no puede ser el mismo esquema que el de otras personas amenazadas, como los defensores de derechos humanos.
“Un sistema de protección a una mujer víctima del conflicto armado no puede ser el mismo que para un denunciante de corrupción. Ojo con los contextos, porque no está garantizada su protección”, advierte Restrepo.
Un esfuerzo por promover la denuncia ciudadana y derrotar la ley del silencio impulsó Antanas Mockus durante su segundo período en la Alcaldía de Bogotá, campaña que en su momento el dirigente denominó ‘croactividad’. “Como dice Antanas Mockus, hay que saber que lo público es sagrado y que cada uno de nosotros es corresponsable con que siga siendo sagrado”, advierte Eduardo Gómez. Entre los principales denunciantes de corrupción en nuestros países siempre están los periodistas, en ocasiones respaldados por sus medios, o como en el caso de Carmen Aristegui en México, censurados por sus investigaciones[x]. Cabe resaltar que según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Brasil, Paraguay y México son los países de América Latina más peligrosos para ejercer el periodismo[xi].
@HashtagIntl Precisamente por denunciar la corrupción, periodistas en Brasil, México y Colombia son los más asesinados #LatinoCorrupción — Natalia Torres (@natadelaleche) marzo 27, 2015
“Ese que denunció es el malo de la película y no el que robó, el que se quedó con los recursos públicos”, opina Gómez.
¿Qué puede hacer uno?
Mientras la justicia y los organismos de control se encargan de sancionar legalmente a los corruptos, los ciudadanos son corresponsables en no permitir la impunidad social de quienes se roban los recursos públicos.
Recientemente, el líder y cantante de la banda de rock Maná, Fernando Olvera, en un concierto en el Teatro Apolo de Nueva York se refirió a este flagelo.
“Nos estamos ahogando en la corrupción en América Latina, nos causa mucha tristeza… Sobre todo, lo que está sucediendo en Venezuela… Normalmente, no queremos ser tan políticos, pero a veces es inevitable”, expresó el vocalista de Maná. [xii]
Además de las veedurías que recomienda Marcela Restrepo, hay otras formas de manifestar el rechazo ante un político o funcionario señalado de corrupción.
“¿Qué pasa si llega un político corrupto a un restaurante donde estamos cenando y nos saluda, viene a darnos la mano? Seguramente no lo tendríamos que saludar”, dice la socióloga.

Foto tomada de: JetSet.com. 17 de diciembre 2014
Esa censura social tendría que llegar más al fondo, hasta los círculos sociales de la persona cuestionada.
“Se pierde efectividad legal cuando no existe la posibilidad de sanción social, si su círculo social va a seguir aceptándolo, saludándolo en los cocteles y en todas partes”, subraya Eduardo Gómez.
Fortalecer la educación es fundamental para que las sociedades sean más conscientes de la protección de lo público, afirma el investigador de Corpovisionarios.
“Tener sociedades más preparadas académicamente sí permite que la gente entienda cuáles son los mecanismos de control y los pueda hacer efectivos”.
Pero sin duda el escenario donde los ciudadanos tienen mayor poder para reafirmar esa censura social contra la corrupción es cuando van a votar. “Los ciudadanos afortunadamente tenemos ese poder de decir: si usted está haciendo algo antiético o ilegal, así no se lo hayan demostrado, yo lo censuro. No voto por usted”, puntualiza Restrepo.
Este es uno de los mensajes que la internacionalista Laura Gil envió a la audiencia de Hashtag Internacional: “ahora que se acercan las elecciones regionales en Colombia: “miren muy bien por quién votan”.
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Lea más información documental del artículo en:
[i] Lo que va de Turbay Ayala a Uribe Vélez. Armando Neira. La Silla Vacía.
[ii] Hay que invitar a que todos los magistrados renuncien: Ramiro Bejarano. Blogs Capital
[iii] Las claves del ‘caso Petrobras’. El País.
[iv] Un negocio Caval. Qué Pasa.
[v] Estudiante venezolano se crucifica en protesta. Diario Las Américas
[vi] Conferencia Prensa Mensaje de Carmen Aristegui 19 Marzo 2015
[vii] Perfil de estratos sociales en América Latina: pobres, vulnerables y clases medias. PNUD
[viii] Corrupción, ‘inherente’ al ser humano: Miguel Nule. El Tiempo. 8 marzo 2011
[ix] Red Institucional de apoyo a las veedurías ciudadanas. Preguntas frecuentes. Contraloría General de la República
[x] Aristegui en exclusiva a RT: “Peña Nieto debe darle a la sociedad explicaciones y no golpes”. RT
[xii] Maná causó revuelo tras dedicarle esta canción a la dictadura en Venezuela (Video).
Las opiniones y análisis de las personas citadas en este artículo fueron recogidos del programa “La Corrupción en América Latina”, de Hashtag Internacional de Canal Capital, conducido por la internacionalista Laura Gil, emitido el 26 de marzo de 2015. Curaduría de contenido Blogs Capital.




