Reflexiones (tardías) sobre el Estéreo Picnic 2024

Sam Smith FEP 2024 Capital
natyperiodista19
Música
Mar, 02/04/2024 - 12:07

PARTE I: La diversidad nunca debe ser vista como un peligro

 

La música no sólo ha encontrado los sonidos del futuro a través del tiempo: también ha logrado conquistar espacios de libertad con los que soñábamos desde hace años. 

 

Contaba David Bowie que, en 1977, cuando trabajaba en la trilogía de Berlín, el músico y productor Brian Eno llegó corriendo al estudio para decirle que había escuchado “el sonido del futuro”. La mezcla de un beat hipnótico, producido por uno de los arquitectos de la electrónica, Giorgio Moderer, con la voz soul de Donna Summer, la reina del disco, condensó una visión vanguardista de la música. Una mirada alimentada por el espíritu hedonista de una contracultura erótica, polimorfa, fluctuante y sobrenatural, que se había fraguado en las pistas secretas de Estados Unidos y que hacía ver a Woodstock (1969) como algo conservador. Mientras le mostraba “I feel love” a Bowie, Eno sentenció que se trataba de algo que cambiaría la música de club durante los próximos 15 años. Quizá escatimó tanto en la cifra como en el alcance.

Era viernes 22 de marzo de 2024. En la segunda tarima del Festival Estéreo Picnic, que cumplía su segundo día, se presentaba el artista británico Sam Smith. Sonaba “I feel love”, el cover de Donna Summer. Lo que empezó como un concierto íntimo e introspectivo, con composiciones como “Stay With Me”, “I'm Not the Only One” o “Good Thing” -una canción de su primer álbum, que tocaba por primera vez en un tour y que calificó al mismo tiempo como miserable y como su favorita de ese disco-, se había convertido en auténtica pista de baile.

 

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Luego de tocar “Dancing with a Stranger” (que grabó junto a Normani), “Promises” o “Desire” (que grabó junto Calvin Harris) y “Latch”, Sam Smith abrió con la música, nuevamente, la puerta a un futuro que una y otra vez ha buscado ser presente, tal como se ha imaginado en las pistas del mundo donde se bailó “I feel love”. Tal como se sigue anhelando en varias de las apretadas y sudorosas discotecas de Chapinero. Y fue en ese momento, en el punto álgido de la fiesta, que interpretó “Glory”, una canción que acude a los cantos gregorianos: un repertorio católico, litúrgico, intocable por considerarse divino en su origen, para sacralizar lo profano. Al cerrar con “Unholy”, que traduce “impío”, Sam Smith, vestido con una estética queer, fue el hisopo que bendijo la fiesta, el derroche, el placer, la divergencia.

Sam Smith en el FEP 2024, foto por Canal Capital.
Sam Smith durante su presentación en el Estéreo Picnic 2024. Foto: Luisa Guerrero

 

En Colombia, según la Colombia Diversa, cada 55 horas asesinan a una persona en actos presuntamente relacionados con prejuicios por su orientación sexual, identidad o expresión de género. En 2023, la policía y el ejército aumentaron en un 50% los ataques a la ciudadanía de sexo-género diversos, y cada día se amenazan un promedio de siete personas por asumir un papel de visibilidad y de construcción colectiva siendo abiertamente LGBTIQ+. La conclusión de este centro de investigación en esencia es que no hay condiciones de vida digna para las lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersex y no binarias en el país.

La música viene desde hace años con performances que ponen la igualdad de derechos sobre la mesa. Lo de Sam Smith no es un acto aislado, pero tampoco es parte de un complot que a varios trasnocha. De los 100 artistas más escuchados en Spotify, diez son grupos, 36 son actos femeninos solistas y dos se identifican fuera del género binario (Miley Cyrus de género fluido y Sam Smith como no binario). La diversidad nunca debe ser vista como un peligro.

 

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También el viernes 22 de marzo, en el escenario tres, Arca dio un show que se nutre de la transfiguración, de la diáspora, del deseo, de la fantasía. Alejandra Ghersi -nombre de Arca- llegó al Estéreo Picnic luego de escribir un capítulo especial en su historia musical. Unos días antes se había presentado en su natal Venezuela -hoy reside en España-, en la Concha Acústica de Bello Monte. Allí juntó en un escenario el sonido de Simón Díaz, un cuatro, láminas de zinc, un columpio BDSM, claveles, aves, lencería, tacones y piel, para conquistar así un espacio seguro de aceptación y amor. Precisamente con su visión sobre la sexualidad, sobre ser queer y ser latina, y una propuesta sonora que la ha llevado a trabajar con Björk, Kanye West, Rosalía, Lady Gaga y Sía, el público bailó contra la discriminación, la marginación y contra el odio. 

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Por su lado, Yves Tumor, el escurridizo artista de Tennessee, EEUU, se presentó el domingo 24 de marzo en el escenario dos. Su sonido vivaz y misterioso, alimentado con elementos de soul, de gospel, de rock y de funk, a lo que suma texturas de un ambient oscuro y ráfagas de ruido, fluctúa entre el recogimiento y la euforia. Sean Bowie, nombre detrás de este proyecto -aunque no se sabe siquiera si realmente se llama así-, se ha ido acercando poco a poco al mainstream, pero cuidadoso de dar algún paso que lo clasifique como músico o como persona. Es evasivo en redes, casi no da entrevistas, habla poco sobre su vida, mientras lleva una apariencia andrógina y en constante cambio. Ha dicho que su género, su sexualidad y sus sentimientos sobre la igualdad no son su marca personal. Yves Tumor apuntaló así, en el escenario y paradójicamente, lo etéreo y complejo de las identidades, desvaneciendo la obsesión con el yo. Nos invitó a ser o no ser como nos plazca

 

 

Por: Juan Pablo Conto Jurado
 

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